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“Sé lo que se siente fracasar, pero también cómo escalar y volver a subir”: Ruzto

“Sé lo que se siente fracasar, pero también cómo escalar y volver a subir”: Ruzto

Foto de Daniel Sierra

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Tras un viaje a Nueva York en búsqueda de dinero e inspiración, el rapero y beatmaker bogotano, miembro de Aerophon Crew y del colectivo Indio, lanzó su tercer disco como solista. En esta entrevista Ruzto nos habla sin tapujos de su repetida deserción universitaria, de la escena nacional actual, de la vieja escuela y de los problemas que acarrea la inmigración ilegal.

Santiago Cembrano | @scembrano

Nueva York es la meca, eso lo sabe cualquier rapero. Allí nació el hip hop y de allí provienen algunos de los referentes de la edad dorada del género como Wu-Tang Clan, Nas y Notorious B.I.G. Por eso Ruzto siempre había querido conocer esas calles untadas de boom bap, sentir la atmósfera fría propia del rap de la costa este y entender de dónde había surgido una de las principales fuerzas en su vida. El rapero y beatmaker de Aerophon Crew, quien con 28 años también es miembro del sello Indio, llegó a esa meca para terminar de dar forma a su tercer álbum como solista, Efecto Espectador.

Antes de irse de Colombia, Ruzto ya había empezado el disco, que desde el principio tuvo el mismo nombre. Este concepto de la psicología social, también llamado “difusión de la responsabilidad”, argumenta que, en un momento de crisis, por ejemplo durante un crimen, los testigos no ayudan a la víctima si hay otras personas presentes. Todos esperan que alguien más valiente o capaz le eche una mano a la víctima.

Ruzto cogió este concepto y lo interpretó para dar sentido a lo que estaba viviendo: problemas económicos que nadie iba a solucionar por él lo llevaron a viajar a Estados Unidos para conseguir un trabajo que aliviara su situación económica en Colombia. “Pero también lo apliqué pensando en quién se iba a “poner la 10” para hablar de lo que está pasando hoy en el mundo sin necesidad de entrar en el rap conciencia”, asegura Ruzto.

Una vez llegó a Nueva York el concepto cambió y él se volvió espectador de todas las historias que le contaron.

Además de Efecto Espectador, lanzado el pasado 24 de noviembre, hace unas semanas Indio presentó el compilado Indio Vol. 1, en el que los distintos artistas del sello (N. Hardem, Plboy, Skore, Las Hermanas y Saga) dejan su impronta personal. Ruzto también está trabajando en el sexto álbum de Aerophon Crew, su grupo de cabecera y su vida, que con letras honestas y creíbles ha hecho que muchos bogotanos se identifiquen.

 

¿Cómo fue esa temporada en Estados Unidos?

Yo me fui a trabajar en la temporada de verano de 2017 como cualquier otro mortal. Era mi primera vez allá. Llegué por intermedio de la familia de mi esposa. Empecé trabajando en construcción en Florida. Uno a veces se imagina que va a ser algo como pintor, pero no, uno entra de principiante a cargar cosas. Yo anteriormente había estudiado algo de electricidad… se podría decir que soy electricista, pero nunca había aplicado nada de esa vuelta. Entonces pude ascender por ser electricista. Ahí no me iba a joder tanto.

Después de un tiempo, mi parcero Diego de Nueva York me contactó. Él fue como mi ángel allá y me consiguió trabajo con él de bar-back en un lugar de Queens. Además, me dio quedada en su casa. Siempre había querido conocer Nueva York por la influencia que el hip hop ha tenido en mi vida. Me había ido de Colombia con la idea clara de que tenía que terminar el disco que ya había comenzado a escribir acá en Bogotá…. Pero al llegar a NY fue que pude entender bien cómo iba a ser el álbum en su totalidad.

 

¿Cómo cambió el concepto cuando usted fue el espectador allá?

Pasé a ser el espectador en un círculo de vida neoyorquina. Desde que usted se sube al metro, todos tienen una vida lista y un rol en ese sistema. Yo pasaba a ser uno más y con una historia re cula: yo estaba con gente que de verdad la había guerreado una gonorrea para poder conseguir un trabajo. Yo estuve muy de buenas al llegar allá y que todo estuviera servido en bandeja. Un amigo mexicano de la cocina me contó que se mamó y cruzó la frontera [de ilegal] y lo cogieron. Luego otra vez. Ya era tan piloto cogiendo la ruta que lo contrataron para cruzar gente. Y bueno, al fin él la logró y ahora trabaja en el bar y su familia está en México.

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Foto de Daniel Sierra

 

Entonces yo pensé: ah no, guevón, yo estoy es relajado. Y me volví el espectador de todas esas historias. Al final no podía hacer nada más sino retratarlas en el disco.  Mi paso por Estados Unidos fue fundamental e influyó totalmente en el disco. También intenté ponerme en el lugar de los inmigrantes. Yo no creo que yo fuera un inmigrante, fui un visitante, trabajé unos meses y me devolví, pero sí conocí las historias de ellos y eso me inspiró a escribir varias historias del disco. Casi no hay historias mías.

 

Pero también es un álbum bien personal…

Bueno, sí hay historias mías… Eso quizás también hace que el disco no sea tan fácil de digerir al principio, porque era algo que yo iba contando como puro desahogo. Eso es un pro, es sincero, pero también es una contra porque puede que al final la gente no se conecte con muchas cosas del álbum. Al final sentí que el título del trabajo era apropiado aunque el concepto había cambiado mucho, porque el efecto espectador comenzó a volverse circular dentro de todo el álbum y en lo que estaba sucediendo en mi vida a diario.

Por ejemplo, ‘Historia de tren’, la escribí en el metro. Cuando estaba grabando ‘Todo es yo’, en colaboración con King Capo, tenía que viajar desde Queens hasta Brooklyn para verme con él. Y siempre me subía al metro con la idea de escribir algo. Y eso es como una terapia. Yo lo hice porque quería tener mi propia canción de historias de tren. Y ahí cuento lo que me pasa y lo que estoy viendo. Me volví el espectador: no podía ayudar a los que veía. Así funciona. Conté lo que veía y también lo mío.

 

¿Qué lo motivó a ir a trabajar a Estados Unidos?

Yo vivo en el rebusque. Sacando ropa para vender en mi tienda (Kick Botón) y también intento sacar shows. Pero este año ha sido muy duro para todos los que trabajamos en temas de comercio. Y yo tengo responsabilidades en mi hogar. Entonces las deudas, la falta de trabajo y de movimiento en la tienda y los pocos shows me llevaron a tomar la decisión de irme para allá. Ha sido un año bien constructivo pero uno en el que no me ha tocado fácil. Pero entendí que hay gente a la que le toca peor.

Esa fue mi motivación allá, saber que al menos pude llegar en avión. Y también pensar que allá la gente no puede volver a sus casas tan fácilmente, que lo harán caminando. Igual la levantada que me pegaron en la inmigración de Miami no fue normal. “Usted tiene familia allá, esposa y dos hijas, ¿y dice que se viene de vacaciones a Miami? Qué cuento tan marica”. Yo iba con mis equipos, mi computador y mi interfaz, y el man me dijo “¿usted por qué trae todo eso?” Y yo le dije dizque iba a buscar la inspiración. Y al final sí. Menos mal que llevé los equipos, porque terminé haciendo el disco allá, el disco más largo que he hecho.

 

¿Y cómo siente que se reflejó esa situación en las letras?

Yo siempre he entendido mis discos como muros de mis propios lamentos. Yo con mi música busco sanarme, sacar lo que me está pasando. Estaba teniendo problemas en Bogotá, con familiares y con parceros, pero lo canalicé también intentando que el disco no fuera tan personal y que la gente se pudiera conectar con lo que estaba pasando. En partes del disco no lo logré, en absoluto. Pero esa era la idea, al principio.

‘Aprendiz’ muestra, por ejemplo, esa lucha por buscar trabajo, que es una historia muy mía. Es una lucha en la que no fui aceptado por no tener un título profesional. Y ahí salió esto:

«Mi hoja de vida es experiencias sin títulos. Mi desempleo es angustia de intereses. Embellecer mis virtudes, y si mereces todo lo que tienes, no pienses dos veces y sonríe. Domina el arte de perder la paciencia. Incluso estando al borde, donde toque encontrarás la cena. Ser la sorpresa de la ruina. Bienaventurado el que no pierde el temor del que está arriba. Abdicar es la opción tentativa ¿Qué opinas? Cuando el coraje no amedrenta el clima ¿Qué miras? Corrí valiente a la denuncia del día, no finjas. Somos borregos de la misma mentira, sonría. Todos son reyes en la tierra de nadie, camina. Si me preguntas por mis sueños llenan mi cocina. Respeto a aquellos que buscan la vida con una corbata prestada, esperando que hoy sea el día».

Y es eso. Eso sentimos los que estamos haciendo arte a diario, que aprendimos de modo empírico y no pudimos ir a la universidad, o terminarla, en mi caso.

 

¿Qué estudió usted en la universidad?

Yo estudié muchas cosas, pero no pude acabar. Cuando salí del colegio me iban a llevar a prestar servicio. Yo me gradué hace 10 años. Y Aerophon Crew lleva 10 años, porque empezó en el colegio. Frank y yo estudiamos en un colegio distrital que se llama Robert Kennedy, que queda en la Avenida Boyacá con 64. Y bueno, por no meterme a servicio me metí a la primera cosa que vi que fue Comunicación Social en la Minuto de Dios. Ahí hice cuatro semestres y con Icetex, que ha sido uno de los peores errores que he cometido. Y en el cuarto semestre no tenía con qué pagar, y si estudiaba no tenía tiempo pa’ trabajar, y si trabajaba no le ponía empeño al estudio. Y no me daban trabajo igual por no tener experiencia. Y comencé a vender buñuelos en la calle, a 50 pesos, y con eso me la rebuscaba, ahí en La Estrada. Luego en el Sena estuve estudiando Mantenimiento de equipos de cómputo, y con eso también trabajé un rato.

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Foto de Daniel Sierra

 

Luego estudié Lengua Castellana en la Distrital, porque tuve un buen Icfes. Y ahí la misma vaina: me venía persiguiendo el Icetex con un cuchillo. Entonces tuve que elegir entre pagar Icetex o estudiar, entonces deserté. El Icetex lo acabé de pagar hace como dos años, con mi trabajo. También estuve trabajando en la planta de un tío, de mantenimiento de plantas eléctricas, y ahí hice un curso técnico para aprender. Y mi último intento por estudiar fue Producción musical. Eso es lo que siempre había querido, y donde la hubiera escogido desde el principio, las cosas hubieran sido muy diferentes. Y pagué el primer semestre de taco, estuve a punto de ganarme la beca y no me la gané. Y no tenía para pagar el siguiente semestre y me salí. Tengo una frustración con el tema del estudio, porque no he podido terminar ninguna mierda y eso me ha jodido. Pero algún día estudio porque estudio.

 

Hay una parte de ‘Piloto’ en la que Lianna pregunta si sabemos qué se siente fracasar… ¿Usted lo sabe?

Yo sé lo que se siente fracasar, lo he sentido en muchos caminos de mi vida. Pero también sé que de eso he aprendido cómo escalar, y cómo volver a subir. O eso creo. Todavía tengo muchas cosas por vivir. Ese coro de ‘Piloto’ yo ya lo había hecho. Pero no me gustaba, la canción estaba enredada y el coro no me salía bien. Y un parcero me sugirió que le metiera una voz femenina, y yo de una pensé en Lianna. Ella es la queen del R&B colombiano. Y un día la llamé y le dije que si me podía ayudar con un coro. Y ella se iba para Medellín al otro día, entonces esa misma noche tenía que ir a su casa. Me fui con todos los equipos y grabamos en la sala de ella. Y esa misma noche llegué a la casa y la mezclé, porque a los dos días tenía que mandar todo para el máster. Eso fue hace poquito, ya después de volver de Estados Unidos, cuando estaba puliendo todo el disco. Y ‘Piloto’ pasó de ser la canción más floja del disco a ser una de las mejores, y es todo por el coro de Lianna.

 

¿Quién más estuvo involucrado en el disco?

A mí nunca me ha gustado pedir favores. En Nueva York podía estar muy perdido y, no sé si era orgullo o pena, pero encontraba la forma de hacerlo yo solo, aunque me demorara mucho. Igual con este disco: la mezcla, la producción… grababa solo, el arte lo hacía solo, todo yo. Y en un punto Saga Uno, de Indio, me dijo “parce, déjese ayudar”.

Y entonces salieron manos que me ayudaron a sacar el álbum mucho mejor de lo que hubiera quedado si me hubiera quedado encerrado. Entonces para sacar Efecto Espectador, en el que expreso que nadie me va a ayudar y me toca hacerlo a mí solo, me terminaron ayudando varias personas.

O sea que haciendo Efecto Espectador se rompió un poco el efecto espectador… A mí siempre me pasa eso con el título de los álbumes. Con los discos de Aerophon, siempre con Frank pensamos en ponerle un nombre que no sea tan denso. Las palabras tienen mucho poder. Hemos buscado que el nombre sea profético para nuestras vidas, lo que uno dice termina volviéndose realidad. Y sí, acá al quejarme del efecto espectador lo terminé rompiendo un poquito. Lianna me ayudó con ese coro salvador, Saga rehízo el arte del álbum; él ha hecho el arte de mis tres álbumes como solista. Justo antes de irme de Nueva York, un cliente que se llamaba Geo Zapata me empezó a hablar de fotografía, y me mostró una serie de sus fotos que se llamaba Subway Life. Y yo le pedí que me dejara usarlas para el arte del disco, y Geo me dijo que claro, que para él sería un orgullo. Entonces todas las fotos que he publicado son suyas. Otra ayuda importantísima, la más, fue cuando terminé el disco y no tenía plata para masterizarlo. Indio, mi sello, pagó todo. Santiago Alma, de Indio, que está en Londres, masterizó todo el álbum. Todo fue inesperado.

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Subwaylife. Fotos de Geo Zapata

 

¿Cómo se siente ahora como miembro de Indio, que es un colectivo?

Indio ha tenido un crecimiento brutal. Unió más el parche que ya estaba. Al organizarnos hemos podido darle mucha más fuerza a todo esto, apoyarnos entre todos. Gracias a Indio este disco fue mucho más profesional. Si lo hubiera hecho solo, hubiera quedado más amateur. Hasta el video de ‘Historia de tren’ lo hice todo yo y llegué a la casa y lo edité, y si hubiera sido por mí lo hubiera sacado así. Pero Plboy, de Indio, me dio una mano importante. Quedó mucho mejor. Indio ha representado ese cambio en mí, que me estoy dejando ayudar, y le ha dado un gran nivel a todo lo que estoy haciendo. Quizás el efecto espectador que sentía antes también era un poco por mi terquedad. Pero igual sigue pasando y va a seguir pasando.

¿Cómo fue el proceso de creación de los beats?

Cuando hago un álbum, primero escribo la letra y luego le hago el beat. En mi cabeza voy teniendo un ritmo imaginario. Y por eso puedo escribir en el metro sin un beat que ya exista. Y con las ideas que tengo, voy buscando samples y cortes. Y así se va formando todo. Estos beats de Efecto Espectador son bien oscuros. Son bien básicos, también. De pronto para otras producciones es distinto, pero para mis proyectos personales soy más minimalista: busco que los samples no sean tan recortados, que todo sea muy simple. Tengo el ritmo, el sample, el bajo, la caja y queda. Me gusta que sean así, porque siento que menos es más.

 

Se nota una influencia latina fuerte en el sonido del disco…

Para este álbum sampleé harta música latina. Y para mí las recreaciones de canciones como ‘Plástico’, de Rubén Blades, también son samples, pero cantados por mí. En ‘Trueque de Paz’ también canto un poquito de un bolero, ‘Bésame’. Esto viene de una idea que he venido desarrollando: darle importancia al sonido con el que crecí. Yo también he sampleado jazz y soul, pero es hora de samplear lo de aquí. Yo no crecí escuchando soul, crecí escuchando boleros. Entonces no me las voy a dar de que yo hago soul, para qué. Siento que tengo una responsabilidad, porque en la música colombiana y latina hay mucho por buscar y por samplear. Ya es suficiente con que nuestro rap, y el mío en particular, esté muy influenciado por el rap gringo, como para que ahora el sonido también sea parecido al de ellos.

 

¿Cómo va todo con Aerophon?

Estamos preparando un disco para el otro año. Aunque yo esté con Indio ahora, Aerophon sigue siendo mi vida. Vienen grandes cosas. El disco está quedando una chimba, muy distinto a lo que hacemos como solistas y quizás a lo que hemos hecho como grupo. Estamos contando con productores como Benny B.

 

Un disco de rap colombiano que haya escuchado mucho este año.

No he escuchado casi. No suelo escuchar rap en español cuando estoy en un proceso creativo, para no imitar lo que estoy escuchando. Cuando yo era más pelado escuchaba mucho rap de España: Juaninacka, SFDK, La Gota que Colma. Y cuando me sentaba a escribir, sentía que rapeaba como ellos. Entonces no encontraba mi identidad. Y con el rap gringo, como no lo entiendo tanto, no llega a pegárseme tanto. Pero me gustó mucho el disco de Stailmic, por su proceso de creación. El man hizo ese álbum solo. Me recuerda mucho a mí, aunque cuando yo tenía esa edad no tenía el nivel que él tiene. Es una gran promesa para el rap de Bogotá. Todavía está en proceso, pero valoro mucho su trabajo.

 

¿Cómo siente la escena nacional ahorita? ¿Qué le llama la atención?

El panorama del rap nacional está una chimba. La gente se está esforzando por sacar mejor contenido. Están llegando caras nuevas a la escena como Stailmic y Da Steez Brothaz, acá en Bogotá. En Cali hay un parcero que se llama El Siete que está haciendo buenas cosas. En Medallo están Moebiuz y AlcolirikoZ haciendo cosas de muy buena calidad. Entonces la gente le está apostando a la música, y lo está haciendo con mucho profesionalismo.

(Lea también Moebiuz: en la casa del hip hop no hay jefes)

El panorama nacional me gusta, solo me inquieta una cosa. Me parece que se debe respetar el proceso, no saltarse pasos. La facilidad de internet puede generar que un artista se vuelva famoso de un día para otro. Pero para que ese crecimiento sea sostenible, me parece importante asegurarse de que las bases sean fuertes. Pero igual internet ha sido una gran ayuda, que ha permitido que nuestra música se difunda más. Son como dos caras de la moneda.

 

¿Y cómo ha sentido el cambio generacional frente al rap de hace 10 o 15 años en Colombia?

Aunque a uno puede que no le gusten algunas cosas de cómo se hace la música hoy, uno no puede escudarse en eso para llevar 20 años sin hacer música, como les pasa a algunos de la vieja escuela bogotana. Lo decimos en una canción de Aerophon: “Como pretendes presumir sobre tus años, sigue durmiendo, detrás de ti vienen novatos”. O sea, hay gente que hacía rap hace 20 años y desde entonces no han sacado música, y reclaman un crédito por lo que está pasando hoy. Como diciendo que por lo que hicieron hace 20 años está pasando lo de hoy en el rap colombiano. Y para mí eso no ha sucedido así. Yo no consumo marihuana, no soy de la calle, no he vivido con grandes riesgos, entonces el rap noventero bogotano no me representaba.

Respeto absolutamente a artistas como Benny Bajo, Audio Lírica, Flako Flow y Melanina, JHT, Clan Hueso Duro, Alfa Gama. Me influenciaron y me dieron identidad, aunque a algunos no los conocí. Pero no me parece del todo correcto decir que por ser vieja escuela ellos fueron los arquitectos de lo que pasa hoy. Muchos de los pioneros fueron arquitectos de su propio edificio, pero nunca nos dejaron entrar en él. Hablo desde mi experiencia personal: yo crecí en una escena huérfana. Cuando éramos novatos fueron muy pocos los que nos ayudaron, y ahora hay gente que se quiere llevar el crédito del crecimiento de la escena. Si ha crecido es por el esfuerzo de gente. Creo que son pocos los que recibieron una ayuda directa de algún parche vieja escuela de Bogotá. En lo personal, mi banda en esos tiempos no recibió ayuda de la vieja escuela de Bogotá, salvo Benny B, quien siempre nos ha tendido la mano en nuestros proyectos. Por eso hoy yo intento construir para la gente que viene, y ayudarlos en lo que pueda. Lo hago de corazón, para que en el camino no sea tan difícil coger impulso.

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