
NO COMPREMOS A LA POLICÍA
Ilustración: Fonso
Los "chupas" siempre han recibido billete por debajo de cuerda, pero ahora una norma los obliga a denunciar al menos un soborno a la semana. ¿Servirá de algo la medida? ¿Será esta una invitación efectiva a dejar de comprar a la autoridad?
Por Ángel Carrillo
@ einyeah
Como nota introductoria: siempre he considerado estéril esa rebeldía desbocada, poco argumentada, excitada y juvenil contra la policía. No porque esté de acuerdo con la milicia y su barbarie, sino porque cuando uno en realidad considera que alguna institución está violando equis o ye ley —derecho, principio ético—, lo más útil es informarse, inferir y, claro, no tener rabo de paja para de empezar a ladrar. Y es a falta de esto, precisamente, que algunas autoridades en el país —en el continente, en el mundo— abusan de su poder.
Entrando en cuestión, El Espectador, en su edición web del 10 de mayo, dio a conocer la supuesta nueva directriz trazada a la Policía de Tránsito, en la que “se obliga a realizar semanalmente una captura por el delito de cohecho”, es decir, por soborno. Creo necesario abordar el asunto desde los hechos que vivimos a diario en la calle.
Para empezar, no es un secreto que la Policía Nacional es una entidad inconsistente y oportunista hasta los dientes, involucrada en varios escándalos legales. Los agentes de policía, que deberían velar por nuestra seguridad en todas las formas posibles, usan el uniforme como instrumento de intimidación a diestra-siniestra y su conocimiento sobre los códigos (de la misma policía o el penal o el civil) es apenas básico. Si no me cree, agarre a un tombo desprevenido en la calle y pregúntele, por ejemplo, sobre la dosis personal legal.
En la nota publicada se dice que “(…) a El Espectador se acercó uno de los policías de tránsito que ha sido víctima de estas presiones y denunció que los propios jefes de área castigan a sus subalternos si no cumplen con el objetivo”.
Lo más grave de la noticia es, aparentemente, esta declaración de la fuente: “el policía agregó que han llegado a utilizar tácticas para inducir al conductor a que cometa el delito, por ejemplo, le dice: ‘¿y cómo vamos a arreglar?’, generando que el ciudadano termine por optar por pasar un dinero”.
Realmente deben creer que somos idiotas. Los tombos siempre han inducido al conductor al soborno y no necesariamente porque los estén obligando a mostrar resultados ( y cómo olvidar a Uribe y las sombrías revelaciones de finales del 2008, que involucraron al ejército en el asesinato de civiles para mostrar, también, ‘resultados’). Lo hacen para engordar su bolsillo. Por ejemplo, por rodar en Pico y Placa le piden al infractor 20 o 50 ‘pesitos’ y listo, “vaya y guarde el carro que nosotros lo escoltamos”.
Quien ha manejado en Bogotá sabe que la ley de tránsito es lo menos legal que existe. Para la muestra, este video publicado hace un tiempo por el portal Cambio, de City TV, donde se revela, con números de identificación, el fraude de algunos agentes. Entonces, ¿con qué criterio esta fuente sale a sollozar que los están obligando?
Sea o no verdad lo que le cuenta el policía a El Espectador sobre la forzada cacería de estos ‘falsos positivos al volante’, esa declaración, a ojos de cualquier persona con un ápice de lógica, no es más que una forma virulenta de dibujarlos como los mártires del cuento.
Las consecuencias por estos sobornos son gravísimas: cárcel por nueve años, una mancha imborrable en los antecedentes judiciales y multas de hasta 80 millones de pesos. Vaya uno a saber, de los cientos de policías que han recibido dinero ilegal, qué han pagado ellos.
Lo único rescatable de todo este absurdo es que quizás el negocio del ‘¿cómo quiere que lo ayude?’ de los uniformados se desinflará. Además, es probable que con esta medida los conductores dejen de patrocinar con descaro, por ahorrarse unos pesos, los desmanes de la policía.
Ya que estamos hirviendo en este caldo social de doble moral, quisiera recordarles que para que un negocio se sostenga es necesario contar con ambas partes: el vendedor y el comprador.
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