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MÚSICA Y ÉPOCAS

El lujo infinito
Por Sylvia Rodríguez
@Sylvaine

 

No creo que haya un momento de la vida, al menos de la mía, que pueda definirse sin música. Desde siempre mis recuerdos han estado acompañados de alguna melodía. De niña sonaban a salsa en los paseos a Ibagué; a la Orquesta Aragón y los Maraqueros de Oriente en los domingos de mi papá y también a Julio Iglesias en el trabajo de mi mamá y mis tías, sus fanáticas a morir.

La música ha determinado diferentes épocas y ha sido compañía infaltable en la historia del ser humano. Si no que lo digan los grandes maestros de la música clásica, los virtuosos del jazz y el blues. Incluso, no se puede negar que en las décadas de los 50 y 60 fue coprotagonista del cambio social. Es curioso darse cuenta como los Beatles tenían el pelo ‘largo’ y su música era muy ‘pesada’ para sus días, en comparación con los metaleros de finales de los 80 y principios de los 90, ellos sí con abundantes melenas y estridentes guitarras.

Durante la segunda mitad del siglo pasado, la revolución musical ayudó a consolidar una industria de seguidores enardecidos que consumieron trabajos discográficos, llenaron estadios y construyeron ídolos mediáticos.

El fenómeno engendró nuevas ondas acordes a los tiempos e incluso mutó para darle visibilidad a la contracultura, a los outsiders del mercado. Por ejemplo, el punk que nació en las calles de Londres muestra una cara diferente de la juventud y pone su sello en la evolución rítmica de los últimos 40 años. Este y otros géneros influyeron en el estilo de vida reciente definiendo el carácter de las últimas décadas.

En los 80, las largas melenas se batieron al ritmo de Poison, Tesla y Saigon Kick. En los 90, los jóvenes se acomodaron los sacos de lana y los jean roídos; hubo guitarras y voces rasgadas en el grunge que cohabitó con aquellos que se pintaron el pelo de colores, utilizaron diminutos morrales y escucharon las melodías alegres y comerciales del pop americano y europeo.

El cambio de milenio trajo una explosión de propuestas, grupos y fusiones. Tantas expresiones musicales que no han definido una década sino más bien momentos y cada vez pasan de manera más rápida para darle espacio al siguiente. No sé si tal vez en diez años podamos recordar cada época con un género, las propuestas desechables llegan y se van de tal manera que temo que las generaciones futuras no podrán definir sus momentos con un sonido en particular.

La esperanza reposa en aquellos ritmos que ayudaron a definir las tribus urbanas y los estilos de vida, quedándose en el colectivo no solo con su sonido, sino con su forma de vestir y con sus ideales. Claro, también están los que aman y defienden la buena música y se encargan de no dejar caer a los grandes en el olvido.

 

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