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¡YO NO SOY ESA!

Rastros de carmín
Por Billy Muñeka
@billymk

¿Alguna vez has sentido que te usan como ratón de laboratorio para la obra de un artista? Créeme, sé que es eso. En especial cuando eres transformista.

Lo he visto varias veces cuando se organizan talleres artísticos en torno al transgénero, y llegas esperanzada en encontrarte y compartir con otras artistas trans, pero en vez de eso te encuentras es con un nutrido grupo de artistas, intelectuales y curiosos que te miran como su futuro experimento. Lo peor de todo, es que cuando comienzas a hablar del tema con ellos resulta que la única referencia que tienen sobre transgénero son las chicas en situación de prostitución que se ubican en el barrio Santafé y el personaje de Endry Cardeño en la telenovela Los Reyes.

Si estás acostumbrada al show y al espectáculo, y de repente se te cruza por delante un teatrero, bailarín o artista plástico con evidentes ganas de experimentar contigo a través del performance, la danza contemporánea o cualquier otra extraña y desconocida técnica escénica, es casi seguro que te sentirás fuera de lugar como preguntándote ¿y yo que carajos hago aquí?

Otro lugar común, es cuando el susodicho artista acaba de ver la famosa ‘Pink Flamingos’ de John Waters, y te propone experimentar contigo poniéndote a hacer performances o improvisaciones donde recrees las escatológicas hazañas de Divine.

Personajes como los arriba descritos no son escasos en la escena cultural bogotana. Y las imágenes de travestis, transformistas y transexuales desde el punto de vista artístico es común también verlas de vez en cuando en diferentes espacios culturales y artísticos. Imágenes desde una perspectiva ajena al mundo trans que tienden a ser agresivas, burlonas y ridículas, y que solo demuestran una evidente ignorancia respecto a quiénes somos y cómo nos vemos a nosotras/os mismas/os ante el mundo. Suposiciones desde la experimentación artística basadas en teorías que no se relacionan para nada con la realidad de quienes vivimos peregrinando entre ambos géneros.

Ha habido ocasiones en las que he llegado a sentirme ofendida como transformista, cuando me encuentro con imágenes nada agradables que pretenden acercarse al transgénero como estética. Acto seguido escucho en su defensa débiles argumentos como “es que está rompiendo el género” mencionando muy superficialmente fenómenos como la Teoría Queer y el Gender Fuck (travestismo macho), solo para justificar de un modo pretenciosamente interesante las ¿experimentaciones? en torno al transgénero. Yo solo veo imágenes efectistas enfundadas en una estética del feísmo que agreden a quienes transitamos en el género.

La visión de los artistas respecto a nosotras y nosotros no coincide con nuestra propia realidad, en ocasiones casi raya en el fetiche y la pornografía, incluso llegando al cliché; sobre todo cuando se inspira en unas pocas manifestaciones transgénero que se hacen bastante visibles en la marcha de la diversidad, y que no representan a la gran mayoría. Esa sensación de no sentirme reflejada en el arte y la cultura que se hace en mi ciudad me lleva a pensar en qué tan incluyente es la sociedad en la que vivo. La respuesta ya la sabemos.

Es por ello, que cuando me miro en el espejo del arte bogotano recurro a las viejas canciones para dejarme poseer de la todopoderosa voz de Mari Trini y entonar orgullosa y altiva: YO NO SOY ESA QUE TU TE IMAGINAS… ESA NIÑA SI NO, ESA NO SOY YO.


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