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Oz Montanía: el paraguayo que quiere ver el arte urbano de Asunción a la altura del de Bogotá

oz montanía en colombia

Fotos cortesía de Oz Montanía

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Es uno de los grandes impulsores del muralismo en su país, donde apenas se acostumbran a esta expresión artística. A esta ciudad llevó 40 muralistas del continente en el marco del Festival Latidoamericano y ahora visita Bogotá para llenarse de referencias en Hip Hop al Parque. Hablamos con él de su obra y su paso por nuestra capital, en donde anda elaborando un mural de seis pisos.

Andrés J. López / @vicclon

El paraguayo Oscar Montanía, mejor conocido como Oz Montanía, incursionó en la pintura y el grafiti siendo un niño de 14 años, inspirado en cómics sesenteros que consumía su padre como las aventuras de Robin Hood. Después, por su cuenta, se tropezó con los personajes y tramas de DC, Marvel y Spawn, desarrollando un gusto inmediato por la ilustración. A pesar de que su papá la llamara “literatura barata”, él le encontraba atractivo y veía un amplio rango de narrativas en cada cómic, desde violencia hasta introspección, pasando también por las narraciones más ingenuas. Nunca tomó estudios de dibujo pero en los cómics encontró a su maestro, aprendiendo de proporciones y recursos para construir un estilo lleno de colores. Eso sí, no niega que en su época de escuchar duro punk, hardcore y metal se inclinó más por el uso de tres colores, menos vivos: blanco, negro y rojo.

Ahora con una obra bastante colorida, Oz hace sus personajes basados en la cosmovisión de comunidades étnicas paraguayas como los guaraníes, nivaclé, ayoreos o cualquier grupo con tradiciones y pensamientos distintos a los nuestros. Todos ellos los toma y reinterpreta con su estilo basado en el cómic.

Hoy en día, convertido en un artista de 32 años, Oz es uno de los artistas más reconocidos en la escena urbana latinoamericana y su figura la usa para impulsar esta movida en Paraguay, un país en el que el arte urbano todavía da sus primeros pasos. Para lograrlo, el año pasado organizó el festival Latidoamericano, un evento fundado por su colega peruano Entes (lea también El rescate de la identidad latinoamericana en el muralismo de Entes). En esa ocasión, llevó 40 muralistas de toda la región a Asunción, ciudad que hoy está decorada con piezas de artistas como Guache, Min8, Tikay, Dexs, Dj Lu, Celso y Apitatán.

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Mural hecho en Santiago de Chile

 

 

Este mes, en el marco de la vigésimo primera edición de Hip Hop al Parque, el paraguayo regresó a Colombia para pintar y asistir por primera vez al festival. En 2007 vino principalmente a conocer sobre el grafiti y el esténcil en Cartagena y Bogotá, pero a finales de 2015 sí participó en el Festival Revitalización, en el barrio Santa Fé, junto a Guache, Dexs, El Marian, Ledania, Lesivo, Ródez y Nómada, entre otros artistas.

 

Usted empezó con los cómics ¿aún los consume?

Sí, pero ahora busco más cosas de autor, con algún trasfondo real, político e histórico. Hace poco compré Paper girls, de Brian K. Vaughan, porque me gusta su arte, el coloreado, las premisas de la narrativa y la historia. También consumo cómics peruanos sobre la violencia política en los años 80. Pero además de cómic leo sobre historia y pintura. Lo ultimo que leí fue Norse mythology y al mismo tiempo volví a leer American gods, ambos de Neil Gaiman. Después seguí con La Revolución Rusa contada para escépticos —de Juan Eslava Galán— y La pintura en el cómic —de Luis Gasca—. Cuando era chico mis padres tenían una distribuidora de libros, entonces el apego lo tengo desde niño y ahora leo como cuatro o cinco textos al mismo tiempo.

 

Antes, cuando escuchaba música pesada, usaba rojo, negro y blanco en sus piezas. Ahora se va más por el rap, ¿ve que la forma de pintar esté ligada a la música?

Creo que es inevitable esa conexión entre la música y lo que se pinta. Lo he visto mil veces repetido en algunos amigos como El Marian. Si ves sus murales, se conectan con su música preferida: punk, Oi!, hardcore y crust. Es una relación directa y todo pintor de grafiti ha escuchado hip hop en todas sus variantes, inevitablemente. Con los años descubrí excepciones y en festivales y eventos grandes ves grafiteros con su propia vertiente, algunos se van por la electrónica, música tradicional de un país, cumbia, salsa o cosas así. De alguna manera empiezas con una perspectiva ligada a un género musical pero luego empiezas a consumir todo tipo de cosas. No me considero una persona encasillada en un género y la mayoría de conocidos tienen esa apertura, a pesar de que conocemos el grafiti tradicional y sus reglas.

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Mural hecho en Asunción, en homenaje a Agustín Pasmor

 

 

Sus muros los ha usado para atacar la clase política, ¿este tipo de trabajos contestatarios los hace en todos los lugares a donde va o principalmente en Paraguay?

Hice uno así con un amigo en el Centro Cultural Recoleta, en Buenos Aires, en un evento llamado Ciudad Emergente. En esa época (2013), el jefe de gobierno era el actual presidente de Argentina, Mauricio Macri, y la ciudad estaba hecha un caos: hubo explosiones de químicos, desalojos de comunidades damnificadas, inundaciones y cierres de centros culturales. Todas esas cosas las tomamos para hacer un mural, que era una critica abierta al gobierno de la ciudad. Si lo amerita se hace esta critica, pero no es tampoco la base de mi trabajo porque hay muchas formas de encarar la política como grafitero. Algunas veces lo tomé como un deber cívico pero no es una carga el hecho de tomar todas las banderas. En la lucha de amigos activistas aporto lo mío, sea en un centro comunitario LGBT, una marcha por la situación política del país o el golpe parlamentario en Paraguay. Ahí, de alguna manera, me siento llamado a decir algo pero no en todo, porque es agobiante pensar en hacerte cargo de todas las cosas. No toda obra tiene que ser política, también pinto porque es como una especie de válvula de escape.

 

¿Nota entonces que muchos murales carecen de sentido crítico para convertirse en algo más ornamental?

Sí. Pasa en muchos lados y el artista tiene un rol como hijo de su tiempo y contexto, entonces sirve de espejo de ese momento y el hecho de que lo ignore para hacer una obra meramente estética u ornamental le resta un poco de fuerza a esa persona. No digo que valga menos su trabajo, pero en lo personal aprecio más a aquel con la capacidad de interpretar la realidad y convertirse en un cronista de su momento histórico. En Asunción ocurrió y en el golpe parlamentario no salió nadie, solo un pequeño grupo de amigos a manifestarse en los muros, mientras en otros lugares ocurre todo el tiempo. En ese momento quedé un poco decepcionado pero ahora, con más años encima, he descubierto a mucha gente con motivaciones diferentes a las mías: algunos pintan por dinero, fama o reconocimiento, pero todas son validas. No me parece egoísta ver a alguien pintando para él. Cada uno tiene su propia prerrogativa y eso es respetable, pero a mí me gustan más los artistas comprometidos con su tiempo.

 

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Mural hecho junto a Ice y Rolo Ocampos

 

 

Hace unos siete años usted aseguró que era complicado conseguir materiales para hacer grafiti en Paraguay, ¿cómo ha cambiado el panorama del arte urbano desde entonces?

Hace dos años abrí un graffiti shop con un amigo, Power line shop, que ya existía en Buenos Aires y Montevideo. Una de las condiciones para que se dé una escena de arte urbano sana es tener recursos accesibles y por suerte ahora no hay excusa. Antes se contrabandeaban pinturas desde Buenos Aires o Sao Paulo, pero era muy difícil, debías tener mucha garra. Ahora el panorama es otro y hay mucha más gente pintando, se hacen más eventos y es más fácil hacer muros por tu cuenta. Quiero llegar al punto en que no reconozca a todos los grafiteros de mi país. Ahora la escena es chica y prácticamente los conozco a todos, pero quiero ver a Asunción en el mismo punto de Bogotá o Santiago de Chile, ciudades gigantes en donde no se conocen a todos los exponentes. Eso es un sueño porque activa una competitividad que mejora la escena. Cuando somos pocos, la iniciativa no es la misma a la de un movimiento enorme.

 

¿Actualmente, cuáles son los nombres más representativos del arte urbano paraguayo?

Los que pintan en Asunción y normalmente están en los eventos son Lucas We, un argentino nacido en el norte pero prácticamente paraguayo; Rolo Ocampos, quien estuvo en el Latidoamericano de Perú, en 2014; y Eddy Graff y Marcos Cubas, cuyo crew se llama Terribles. Esos son los más representativos ahora, luego vienen los de la escena del graffiti writing, como el crew Cólera, quienes hacen eventos de vez en cuando. Con el tiempo he visto más y mejores artistas.

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Mural hecho en Bogotá, durante el Festival Revitalización

 

 

¿Por qué quiso hacer Latidoamericano en Paraguay?

Por la carencia de experiencias culturales similares en Asunción. Allá no hay una tonelada de murales como los hay en otras ciudades, entonces el primer paso era hacer todos los que pudiéramos de una vez. Hicimos unos 44 o 45 simultáneamente y ese fue un punto de partida, ahora hay una base sobre la cual construir ese acervo de la ciudad. Lo hicimos pero ese fue un sueño de años, para 2016 ya habían pasado tres años y medio desde la primera vez que nos presentamos a una convocatoria. Tocamos muchas puertas, hasta que la dirección del Centro Histórico de la Municipalidad tuvo la visión suficiente para decir que este era un proyecto digno de apoyar.

 

¿Qué otros eventos se hacen en Paraguay?

Hay algunos más chicos, para graffiti writers, como el Jahai Porã y otros dos o tres hechos periódicamente. También se organiza una bienal en la cual hace unos años hubo un encuentro de chicas muralistas pero por la desorganización terminó con un autoboicot por parte de ellas.

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Murales hechos en Wynwood y Sao Paulo, respectivamente

 

 

Háblenos sobre Piel de concreto, la exposición que inauguró la semana pasada, en Bogotá, junto a Ospen, Dexs, Hopare y Caroline Karenne

Lo interesante de esta exposición es que reúne a personas enfocadas en hacer arte figurativo con personas. Es interesante que para nosotros la piel de la ciudad, los edificios sobre los cuales hacemos nuestra obra y canvas, de alguna manera, cobran vida con el color y nuestra técnica. El curador, Juan David Quintero, nos hizo entender que nuestro trabajo se interconecta: toques de abstracción sobre realismo, en el caso de Hopare y Dexs; lo figurativo un poco más sintético, como en mi caso y en el de Ospen; y técnicas totalmente trasversales, como lo hecho por Caroline. Es una súper experiencia porque combino mi trabajo con el de otros pero también los veo trabajar en tiempo real.

(También le puede interesar Los rostros futuristas de Hopare)

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Este año Oz pintó en la Alianza Francesa y la fundación Ayara

 

 

¿Qué tiene preparado para Hip Hop al Parque?

He estado haciendo un mural de seis pisos con Ospen y Dexs. Es un diseño el cual ya habíamos planteado y que hicimos los tres a distancia durante un tiempo. Para estos trabajos se debe ser súper metódico y la gente pasa eso por alto porque los lienzos, por ejemplo, y los murales, tienen dinámicas distintas; en el primero te puedes tomar meses para pintarlo, pero un muro de esta altura lo debes terminar en cuatro días y es lo más normal del mundo. Eso me llama la atención y también lo veo como un desafío, pero conozco el trabajo de Dexs y Ospen y ambos son muy rápidos. En el festival como tal no pintaré nada porque ya todos los espacios están asignados pero estoy ansioso por ir. Colecciono vinilos y en mi tienda los vendo, son parte de lo que me gusta, y aunque no rapeo ni soy dj, tengo la habilidad para apreciar esta música.

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