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¿NO ERA MARTHA LA REINA?

Cínica Better
Por John Better
@turbajackson


Los concursos de belleza han sido, son y serán siempre simples distractores de la realidad inmediata. Más en países convulsionados como el nuestro. Llámese como quiera llamarse, un reinado es tan solo un mero divertimento: Miss Colombia, Miss Universo o Miss Panela; un evento de estos no representa en lo absoluto la mixtura étnica o cultural de Colombia. La reina es solo una tonta útil, un tótem publicitario cuya misión es llevar “la cara linda del país” por el mundo, porque las caras feas y obreras se quedan en casa haciendo mover los engranajes del país, mientras la 'Miss' aparece ataviada de strass y fauna-flora de bisutería pregonando: “My name is Regia Michelle and I come from Colombia”.

Por su parte, la comunidad gay nacional se ha dedicado durante años a hacer sus propias versiones de concursos de belleza de toda índole: Miss Colombia, Miss Universo, Miss Mundo, la Reina del Mar, la Reina de la Sal, la Reina de la Arracacha. Todos tienen versión gay homenajeando en cierta forma lo que la normalidad ha impuesto como eventos que se adscriben descaradamente a la escena cultural de la nación. Porque las reinas también tienen su touch intelectual, así sea para responder bestialidades ante preguntas medianamente inteligentes, Confusio puede dar fe de esto.

Tal vez lo más contradictorio de estas representaciones travestis, que en cierto modo deberían ser puestas en escena que critican lo que son estos eventos, es que parecen tomárselo tan en serio, al punto que la coronita de alambre y papel aluminio que disputan se convierte en un trofeo al que todas aspiran bajo cualquier medio, así sea poniéndole una cascara de banana en la pasarela a su rival.

Pero si alguien tuvo conciencia de que todo ese andamiaje que las discotecas LGBTI organizaban para distracción de sus asiduos consumidores era solo un show, un número de comicidad que terminaba con la impostura de un cetro y una banda, esa fue sin duda la diva e ícono de la noche gay barranquillera, Camelica Stephania Noreña. Debajo de sus ocurrentes chascarrillos que tiraba como cebollitas explosivas mientras una a una desfilaban las ‘misses’ travestidas, se escondía una verdad absoluta. Cada ridiculización hecha por Camélica a las concursantes no era más que una forma de decirles: “niñas esto es un circo, así que diviértanse”. Pero las aspirantes a reina se lo tomaban y se lo toman aún tan en serio que creen que al igual que una ‘miss’ convencional, ellas también “cumplen un papel”.

En esto punto abro un par de interrogantes: ¿Qué trascendencia tienen los concursos gay de belleza en la actualidad colombiana? ¿Qué visibilizan? ¿Por qué en vez de imitar lo ya establecido no se aventuran a realizar un Miss anti-homofobia gay? ¿O Miss prevención VIH gay? ¿A caso sólo es digno estrangularse los genitales, hacerse esa cirugía artesanal del amarre y el esparadrapo por una coronita de alambre, una botella de aguardiente y unos cuantos pesitos? Cierro mis cuestionamientos.

En redes sociales el tema de los reinados gay es ley. Haciendo un recorrido por algunas páginas podemos ver a las mariquillas empolvadas (en su mayoría muchachitos que nos sobrepasan los 20 años), algunos realmente bellos, otros, abominables criaturitas del averno que retiran el exceso de base con la punta de sus puñaletas. Es ya pan diario ver en sus muros de Facebook como se atacan unas a otras, como se hacen papillas con sus comentarios, opiniones de grueso calibre en el que la mala ortografía las hace lucir más demoníacas. Y flotando en medio de la riña virtual la CORONA, ese símbolo de estatus que las niñas travestis ven lucir en la cabeza de la Miss Colombia de turno. Y aunque la que ellas disputen no tenga esmeralda incrustada ni un sublime baño de oro y tan solo sea un armazón de piedras vulgares que brillan, vale la pena dar la batalla, endeudarse hasta las tetas que no poseen, meterle una zancadilla a esa debutante que dan por favorita. Se vale todo por el vacuo sueño de portar ese trofeo soñado, todo absolutamente todo, por ser por un instante la reina de la nada.

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