
UNA BECA POR EL AMOR DE DIOS
UNA BECA POR EL AMOR DE DIOS
Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax
He escuchado a varias personas decir que las becas se están perdiendo porque la gente no “aplica”. Llevo dos años participando en cuanta convocatoria de becas para mujeres latinoamericanas cascadas hay pero no me he ganado nada. No sé a qué becas se refiere esa gente que dice con tanta seguridad que es una pena que se pierdan.
Lo único que me he ganado hasta el momento fue una vaciada de la decana de mi carrera por utilizar el verbo “aplicar” para referirme a “participar”, una inadecuada herencia del inglés “apply”. Pedir una beca es un oficio tedioso y desagradecido. Toma horas diarias leer los formularios, escribir a las universidades, reunir los papeles necesarios, pedir las cartas de recomendación. Además las apostillas, las traducciones oficiales y demás papeles suman una no poco importante cifra. En resumen, participar en una convocatoria para una beca implica trabajo y plata.
Además, le recomiendan a uno participar en varias al tiempo para ampliar el rango de oportunidades. Esto implica un trabajo casi de tiempo completo porque cada beca es un universo distinto. Un trabajo que se pierde fácilmente y del que no queda siquiera reconocimiento.
Cuando empecé a buscar financiación en la filantropía pensé, erróneamente, que era una minoría y como minoría encontraría cientos de oportunidades. No es así. No por ser mujer, ni latina, se es minoría. Toca ser raizal o indígena. Jugador de fútbol profesional o profesor. Solamente encontré dos becas apelando a la caridad por el género.
Por otra parte, nadie quiere financiar el arte. Las becas que abundan son para maestrías y doctorados en ciencias exactas. La literatura y la cinematografía, muchas veces, ni siquiera son una categoría dentro de lo que se considera “arte” en estas convocatorias. Este mundo en crisis no está para pendejadas, si se ha de invertir en algo que sea en tecnología, en ciencia; en algo que le haga ganar más plata a las corporaciones y producir en mayor escala. Es que el palo no está para cucharas.
Para colmo de males, la crisis económica mundial ha hecho que varios gobiernos hayan recortado el presupuesto destinado para becas. Este año, España ha reducido en un 3,7 por ciento el presupuesto para becas educativas. En Argentina se anunció un recorte del 55 por ciento en becas universitarias el año pasado. Los recortes del gasto público anunciados por el gobierno estadounidense para este 2013 afectarán gravemente la educación de los estudiantes latinos. El panorama es desolador.
La Unesco predecía en el 2008 que en América latina, dado a la emergencia de una clase media que aspira a una mejor educación para sus hijos y a la internacionalización de las estructuras universitarias locales, iba a aumentar el fenómeno de movilidad estudiantil. Y sí, aumentó sin duda. Pero la crisis lo está frenando. Siempre será desafortunado que la educación no sea una prioridad para las naciones y que sea el primer conejillo de indias en tiempos de austeridad.
Ahora mismo, en abril, recibiré respuesta de las dos fundaciones que aún le apuestan al talento artístico. Cruzo los dedos. Si no me gano nada creo que desfalleceré en el intento de buscar plata en el espíritu filantrópico tan escaso en estos días. Ya no tengo cara para pedir una carta de recomendación más y mi examen del toefl vence este año. Ya estoy mamada de escribir ensayos justificando mi opción académica y me siento incapaz de llenar un formulario más.
Como última opción siempre están los bancos. La crisis hace que quieran endeudarnos hasta el cogote, entonces nos llenan de tarjetas de crédito y empiezan a dar créditos de libre inversión a diestra y siniestra para los que piden solamente la cédula. Pedir un crédito de libre inversión es como venderle el alma al diablo, lo sé. Por eso le pido a la filantropía una beca, por el amor de Dios, antes de quedar debiéndole la vida al Citibank. Mi vida puede no valer tanto.
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