
TOREANDO TORITOS
Desde el ombligo
Por Gonzalo Valderrama
@monobio
La primera vez que leí/oí la palabra bully (torito, traducido muy literalmente) fue en 1987, cuando adquirí el cassette original de Llena tu cabeza de rock, volumen 4. Este compilado de various artists incluía, dentro de sus canciones, una titulada The Neighbourhood Bully, de un tal Bob Dylan (el Silvio Rodríguez gringo). Nunca me interesó pararle bolas a la letra, en primera instancia porque a don Bob es casi imposible entenderle si no eres un angloparlante nativo. En segunda instancia, porque no… Pero el concepto del título (y el tema de la canción) lo tenía claro: bully, en inglés, significa (desde los albores del slang), ni más ni menos que montador.
Ese típico personaje existente en la vida del adolescente promedio de todas las sociedades de la historia, el cual no hace otra cosa que imposibilitarle la vida a los débiles del curso, pegándoles calvazos, rayándoles el cuaderno, pateándoles la lonchera, escupiéndoles las onces, haciéndoles zancadilla, abucheándolos, insultándolos con oscuros sarcasmos (como el maldito profesor de Another brick in the wall)… y, en el peor de los casos, cobrándoles una vacuna por el favor de no darles en la jeta, en privado, claro está, con el respaldo de sus esbirros, claro está.
Quienes padecieron de las gracias del montador saben que la montada no tenía gracia si no había testigos (testigas, sobre todo), ya que el arte de montarla sólo cumple con las normas ICONTEC, sí y sólo sí hay ojos que validen/repudien el acto. El bully no bullea solo. Si lo hiciera, sería un fighter, con pantalones, así su presa fuera 10 años menor.
Casi 30 años después, me encuentro con que al acto de montarla los psicólogos post-modernos (los abolicionistas del añorado rejo) lo llaman dizque bullying (traducido por quién-sabe-quién como matoneo). Es decir, el término ya existía (en inglés); pero el barbarismo reemplazó a la criolla palabra original: montadera, tan contundente. La misma perra con distintas pulgas, pulgas snob. El nuevo fenómeno está de moda por obra y gracia de los medios masivos de incomunicación. Ahora lo mencionan los noticieros y noticieras; sale en artículos de Ser Padrastros Hoy, y es pan de cada día en consultorios que cobran un ojo (colombino) de la cara.
Yo fui víctima de bullies durante mi adolescencia. Mi bully más dedicado se llamab… se llama Juan Carlos Mancera. Su gran paradoja: fue mi mejor amigo de ese año, y era un alumno estrella y con estrella; pero feo, muy feo, lo cual no se le ha quitado. Sus bullyings no los voy a referir acá, por pudor… y porque sobrepasaría mi límite de 700 palabras. El hecho es que él y sus toritos auxiliares me abollaron el alma irreversiblemente. Tanto y de tan creativas maneras me la montaron que, en 1986, el rayón personal me hizo querer matarme… seriamente. No lo llevé a cabo, por cosas del cosmos; pero perdí undécimo, y lo somaticé con enfermedades cutáneas y vertebrales...
Consecuencia de las causas de las consecuencias de las rotas familias de mis queridos bullies, tuve que desahogar, de alguna manera, mi problemita: comencé a escribir, dibujar, bailar, actuar y contar historias que, hoy en día, casi 30 años después, me han dado fama, fortuna (y un combo distinto de rayones, eso sí). La biografía de ellos, en cambio, los ha llevado por la ruta de la perdición y la vida aburrida. De montadores a perdedores… ¿Yo qué culpa? El karma es un loquillo.
¿Qué es lo que monta el montador cuando la monta sobre el montado? Hipótesis: su minúscula verga (ego) sobre el imaginario culo de quien le representa peligro o extrañeza. No importa si víctima y victimario son hombres o mujeres. La dinámica viene a significar lo mismo, Juan Carlos, Alejandra o ‘comotellames’.
Como diría el seguramente matoneado Roger Waters, en la última estrofa de Two suns in the sunset: Cenizas, diamantes/Amigo y enemigo/Sólo fuimos iguales al final (del mundo).
Como pudo haber dicho (en una línea extra) el matoneadísimo Marilyn Manson, en su International Hate Anthem: Odio al odioso/Violo al violador/Matoneo al matoneador/Soy el idiota que no será él mismo.
Como diría @Monobio: ¡Gracias, bullies de mi pasado! Soy lo que soy, gracias a sus insultos, golpes y humillaciones. ;)