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PERRO QUE LADRA MUERE

En la otra esquina
Por Harvey Murcia
 
Creo que la indignación no basta. La voz se puede entrecortar al seguir reconociendo la brutalidad con la que podemos caminar en este mundo cada vez más insensible. El atontamiento pasa por la indiferencia del día a día al punto tal, que nos hemos acostumbrado a su presencia.
En la otra esquina
Por Harvey Murcia
 
Creo que la indignación no basta. La voz se puede entrecortar al seguir reconociendo la brutalidad con la que podemos caminar en este mundo cada vez más insensible. El atontamiento pasa por la indiferencia del día a día al punto tal, que nos hemos acostumbrado a su presencia.
 
Por esto, en la imaginación colectiva, palpita la semántica de lo macabro y sus estrategias de terror que amilanan. Mientras se proponen leyes, políticas para el respeto, la diversidad y reformas al fuero militar, dizque con el fin de hacer una sociedad más justa, se sigue actuando con mezquindad.
 
Algunos grupos de las Fuerzas militares en Colombia han construido una historia que enmascara sus oscuros y siniestros planes con bandas criminales que arrasaron corregimientos enteros, bajo la consigna pacificadora de la economía narco. Estos mismos, generaron escuelas para adiestrar a campesinos con una pedagogía que aterraría a cualquier amante del Gore; amamantaron en las raíces de odio y rencor las tácticas para exterminar la diferencia.
 
Grupos Militares sin conciencia y sin respeto que han tomado a un indefenso can para poner en evidencia su estúpida e ignorante masculinidad con la que creen tener el control y el poder en sus manos macabras. Y sus risas, que se evidencian en el video que circula por la red, guiñen la brutalidad con la que actúan.
 
Hoy fue un perro, mañana puede ser cualquiera, ¿por qué no?  Hace 60 años, alguien expresó (a propósito de las quema de libros nazi en Berlín, el 10 de mayo de 1933) que quien era capaz de quemar libros, mañana sería capaz de quemar humanos. Y estos hombres de la patria han tenido la valentía de demostrar que en la guerra, cualquier monstruosidad es posible, y aún más, divertida y jocosa. Poner a padecer un perro en la ignominia de la milicia  no tiene nada de valor.
 
Señor Ministro de defensa, este es un grupo de sus fuerzas militares, con ellas triunfará, de eso no cabe duda. ¿Cómo no temer? Si de sus filas solo destila la temeraria palabra que dispara las más perversas acciones que se pueden escuchar, que se pueden sentir. Un animal fue apaleado por sus hombres, fue el tiro al blanco de esa táctica de formación militar. Sin compasión.
 
Y usted señor procurador Ordóñez, ¿qué tiene para decir? Si el respeto es plural en la extensión de la palabra, ¿tendrá el temple para perseguir a los protagonistas de semejante atrocidad, con la misma persistencia como lo ha hecho con los movimientos que desbordan su adusto y medieval pensamiento?
 
Sólo queda esperar a que nuestra fuerza pública no convierta el país en un Safari en donde disparar es más fácil que educar. En nuestro país, perro que ladra muere.
 
 
 
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