
PAYASOS HORRIPILANTES Y CHISTES MACABROS
Peor es posible
Por Darío Rodríguez
@etinEspartaego
Colombia cada vez menos es un país y deja ver su verdadera personalidad de chiste flojo o de broma pesada que angustia aunque dé risa. Casi ningún proyecto nacional tiene seriedad por estar envuelto bien entre necedades sangrientas o bien entre hábiles mentiras que encubren intenciones malsanas.
El presidente candidato Juan Manuel Santos se alista para su campaña (y quizás para su posible reelección) con una sutil cirugía plástica. Necesita verse amable de algún modo, y ya sabemos que la cara no le ayuda mucho en ese sentido. El procurador Alejandro Ordóñez, hambriento también de la presidencia porque los puestos de inquisidor y de monarca iluminado por la divinidad ya los tiene, se excita en radio y en televisión recitando códigos legales. Sus actitudes, sus maneras resultan graciosas aunque también son repugnantes. Para él es una lástima no ocupar un cargo político de más nivel, por ejemplo el de Mesías o el de Dios mismo. Alguna triquiñuela hará con el fin de lograrlo.
A propósito de doctores eminentes como Ordoñez, los doctores de las FARC refuerzan su comedia habanera exigiendo la asesoría de un cantautor pedido en extradición. Así demuestran que pueden superar a personajes como Diomedes Díaz o el clan de ladrones Nule en colombianidad. Trafican con cocaína, son un ejército pero hacen política mintiendo, negociando privilegios bajo la mesa y burlándose de la sociedad civil. Tal vez tengan también sueños húmedos con la presidencia de la república o con el Congreso, convencidos de que esos puestos los harán crecer como mafia. Y, ya que se cita a la mafia, el señor Álvaro Uribe Vélez, enemigo de las FARC, politiquero y rico negociante, aparece semana tras semana más similar a Vito Corleone, el Padrino de la mafia italiana en la novela de Mario Puzo. Como ya fue presidente y adora el poder que tan buenos dividendos económicos le ha dado, ahora aspira al Congreso y a posicionar otra vez al grueso de su banda en ese mismo poder. Ni siquiera posee sentido del ridículo: su discurso bélico no ha cambiado y hasta permite que lo insulten por donde quiera que va. Está en campaña. Algún provecho sacará de tantas torpezas que comete.
Finalmente todos están en campaña, para un cargo o el otro; para obtener ganancias de uno u otro modo. No se equivoca el periodista Antonio Caballero cuando afirma que todos en este país queremos ser presidentes. Y esa, quizá, es la más cruel de las bromas, la que nos sigue hundiendo.
No es casual que un humorista, uno entre tantos que deciden nuestro pobre destino, Juan Ricardo Lozano (más conocido como Alerta) aspire al Senado por el partido Liberal. Si payasos absolutos y dañinos del corte de Fernando Londoño Hoyos han ocupado cargos importantes, el célebre cómico de Sábados Felices considera tener esos mismos derechos. Sus declaraciones públicas poseen tintes chistosos aunque quiera simular seriedad. Cuando dice, por ejemplo, que si llega a ser senador abandonará el humor, la risa de quienes lo oyen es inevitable. Nadie gobierna este remedo de país sin ese humor tan nuestro que asesina, roba y destruye entre risas y carcajadas complacientes.
Suele decirse en las calles y en los tinglados periodísticos que la gente está cansada de la política tradicional, que aumenta el número de indignados y de inconformes. Además se asegura que las próximas elecciones serán una manifestación del cambio necesario para este chiste de mal gusto llamado Colombia. Ese iluso espíritu de transformación en medio de tanta corrupción y de tanta cochambre parece otra chanza incómoda. Es muy difícil que unos comicios electorales modifiquen nuestra risible y escalofriante realidad. Amanecerá y veremos.
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