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SOLUCIONES PARA TODO MENOS PARA LOS PROBLEMAS

Peor es posible
Por Darío Rodríguez
@chkinbote

 

Hora Local no es la banda de rock que animará tus fiestas. Sus armonías y sonidos invitan a la desazón, a la rabia delante de una sociedad violenta e injusta. Sus letras inquietan, desconciertan por las altas dosis de sarcasmo que expelen: van del suicidio en el baño de un avión a la burla implacable hacia una gomela; de una masacre cometida dentro de un bar hasta el mundo caótico, cruel, heredado por los representantes del amor y la paz, los hippies, a sus hijos. Sus integrantes pueden llegar a parecer muy graciosos, por el modo de cantar o de asumir la escena rockera (cargada, se sabe, de figurines y farsantes). Pero esta es tan solo la imagen primera: existen pocos grupos musicales tan serios y tan recios en nuestra historia como el de ellos.

 

Se los ve de cuando en cuando, y cada vez menos. Jamás serán entrevistados por glamurosos periodistas de tu frívolo canal musical favorito, ni los distinguen oleadas de fanáticos chillones. Nunca fueron atractivos para el grueso del público femenino, no protagonizaron escándalos mediáticos por posesión de drogas o excesos alcohólicos. Desde su aparición casi clandestina en 1986 cuestionaron la idea de la juventud a ultranza. Hora Local jamás presumió de furor adolescente. Nació vieja, extraña y escéptica en un ámbito donde las muchachadas, la inmadurez son requisitos y quien no sea joven debe aparentarlo.

 

Al igual que el país donde ha germinado, su destino es la paradoja; con una discografía modestísima (solo un disco de larga duración grabado entre 1990 y 1991, recopilaciones posteriores de pequeños trabajos, y un álbum de tributo realizado por bandas como Odio a Botero o Pornomotora) consolidaron ese estilo personal siempre a la defensiva del Sistema de las Estrellas, siempre pleno de parodia y dardos venenosos, único en nuestro rock, que sin embargo no puede oírse con regularidad pues la agrupación se disolvió hace dos décadas, justo cuando empezaba a ganar reconocimiento masivo. En ocasiones singulares vuelve a unirse, algún aniversario, algún esporádico homenaje menos nostálgico que ansioso. Dadas las circunstancias, su reciente presentación en Rock al Parque ha sido excepcional.

 

El rock suele adaptarse a la atmósfera donde se lo ejerce. Por esto no hay grupo de rock tan similar a Colombia como Hora Local. Ninguno es tan huidizo, inclasificable y ambiguo en su relación amor–odio hacia el territorio y la existencia como él. Quizá debido a la ironía es más actual en su ausencia que muchas bandas de moda o en apogeo.

 

No, no es la banda de la cual tendrás un afiche en tu habitación. Ni ha creado un sello particular para poner en tus camisetas o cuadernos. Lo que Hora Local está diciéndote desde hace tantos años es más simple y por tanto más fundamental: no somos sofisticados ni espectaculares en esta patria infame; a esta tierra conseguiremos amarla exclusivamente de manera oscura, sospechosa, clandestina; la mejor respuesta a la hecatombe es una serie de carcajadas agónicas. Sus canciones te han enseñado que hay soluciones para todo menos para los problemas. Que en el infierno hace frío. Que, a la hora de la verdad y con franqueza, el rock no te necesita. No nos necesita.

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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