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SOLO POR MOMENTOS

En la otra esquina
Por Harvey Murcia

 

Al parecer ya nada nos asombra. Y si nos asombra, es en un instante efímero y fugaz. Vasta con mirar las noticias y ver lo que pasa en el mundo: los discursos sociales, políticos y medio ambientales que cuestionan las acciones y los excesos de una cultura basada en el consumo desmedido son propios del 1% de la población. El otro 99% sigue al mundo desde el cómodo sillón.

Se puede intuir que todo está diseñado para generar un espasmo colectivo que aturde de manera transitoria. Sólo de manera momentánea. Navegando en el éxtasis del instante, trasegamos el tiempo de manera desprevenida: YouTube tiene 3.000 millones de visitas por día y cada minuto se cargan 48 horas de videos; en promedio se consumen a nivel mundial en Facebook 53 millones de minutos, en Yahoo 17.2 millones de minutos, en Google 12.5 millones de minutos; se cargan en la red 3.000 fotos nuevas cada minuto. ¡Información a granel!

Tiempos caracterizados por la velocidad. Todo lo estamos midiendo en términos de rapidez (para la palabra velocidad aparecen en mi buscador “Aproximadamente 4.410.000 resultados”): en el trasporte público, en las relaciones afectivas, en las tecnologías. El mundo se mueve casi a la velocidad de la luz, sin dar tiempo para comprenderlo.

Bajo esta lógica, hemos venido sacrificando el contenido, la experiencia y la identidad, en pro de una forma que poco o nada tiene en común con lo que pasa a nuestro alrededor. Formas light que producen efectos de democracia, de ética, de estética y sobre todo de humanidad. Se escriben en Twitter en promedio cincuenta millones de mensajes de amor y esperanza, mientras mueren 180.000 persona al día.

Entonces, se vive en un aquí y en un ahora indeterminado, confuso y sobre todo desilusionante; nada pasa; si algo pasa aburre. El tiempo y el espacio se comprenden como ideas vagas que poco explican en este nuevo orden. Vivimos la vida en una suerte de espectáculo recurrente que a cada instante desafía la naturaleza misma del ser humano; en este sentido, el vacío y el vértigo se convierten en las plataformas del stock estético para asombrar, de momento.

Nuevas sensibilidades aparecen y con ello un lenguaje y es eso lo que necesitamos: herramientas capaces de convocarnos de nuevo a la extrañeza y a la vida activa. No importa si es individual, proclive a lo inestable; si poco se habla, pero que invente, que promueva; un lenguaje que pretende contar un mundo que se desborda en los márgenes de sus semánticas oníricas. Un lenguaje que por momentos asombre.



Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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