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Las consecuencias del capitalismo en la multidisciplinaria obra de Alejandro Sánchez Suárez

alejandro sanchez suarez

Imágenes cortesía de Alejandro Sánchez

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Algunas piezas de este creador bogotano de 36 años parten del estudio de las empresas, no del arte. “Ahora las cadenas locales, como D1, Justo y bueno y Tostao, hacen un contrapeso a los inversionistas extranjeros. Esto, seguramente, influirá en mi obra”.

Andrés J, López / @vicclon

Encontrarse con hasta cuatro McDonald’s en una misma cuadra, ser testigo del cierre de varias empresas nacionales y ver cómo el dinero ha transformado nuestra forma de pensar y percibir el mundo, fueron algunos factores que llevaron al bogotano Alejandro Sánchez Suárez a enfocar gran parte de su obra en el señalamiento y cuestionamiento del papel del consumismo desenfrenado en la cotidianidad.

El discurso capitalista de la imagen le vino a la mente luego de ver el trabajo de los franceses Art & Language. “Ellos hacían dripping incluso antes que Jackson Pollock (considerado el padre de este estilo pictórico) —comenta Alejandro—. Cuando veo uno de sus cuadros es inevitable pensar en otra cosa que no sea en Pollock, por el entrenamiento que uno ya tiene. Ahí comencé a cuestionar el papel de los medios y su capacidad para introducirnos en lo que ellos quieren”.

En 2012, mientras cursaba su posgrado en Medios y Tecnologías para la Producción Pictórica, en Buenos Aires, Alejandro siguió observando el rol de la imagen en la cotidianidad. Esta vez su objeto de estudio no fue el arte sino las empresas. “La carne argentina es famosa por su calidad —dice el artista—, pero la gente, aunque es consciente de esto, prefiere consumir los productos de multinacionales como Burger King y McDonald’s. Es algo paradójico”.

Pero, ¿en Bogotá la situación es igual que en la capital gaucha?

De vuelta en Colombia, Alejandro vio que el efecto de las empresas es el mismo, pero inclinado hacia los almacenes de cadena. La gente dejó de comprar en sitios como Febor y Ley para irse a Falabella (Chile) o Sears (Estados Unidos), lo que ocasionó la venta o quiebra de varios supermercados nacionales. Esta invasión extranjera lo llevó a crear Marca, un proyecto en el cual recreó imágenes de comercios (hoy desaparecidos) de la Bogotá de los años cincuenta y sesenta con servilletas de restaurantes multinacionales, intervenidas con salsa de tomate, Coca Cola y envueltas en bolsas resellables.

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A Marca le siguió Territorios comunes, similar al proyecto anterior porque recrea imágenes de la capital colombiana de mediados del siglo XX con servilletas de restaurantes foráneos, pero diferente en la manera como Alejandro evita mostrar empresas y deja de usar salsa de tomate, gaseosa y bolsas, para echar mano a la tartrazina, el colorante usado en la industria alimentaria y responsable de la hiperactividad, insomnio, rinitis y otras enfermedades que sufrimos en la actualidad. Con ambos proyectos, este artista quiso crear “una imagen borrosa de una realidad en alta resolución, porque las multinacionales hicieron que estos negocios dejaran de existir”.

En 2011, Alejandro comenzó a dar los primeros pasos de uno de sus proyectos más ambiciosos: Some economies. Al inicio se fue por la pintura para hacer una analogía entre los barcos de carga, llenos de contenedores, y el mundo, lleno de personas.

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“Estos barcos, como nuestro planeta, tienen un inicio y final y nosotros (los contenedores) estamos ahí. Pero cuando hay un accidente, hay una perdida económica y la mercancía queda a la deriva. Tal vez no estamos tan bien como creemos y ya estamos en ese estado, o a punto de llegar a él”, explica.

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Congelar una imagen no fue suficiente para Some economies, por eso también concibió su idea en otros medios como la pintura abstracta, escultura, instalaciones, videos, animaciones y hasta modificaciones a auténticos diarios chinos —por su fuerte penetración en la economía actual—, todas enfocadas en los accidentes marítimos y en el concepto de la deriva. Por ejemplo, el video habla de una temporalidad distinta, algo que ocurre pero no en ese momento; la animación, en cambio, se va hacia lo intangible. Parte de la diversidad de medios es con la intención de crear una sobresaturación incómoda para el espectador. Alejandro no descarta usar el cine, la moda y hasta el teatro para continuar el proyecto.

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Some economies y Territorios comunes están catalogados como “proyectos en curso”, lo que significa que no están completados y tienen un sendero abierto de forma permanente: “Todo el tiempo estoy en constante investigación con los almacenes locales, veo quién los compra y quién no. Ahora las cadenas locales, como D1, Justo y bueno y Tostao, hacen un contrapeso a los inversionistas extranjeros. Esto, seguramente, influirá en mi obra”, comenta.

Sería sencillo definir el trabajo de Alejandro como un ataque, pero esa no es su intención: él muestra solo lo que está pasando mientras usa las mismas estrategias seductoras del capitalismo. Su objetivo es sacar al espectador del letargo ocasionado por los medios. Él concluye: “Nos hemos convertido en seres dependientes del comercio, producto del capitalismo. Por eso sería contradictorio atacar algo que nos ha hecho lo que somos. No quiero imaginarme ni suponer lo que no existe, veo lo que es”.

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