
TRAGICOMEDIA ROMÁNTICA ONLINE
Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax
La vida virtual ha acaparado nuestro tiempo real. Según afirma Zygmunt Bauman, sociólogo y experto en las relaciones virtuales, pasamos entre 9 y 7 horas en frente de un computador en vez de interactuar con seres humanos. Así pues, estamos en la era del “amor” online.
Hay cientos de historias exitosas de amores en la web. Sin embargo, sigo sosteniendo que las relaciones virtuales están más cargadas de frustración e irrealidad que de otra cosa. A veces nos dejamos confundir y pensamos que la dinámica virtual en tiempo real que nos ofrece internet es igual a la interacción que tenemos con los demás en la vida real, solo que más eficiente y frecuente. Lo cierto es que esa cyber interacción es lo más impersonal que le ha pasado a la humanidad.
Es una tragedia tener que reducir nuestra vida sexual al cyber-sexo que, por lo general, pierde el encanto a la tercera “puesta en escena”, que suele ser torpe pues las personas promedio no tenemos alma de estrellas porno.
¿Qué nos queda para transmitir nuestros sentimientos? Los recursos son reducidos y generalmente terminan en un mediocre emoticon. Da hasta risa ver cómo nos conformamos patéticamente con una carita con labios rojos o con un corazón. ¿Podemos considerar esto un gesto de amor? De pronto sí, el problema es que la inmediatez e impersonalidad de la red hace perecederos estos gestos.
Es tan cambiante la interfaz cibernética que las más sentidas declaraciones de amor tienen la vida útil de una mosca cuando más. Lo impersonal de la red nos hace sentirnos cada vez menos comprometidos con lo que posteamos en la web y vamos dando likes y dislikes a diestra y siniestra, hiriendo o ilusionando cyber compañeros.
Es tan invasiva y poderosa nuestra vida virtual que hay relaciones que se acaban a diario con un solo click. También hay relaciones a distancia que sobreviven –más de lo que deberían- a costa de chats, emoticones, posts y tweets. La vida on line no solo es el reino de lo irreal sino que también es la promotora de las horas extras de aquellas relaciones que nunca debieron ser más que un affair de verano.
Ahora bien, si una pareja debe separarse por cortos periodos de tiempo, la vida online sí puede ser un buen recurso para mantener el contacto. Otra cosa pasa cuando la pareja que tiene una relación cibernética no tiene planes de verse y convertir en realidad los besos virtuales y promesas de amor online. En ese caso es mejor salir a la calle y buscarse una historia de amor offline, como las de antes con besos y sexo de verdad.
En resumen, la vida real ha perdido popularidad y la vida virtual nos ha dado el espacio para buscar amores cibernéticos tan efímeros como adictivos. Las historias de amor en el puntocom son una montaña rusa llena de emociones, un día estás en la cumbre y te sientes superman o la mujer maravilla, amas con todas las fuerzas y publicas canciones de amor en tu perfil de facebook sin pensar en tu reputación ni en tu buen gusto; otras veces, en cambio, caes en el abismo y compartes todos los sentimientos de tristeza que posteen tus contactos y tienes conversaciones trascendentales por skype, ni siquiera por teléfono.
El amor en la red no es igual al amor de la vida real pero puede causar peores estragos. Es impulsivo, invasivo, exhibicionista y, lo peor, irreal. A la larga, un amor por internet se reduce a un archivo de información digital: basura cibernética. En suma: nada. Aquellos afortunados que viven una relación offline, consérvenla. Están en vía de extinción. Y a aquellos románticos de la web quiero sugerirles que intenten por todos los medios convertirla en realidad, de lo contrario, apaguen el pc y salgan a la tercera dimensión a besar labios reales y a tener sexo de verdad. Sálganse de esa tragicomedia romántica virtual y pasen a protagonizar una historia de amor de la vida real antes de que se extingan por completo.
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