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UNA IDEA SOBRE EL CINE

En la otra esquina
Por Harvey Murcia


He estado disfrutando del panorama audiovisual con el que se adornan estoy días las salas de cine. Como se sabe, se cuenta con una carta variada de filmes que invita al disfrute y deleite de un espacio de goce. Es una forma confesional, repetitiva y algo predecible lo que acontece en un espacio como este. Se hace fila, se compran los tiquetes, algo en la confitería. Ya en la sala se busca el instante, si se está acompañado, para robar un beso tímido. Se termina el filme. Se abandona la sala, se cruzan algunas palabras.

Pero este ritual tiene algo más de potente, algo más explicativo. Ir a cine es una manera de comprendernos, de saber cómo nos pensamos, cómo nos narramos. Si nos detenemos un momento, esta actividad implica una suerte de deseo: deseo de ver, deseo de oír. Ese espacio perceptivo que desde sus artilugios técnicos y estéticos detona una situación que nos envuelve, nos convierte en espectadores que buscan algo más que el disfrute. Buscan encontrar la propia carencia, lo que no se tiene, lo que hace falta.

Así, el filme nos puede demostrar que no sólo está hecho de situaciones oníricas que hacen fabular. No. El filme puede ser una constatación más de que la realidad está en permanente diálogo y construcción; que el hombre es un ser de historias que lo convocan para tratar de descifrarse. Algunos filmes intimistas como ‘El hombre de la cámara’, ‘La naranja mecánica’, ‘Odisea en el espacio’, entre otros, han puesto en discusión este punto.

Algunos otros más tropicales, como ‘Mi abuelo, mi papá y yo’, ‘Sofía y el terco’, ‘La estrella del sur’, ‘La sirga’, ‘La mosca en la ceniza’, ‘Los chanchos también vuelan’, le han apostado a demostrar que el cine en tanto espejo no devuelve la imagen de lo social, sino que la construye, la funda y la constata en el exhibición; esta imagen ‘imaginante’ la pone en diálogo con su referente, con el espectador para establecer pactos de reconocimiento sociales políticos y estéticos.

En el cine no hay realidad, tampoco ficción. En el cine sólo puede existir la creencia, darle un completo crédito a un hecho narrativo por un instante y descifrar desde allí lo más hondo de la naturaleza y espíritu humano: temores, frustraciones, deseos, carencias. Una buena película sabe cómo poner al espectador en el justo lugar para que desarrolle la catarsis; esa identificación pasional que estalla nuestros sentidos en el paroxismo total.

Así que cuando vaya a cine, sepa seleccionar la película pues no sólo habla de usted sino de sus pensamientos más profundos e inconscientes.


Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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