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UN BUEN VIAJE

En Cartel Urbano no nos cansamos de adherir a las voces que claman por la legalización de la marihuana. Por eso nuestras puertas siempre estarán abiertas para quienes defiendan, como este columnista, los usos recreativos o medicinales de la hierba.

Por Juan Sebastián Lozano

Aquel día sonaba China cat sunflowerde los Grateful Dead y todo fue más denso que de costumbre; una tarde de risas profundas y coloridos recuerdos, cada segundo fue importante, cada gota de agua. ¿Por qué no había visto las múltiples puertas de salida? ¿Por qué no había fumado de esa hierba mágica?

Bajo los efectos de la marihuana vivimos más cerca de la realidad, o sea de los sueños. Nos reímos de lo que la mayoría llama realidad, esa horrible telaraña de filas, uniformes y cuentas por pagar.

Mientras el cigarrillo de marihuana se consume todas las respuestas están ahí, todo parece fácil, nos burlamos de esas pequeñas cárceles cotidianas, angustias creadas por la religión y la publicidad. Volamos ligero mientras todo abajo se quema y queremos quedarnos así, viviendo en una alfombra árabe, viendo la danza circular del sagrado humo. Pero tenemos que regresar, Satanás nos espera, no podemos escapar del rigor del “sistema”, debemos pagar la luz eléctrica, el agua sagrada y demás servicios.

Todo parecía tan leve como el humo, pero los aterrizajes después de fumar solían ser duros. Lo que la mayoría llama realidad es un boxeador implacable que nos golpea sin cansarse.

Cada vez que fumamos, queremos repetir la experiencia de las primeras veces; queremos quedarnos en la nube, pero no se puede, no se puede vivir de los sueños, de los deseos nobles. La lucha por la vida es carnívora y sangrienta y debemos entrar a la competencia, nuestros padres no estarán siempre ahí, y como dijo un escritor, la mayoría no seremos estrellas de rock. Por eso dejé hace un buen tiempo de fumar marihuana.

Muchos la consumen como si se tratara de “Prozac”, y les sirve para amortiguar la rutina. A mí eso no me funciona, a mí me aísla, me pone sabio o me da la falsa sensación de sabiduría y termino despreciando lo que me rodea.

La marihuana suele darle la vuelta a la realidad y nos ofrece otras perspectivas sobre problemas que en la sobriedad parecen muy complicados de resolver, o simplemente sirve de generoso relajante. Cuando se consume todos los días, giramos sobre los mismos sueños o deseos y concretamos muy poco en la realidad, podemos quedarnos contentos viviendo debajo de un árbol y riendo sin dientes mientras todo se derrumba alrededor.

Tuve una educación conservadora y de niño fui algo cobarde para lo que hace un niño del común: subirse a los árboles y montar bicicleta. Luego, gracias a la marihuana pude al fin manejar una bicicleta de carreras sin coger el timón y enfrenté a los perros asesinos del barrio. Por su olor penetrante, una novia conservadora me dejó (afortunadamente) y pude conocer algunas buenas mujeres más reales. Como iniciación para explorar nuestra mente y vencer nuestros miedos, la marihuana puede ser de gran ayuda.

Más temprano que tarde, la cannabis sativa se legalizará en la mayoría de países y, seguramente, se hará muy popular en nuestras sociedades. Ya incluso están apareciendo los primeros comerciales que promocionan su venta legal. Por supuesto, estoy de acuerdo con que sea absolutamente legal y espero que el probable aumento en el consumo les traiga a nuestras complejas sociedades más beneficios que perjuicios.  

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