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SILENCIOSA REALIDAD

 

En la otra esquina
Por Harvey Murcia
 

Cuando la realidad es una suerte de ficción más en la vida, el asombro es el lenguaje con el que nos podemos comunicar, reconocer y vincular; el asombro es el insumo para elaborar tácticas en pro de una responsabilidad social, ética y política que promueve una economía. Así, la realidad pasa a ser la materia prima de la invención de las empresas y monopolios mediáticos que saben perfectamente que lo más importante de la información es poder conmover a sus lectores, a sus audiencias.

Las estrategias que usan son conocidas por todos nosotros: focalización sobre el sentimiento, carencia de profundidad, torpeza informativa, predominio de planos “decorativos” que nada comunican, velocidades, formas y siluetas que aportan más a la vanidad que a la creación explicativa.

Las formas como se enuncian las cosas, como se comunican y se diseñan, más que obedecer a estrategias estéticas (que de por sí, existen y son vitales), son estructuras de intencionalidad, son maneras de decir algo y ocultan algo simultáneamente; en esta paradoja, en esta oscilación comunicativa que no reconoce geografías ni diferencias, se modela la idea de realidad que consumimos.

En medio de esta construcción que se hace de la realidad, se pierde su verdadero horizonte que está en medio de nosotros pero que no aparece en el debate público. En Medellín miles de niños no pueden asistir a sus escuelas por miedo a los enfrentamientos entre bandas criminales en las comunas. Y lo que nos muestran los medios es que “las cifras de inclusión en educación ascienden de manera vertiginosa”.  En la ciudad capitalina, el desempleo baja de manera vertiginosa, según algunos medios, pero la realidad es que el empleo informal se encuentra en un 45.2%

Las últimas encuestas demostraron que Colombia es el país más feliz del mundo, supongo que este resultado está asociado al buen desempeño de los equipos de futbol, o al triunfo de sus vedettes en el extranjero, o a los sentimientos festivos propios del fin de año. Los números de desplazados por la violencia en nuestro país no se reflejan en los medios; sin embargo esto es lo que reporta el ACNUR: Refugiados: 212; solicitantes de asilo: 167; desplazados internos: Más de 3,5 millones; Presupuesto anual del ACNUR para operaciones (en US$): 23,207,50; Donaciones del país al ACNUR (en US$): 25,000. 

Pero nuestro cándido corazón, vinculado a los medios, a sus arquitecturas que promueven nuestro asombro, que seducen nuestra subjetividad al calor de lágrimas y sollozos, desconoce lo que pasa afuera de estos aparatitos que le temen a los números,  a la cifras; cifras que no aparecen en los informes o en las notas audiovisuales.

Así, los contextos en los que ocurren los hechos, en los que se produce y circula la realidad son aniquilados por las empresas del entretenimiento, en la búsqueda de un asombro que es determinante al momento de las mediciones de audiencias y, que a su vez,  se traducen en más pauta publicitaria, en más billete.  Silencio determinante para la economía y el mercado; silencio que debemos silenciar.

 

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