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VOTOS, MIEDOS Y SUEÑOS FALLIDOS

Por Harvey Murcia

El sufragio no es sinónimo de democracia, así como la democracia no es sinónimo de paz. Lo que se está definiendo en las elecciones presidenciales no es la búsqueda de un Estado en tranquilidad y armonía, que garantice el bienestar. No. Lo que buscan los candidatos es la legitimidad de un sueño fallido.

Comienzan con convertir su vida pública en una enseñanza moral que encarna los dolores de un pueblo abandonado desde siempre. Todos ellos manifiestan haber sido hippies, pobres; dicen haber sido víctimas de una mala educación, del caos de las principales ciudades, de la violencia de nuestra nación…

Los que no se presentan así, defienden la idea de que sus opositores se aproximan ideológicamente a principios comunistas o castro-chavistas, los cuales atentan contra la democracia, ponen al país al servicio de la insurgencia en pro de un beneficio personal. ¿Se imaginan ustedes una Colombia comunista? Algo tan absurdo sólo puede alimentar la mitológica realidad macondiana.

Luego, las propuestas de campaña pasan a un segundo plano, para ceder a las estrategias del espectáculo, basado en un lenguaje violento, melodramático, irritante y, en ocasiones, obediente, que expone el porvenir de un país que no se ha logrado encontrar en su totalidad. Hablan con ligereza y algo de pereza de una Colombia que se reinventa desde las carencias y pobrezas de sus regiones, como si estos temas fueran cuestiones secundarias y sin sentido.

Continúan promoviendo el arquetipo de un “colombiano” pujante y verraco, que no se deja de nada ni de nadie; un patriota que defiende sus miserias y miedos como tesoros que no pueden ser interrumpidos. Y mientras tanto, deshonrosamente hacemos parte de esa repugnante lista de países (quinto puesto) con el mayor número de desplazados a nivel mundial.

Todos los candidatos presidenciales le apuestan a la idea de una educación descontextualizada que desconoce la realidad del aprendizaje y formación de los ciudadanos; desean mejorar el sistema de salud que, como estructura ponzi, sólo favorece a los de arriba; proponen estrategias de desarrollo desde el campo e inversión en infraestructura. Y sin embargo, lo importante no se pone sobre la mesa: la realidad colombiana: un proyecto de país donde quepamos todos, donde las necesidades básicas estén garantizadas para el libre desarrollo de las identidades. Un proyecto que le devuelva y fortalezca la credibilidad a las Instituciones.

Hace algunos días expresé la idea de votar en blanco. Me increparon diciendo que hay candidatos y propuestas; que votar por un candidato permitiría exigir. ¿Exigir? No confundamos las cosas. El voto no es sinónimo de democracia.

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