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Handpoked: como volver a los orígenes del tatuaje

Handpoked

Fotos de Cristiam Cubillos.

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Ejecutada punto a punto y sin máquina, esta es una manera de hacer tatuajes fuertemente influenciada por los orígenes ancestrales, indígenas y orientales. Le presentamos el trabajo de tres exponentes nacionales del handpoked

Mario Rodríguez H. / @quevivalaM

Lo que se habla y se sabe en Bogotá de los tatuajes hechos sin máquina es poco, sin embargo es una técnica en auge en el país. Handpoked —a veces sin la “d” final o escrito también por separado: hand poke— es el nombre con el que se le conoce a una manera de hacer tatuajes fuertemente influenciada por los orígenes ancestrales, indígenas y orientales, de adornar la piel con tinta.

Que son tatuajes más dolorosos o que no quedan tan bien hechos son algunos de los mitos a los que se han tenido que enfrentar Sarita Hernández, Curzi y Sara Agustina, tres exponentes del handpoked en Colombia.

Hace cuatros años, gracias a Juan Echeverri y algunos otros, la técnica empezó a visibilizarse en el país; la práctica no solo se popularizó en los escenarios propios del tattoo, sino también, por su facilidad, se abrió su propio espacio en la calle, junto a las tribus urbanas, y hasta en las cárceles.

 

Sarita Hernández

“Hace más o menos año y medio conocí el handpoked, por internet, y hace cuatro meses decidí empezar a tatuar a mano”, dice Sara, una pereirana nacida en 1992 que casi 25 años después, junto con su compañero “Huevo”, montó Kewpie Tattoo Parlour, un salón de tatuajes en el norte de Bogotá donde hace trabajos desde 130 mil pesos. 

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Sara se hizo su primer tatuaje a los 13; hoy tiene los brazos tatuados, el pelo azul y una perforación en la nariz. “Conocí un artista que llegó de Estados Unidos y trabajaba la técnica. Me pareció muy bonita y empecé a buscar por internet y me di cuenta de que era incluso más sencillo que tatuar con máquina: que era como volver a los orígenes del tatuaje”.

Sara estudió Diseño Gráfico y en estos cuatro meses que lleva tatuando a mano ha dibujado faros, rodillos, ovnis, cuchillos y máquinas de coser. También ha experimentado con el color (hizo un Bart Simpson, conos de helado, donas y cupcakes), algo que no es muy usual en el handpoked.

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“Duele menos que un tatuaje con máquina —explica—. Son como pellizquitos”. Efectivamente, al atravesar mi piel, las perforaciones de las dos agujas envueltas en paletas de madera me dolían como si se tratara de pellizcos, menos doloroso que las once agujas que una máquina de tatuajes puede llegar a introducir cada medio segundo en la piel para lograr el relleno.

Sarita me tatuó en la pierna un ovni del tamaño de una moneda de 200 y tardó, más o menos, una hora y media en el proceso. “Como del handpoke no hay mucho qué decir, es mejor que sepas cómo se siente”.

 

Curzi

Mejor conocido como Curzi, el ilustrador barranquillero Frank Palacio estaba interesado en tatuar pero no tenía la plata suficiente para comprarse una buena máquina. Buscó en internet y pilló el trabajo de artistas internacionales, como los que se hacen en el estudio Black Mast Tattoo. También se fijó en el trabajo de Crudo.

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Foto cortesía de Curzi

 

 

 

“Vi en el handpoked una salida para el afán de querer tatuar, de hacer algo en la piel. Empezó como un hobbie, pero luego ya empecé a especializarme en la técnica”, dice Curzi.

Empezó rayándose a sí mismo, luego a sus amigos y ahora tatúa para hacer algo de dinero extra. “Para mí es algo muy personal. Me interesé mucho en la técnica por el resultado, por el producto”. 

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Foto cortesía de Curzi

 

 

 

Para Frank lo más importante de estas formas del tatuaje son las ventajas que se tienen frente al dolor y la cicatrización, ya que al ser una técnica menos invasiva, sana más rápido.

 

Sara Agustina

“Si bien se trataba de volver al principio del tatuaje, también tenía un poco de cosa punk, porque cualquiera podía hacerse un tatuaje —dice Sara. Bastaba con tener agujas, tinta china y si acaso internet para ver cualquier tutorial en YouTube. Hoy el handpoked sigue siendo eso: es en esencia como todo el cuento [alrededor] del do it yourself  pero con los procesos adecuados y correspondientes a la actualidad, a la normatividad y a la salud”.

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Sara Agustina es ilustradora pero ahora se dedica a tatuar en su apartamento de Teusaquillo. Empezó con diseños sencillos, sin embargo, luego mejoró su técnica al punto de lograr figuras geométricas con la misma precisión que las máquinas de tatuajes. “Para mí es gratificante el resultado: saber que tienes la habilidad de delinear con la misma precisión de una máquina es increíble”, asegura.

Su primer handpoked se lo hizo a sí misma y fue un corazón en el dedo anular de su mano izquierda, el cual ya ha tenido que retocar dos veces pues en esas partes del cuerpo los pigmentos se pierden.

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“Hace año y medio empecé con el handpoked, dándome cuenta de que era algo muy lindo y muy personal, muy significativo energéticamente para mí. Ahora casi que vivo del tatuaje”.

 

 

 

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