
SORPRENDIDOS EN EL BAÑO
Un video reciente en el que un hombre aparece masturbando a otro en el baño de un centro comercial de Barranquilla, le dio alas a la mente ácida del autor de esta columna para recordarles a los amantes apurados que esta época de cámaras por todas partes no es propicia para el sexo en lugares públicos.
Por John Better
@johnbetter69
Hubo una época feliz para las locas. Un tiempo de rosas en el que darle a la bisuaca anal era todo un deleite que no conocía restricciones. Luego, con la aparición del VIH, si bien se aguó un poco la festiorgía, el uso del preservativo motivó la continuidad de la juerga. Cuatro paredes y una cama nunca fueron suficientes para el desfogue del amor entre machos. Cuando caía la noche, las calles de las grandes ciudades eran el escenario perfecto para encuentros felinos. Callejones oscuros, terrazas, arbustos, cualquier escondrijo era propicio para saciar esa impetuosa necesitad de dame que te doy, y corre que te vienen dando. El sexo out in public permitía el fluir de esa adrenalina que para la loca es lo que la heroína para el junkie. Pero era imposible no escapar a la mirada voyerista y altanera de la ley. Así que los calabozos se llenaron de osadas locas que preñaban los amaneceres con el brillo opaco de miles y miles de condones usados que se esparcían como testigos silenciosos de espumosos encuentros.
Los baños públicos se convirtieron entonces en una alternativa que le permitió a la loca hacerse a un nido de concupiscencia, a un templo sodomita donde aterrizaba su jopo voraz e insaciable, rodeado de obscenidades grafiteadas en las paredes.
Unos de esos insignes lugares de encuentros rápidos y corridas aun más rápidas fueron los baños del cuarto piso de la antigua sede de la Universidad del Atlántico. Allí, en esos encuentros fugaces sin compromiso, en los que incluso se ignoraba el nombre del parejo de turno, letradas y analfalocas encontraban su ratillo de esparcimiento, todas en busca del falo universitario que les derramara en la comisura de los labios la tinta juvenil de la sabiduría.
Traigo a colación el tema del out in public gay sex gracias a un video de dos chicos erotizándose en un baño de un reconocido centro comercial de Barranquilla.
Cuando los centros comerciales llegaron a esta ciudad, el baño se convirtió en casi una suite de lujo para la loca que se quedaba sin aliento al entrar en ese espejismo de baldosas, mármol e inmensos espejos de tocador, donde las miradas lujuriosas centelleaban como ojos de linces en las sombras. Hoy, dichos encuentros tienen lugar en los baños de centros comerciales como Portal del Prado, Éxito Panorama y Buenavista. A la hora del sexo out in public, el baño es el lugar predilecto de locas, loquillas y veteranas de antiguas guerras que se libraron a bombazos de AZT (la medicina que se usó en los ochenta y parte de los noventa para tratar el sida).
Pero esta época es despiadada. El confort y la seguridad del baño ya no son los mismos de años pasados. Ahora hay cada vez más intrusos merodeando, la loca debe estar alerta, hay ojos siguiendo su estela de lascivia. Hay cámaras que quieren exponer su íntima danza de estéril apareo, su miradita de huérfana buscando qué mamar, su manita ágil que toma el paquete en su mano y lo agita mientras su corazón late a mil por hora, exponiendo su aventura al morbo y a la censura de quienes ahora le observamos.