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Las Animalditas: constructoras de paz a través del muralismo

Las Animalditas: constructoras de paz a través del muralismo
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El trabajo de estas cuatro jóvenes artistas fue reconocido por el Centro Nacional de Memoría Histórica como un aporte a la defensa de los derechos humanos en Colombia: sus murales simbolizan la lucha por la protección del medio ambiente y el reconocimiento de las comunidades indígenas y afro, entre otras causas. Conozca la obra de este colectivo bogotano, que solo desde el año pasado se puso el overol y ya da de qué hablar.

Alejandra Carreño Santamaría

Estando en Toribio, en el Cauca, Soma Difusa, Azul Luna, Benenus y Lorraine entendieron que su arte iba más allá de pintar, que debía trascender y llevar un mensaje a la comunidad. A este municipio, epicentro del conflicto armado colombiano, llegaron en septiembre del año pasado para intervenir la Minga del Muralismo como apoyo a los indígenas del pueblo Nasa, gracias a una convocatoria del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). Esa experiencia logró que este parche de ilustradoras, tatuadoras y artistas se cohesionara aún más bajo el nombre de Animalditas, un colectivo bogotano que en sus murales hace alusión a las problemáticas de las comunidades, del territorio, de género y de la fauna. 

 

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Animalditas 

 ‘‘Si uno va a la zonas de conflicto conoce muchas historias, otros tipos de vida y comunidades que operan de manera diferente a como nosotros operamos aquí. Hay que abrir los ojos y mostrar lo que está pasando; uno no puede quedarse callado frente a esas cosas’’, explican. Con esta filosofía de trabajo terminan por ganarse el apoyo de la población a donde van a trabajar, tal y como sucedió en Toribio. “Habían unos andamios pero no teníamos todo disponible y ellos como comunidad se reunieron; buscaron soluciones en vez de ahogarse en un vaso de agua. Trajeron varias guaduas, las cargaron, las cortaron y armaron una estructura para que nosotras nos pudiéramos parar sobre eso a pintar la parte de arriba’’, recuerdan. 

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Cada una de ellas se idenfitica con un animal: mientras que Soma Difusa se ve representada en mosca, Azul Luna se encuentra a sí misma en zorro; a Benenus la trama la rata y a Lorraine el mapache. En sus murales trabajan entre uno y cinco días, y el resultado varía dependiendo de la causa que están defendiendo. Los animales amenazados o en vía de extinción, por ejemplo, son el reflejo del mensaje que quieren enviarle al público. A principios de este año, en la Reserva Bosque Guajira, ubicada en Guasca (Cundinamarca), pintaron un oso andino en la fachada de una casa en el páramo acompañado de copetones, que también se han visto amenazados, no solo en Bogotá sino también en Latinoamérica. Este mural lo hicieron con el fin de concientizar sobre la protección que debe tener este territorio y su fauna. La de la mujer también es una figura recurrente en las obras de Animalditas: Alma corazón de lava es un homenaje que le hicieron a las mujeres afrodescendientes. ‘‘!Para todas las obreras, campesinas, estudiantes, proletarias, indias, negras, guerreras, combativas, rebeldes, amigas, amantes, latinas, para todas!”, dicen sobre este trabajo.

 

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Las experiencias de Animalditas han sido gratificantes, en su mayoría, como la que vivieron en diciembre del año pasado en el Festival del Museo Libre, organizado en el barrio Nueva Colombia, en la localidad de Ciudad Bolívar, en Bogotá. En este lugar contribuyeron dándole vida a una de las fachadas de este barrio en las lomas de la ciudad con una viajera azul en bici. Gracias a este festival, se pretende mostrar las problemáticas que afectan a los habitantes de esta localidad por medio diferentes muestras artísticas. Sin embargo, no todo ha sido satisfactorio para este grupo de artistas bogotanas. La falta de claridad y comunicación durante un proyecto que elaboraban en la Universidad Nacional, en Bogotá, impidió que terminaran un mural alusivo a la paz, en noviembre del año pasado. “El nuevo vicerrector prohibió que la gente pintara en la universidad y quería de nuevo la ‘Ciudad blanca’’, dicen ellas. Estuvieron a un día de terminar el proyecto pero al final terminó siendo calificado como un “mural efímero”. ‘‘Fue cómo si pasaran por encima de nosotras, de nuestro trabajo, de ser estudiantes y egresadas y nadie nos convocó, cómo si no pasara nada’’, explican.

En este momento se encuentran pensando un nuevo mural para desarrollar, y seguramente tendrá que ver con una causa relativa a las poblaciones indígenas, los recursos naturales, los animales, campesinos y las mujeres, los temas que más las motvan a pintar y transmitir. ‘‘Construir memoria también tiene que ver con fortalecer los lazos que ya existen entre la comunidad, fuera de las comunidades que ya están como los indígenas, también dentro de las ciudades y no olvidar cosas que están pasando ’’, dicen. No en vano, en diciembre del año pasado, el CNMH les dio un reconocimiento como defensores de los derechos humanos y constructores de paz.

 

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Si le quedó gustando el trabajo de las Animalditas, no les pierda la pista aquí.

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