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UN PAJARITO ME LO CONTÓ

En la otra esquina
Por Harvey Murcia

 

 Créanme que yo también lo he pensado. No me he reído como muchos de ustedes; ni mucho menos he lanzado juicios frente a ello. Todo lo contrario. Quiero pensar que puede ser una fuente de inspiración. Cuando estas metido en un embrollo, ¿qué es lo que en realidad deseas? Una buena excusa! Esas estructuras lingüísticas que hacen quedar bien, que te sacan de una incómoda situación.

Las excusas tiene su origen en el oscuro y milenario lenguaje de lo verosímil, de lo posible; en las narrativas oníricas que asombran y seducen. Y allí radica su potencia: en que no engañan, ni mienten. Simplemente diseñan un mundo posible en el que pasan una serie de acontecimientos cercanos, relativamente coherente y convincentes para complacer a su escucha.

Es importante recordar que las excusas se elaboran según el cliente, según la situación. Si es un profesor la familia es clave; si es un amigo, tu chica es importante; si es tu chica, tu mascota es importantes. Si es tu amante, tu chica no es importante. Pero se elaboran pensando en el otro. Eso es lo importante. Y desde la excusa imaginas al otro. Al elaborarla, al planearla, sabes que es el interlocutor quien la debe aceptar y creer; es él quien la valida.

Es por esto que cuando no se inventan de la mejor manera, cuando se usan con desdén, con algo de desidia, irritan, ofende; molestan. Las excusas no son para explicar sino son para nosotros! Ellas, las excusas son una muestra de lo que creen que somos! Entonces una excusa salva la vida no porque explique o justifique algo. Salva la vida en la medida que ella construye al otro, lo inventa en cada palabra para que sienta una suerte de alivio existencial, para que comprenda que aun tiene el control de la situación.

Por eso, cuando le escuche a Maduro “De repente entró un pajarito, chiquitico, y me dio tres vueltas acá arriba, Se paró en una viga de madera y empezó a silbar, un silbido bonito (...) “Me lo quedé viendo y también le silbé, pues. Si tú silbas yo silbo, y silbé. El pajarito silbó y yo sentí el espíritu de él; “Lo sentí ahí como dándonos una bendición, diciéndonos: hoy arranca la batalla. Vayan a la victoria. Tienen nuestra bendiciones”; quedé boquiabierto.

Sí un mandatario puede usar semejante creatividad, me voy a valer de ese tipo de inventivas para crear excusas como: "perdón por la demora pero justo un pajarito silbó ‘like smell teen spirit’ y de momento sentí que Kut me decía, adelante, debes beber esta cerveza tu puedes emancípate y allí el tiempo se fue silbando”; o “amor, sí compré lo que me encargaste pero cuando estaba llegando un pajarito me abordó y me dijo bájese del paquete antes de que lo raye. Y era tan tierno!".

Sólo basta que mi interlocutor no se ofenda, que me crea, así como lo han hecho miles de venezolanos que sienten que un pajarito eligió a su presidente.

 

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