EL PARO NO PARA

Peor es posible
Por Darío Rodríguez
@chkinbote

“Escribe el verso de este tiempo, amigo mío, para que seas un poco el humo que anuncia en lo distante”. Luis Rogelio Nogueras


Despejaron carreteras y autopistas en los territorios más afectados por el Paro Nacional Agrario. Localidades como Tunja, Duitama y Sogamoso ya no se encuentran desabastecidas ni sitiadas, a merced de los vándalos que rompen vidrios y saquean locales comerciales o de los otros vándalos, patrocinados y pagados por el estado, algunos miembros infames de la policía o del insolente escuadrón antidisturbios (ESMAD) quienes parecen ver en cualquier ciudadano que va por la calle durante manifestaciones o movilizaciones a un enemigo de la civilidad, terrorista, guerrillero, delincuente común, y le parten la cara, lo descoyuntan o amenazan con tal de hacerse sentir, demostrando de paso cómo mandan (a las patadas) y quién los manda (un inepto Presidente de la República, unos obedientes, tranquilos comandantes representados en el humorístico, desinformador Rodolfo Palomino).

Las marchas acompañadas por músicas de ollas, cucharas y cacerolas que distinguieron a la protesta en el centro del país, llegando a convocar cientos de miles de personas, con alguna dificultad van a repetirse, cuando menos en estos días que han sucedido al desbloqueo de las vías. Ciertas gentes que marcharon regresan a sus oficios cotidianos, a sus preocupaciones domésticas, pensando inclusive que el paro ya terminó.

Sin embargo, el paro nacional de los agricultores no ha terminado. Continúa, de hecho, entrando en sus fases más decisivas, las de negociación con un gobierno intransigente que ha estado entregando este país a un puñado de empresas transnacionales, que judicializa a aquellos campesinos con semillas sin aprobación de los Estados Unidos, que no renegociará los tratados de libre comercio porque no le interesa ni desea desairar a sus amos norteamericanos y europeos, quienes parecen estarse adueñando hasta de nuestro aire.

Independientemente de los acuerdos finales en esta negociación, resulta clarísimo que el apoyo popular a los campesinos colombianos, sobre todo por parte de los habitantes de ciudades, debe superar el ponerse exóticas ruanas e insultar entre la multitud a Juan Manuel Santos, personaje al cual, dicho sea de paso, lo único que le interesa en este momento es seguir en el poder, recostado sobre esta nación, por completo indiferente al porvenir de sus habitantes. El respaldo a los campesinos se tiene que demostrar con una negativa enfática a consumir y comprar productos alimenticios importados; con una decidida actitud para cuestionar las informaciones sesgadas de grandes canales noticiosos como Caracol o RCN; rechazando cualquier propuesta procedente de partidos políticos cercanos a los creadores de la crisis agrícola: La U, los Liberales, los Conservadores y demás expresiones cercanas al gobierno Santos, así como la supuesta oposición del señor Uribe Vélez y su Centro Democrático, pues han demostrado convicción solo hacia sus propios estómagos y negocios. Nos urge un cambio de hábitos vitales, educativos y de acción colectiva.

Algunas lecciones de los últimos días deben ser meditadas con mucha cautela: la indiferencia de determinadas poblaciones bogotanas hacia los problemas de las provincias, el uso institucional de la fuerza con el fin de darle soluciones rápidas y bestiales a la insatisfacción generalizada, la escasa cohesión que se logra agitando a las muchedumbres quienes terminan apoyando cualquier causa de manera emocional, sin conciencia plena del o los conflictos, además durante poco tiempo.

Los asuntos son gravísimos, las conquistas aún muy leves. No podemos perder de vista que la cuestión agraria nos incumbe, es prioritaria. La resistencia de los agricultores y nuestro apoyo a esta lucha hasta ahora comienzan.

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