
¿LOS PERDEDORES DE ESTA ÉPOCA?
Ni héroes ni villanos. En cuestiones de género, más vale ir pensando en el equilibrio.
Por María Ximena Pineda
@anacaonax
Muchos de los lectores de esta columna se quejan constantemente de que a veces me voy lanza en ristre contra su género. La otra tarde, uno de ellos alzó su voz para quejarse. Me dijo que estaba cansado de que las mujeres los juzgáramos siempre como los villanos del cuento. Que se había dado cuenta de que los hombres eran los grandes perdedores de nuestra historia reciente.
Y tenía sus razones, por supuesto. Argüía que el feminismo los había relegado al injusto papel de malos. Afirmaba que en este mundo contemporáneo, si un hombre le pega a una mujer, saltan en su defensa los medios, las fundaciones o los gobiernos. Y sin importar la razón que tuviera el agresor, el hombre era acusado de canalla, sin posibilidad de apelación. En cambio, si una mujer le pegaba a un hombre, la sociedad entera estará a favor de la mujer, por su verraquera y valentía, sea cual fuera el caso.
La queja no paraba allí. El chico seguía desahogándose y afirmaba que hoy en día, con tanta liberación femenina, está mal visto que el hombre quiera mantener a la mujer para que esta, por su parte, se haga cargo de la casa, lo cual sería una muestra más de machismo exacerbado y del poder masculino de castrar los sueños de independencia de la mujer. Además, decía que en muchos casos también está mal visto que la mujer trabaje y el hombre se dedique a las labores del hogar, ya que por esto podría ser juzgado de pusilánime, arrimado, vago y mantenido por una mujer verraca y echada para adelante que se merecería a un mejor tipo. Siempre, siempre ganan las mujeres, decía con tono plañidero mi indignado interlocutor.
Al parecer, el estilo de vida de las mujeres contemporáneas es la Kriptonita del hombre moderno. Ante nuestra liberación están perdiendo todas las batallas, según afirmaba el lector. Así que, luego de la quejumbrosa declaración, me quedé pensando si tenía algo de razón. Y quizás sí la tiene: es posible que en la mayoría de los casos juzguemos a un “amo de casa contemporáneo” como un perdedor amañado; a un tipo que quiere mantener a su pareja como un “posesivo machista castrador” y a un hombre que le pegue a una mujer —incluso si es en defensa persona— como a un animal.
Creo que sí debemos cambiar el chip un poco, para poder ver en el amo de casa a un virtuoso cocinero y padre de familia; reconocer que si un hombre quiere mantener a su mujer no es un delito y que, con seguridad, lo hace porque ella quiere y se deja y, aceptar que la violencia no solamente viene de la mano del hombre. Según Medicina Legal, el año pasado se registraron 4,462 casos de hombres maltratados por sus parejas en el país, yo no digo que hay que pagar con la misma moneda, ni que se deba devolver un golpe con otro golpe, y reconozco que el hombre tiene físicamente más fuerza que nosotras, pero ¿qué pasa en el caso de que el hombre golpee a la mujer por cuestiones de defensa personal, emocional o sicológica? ¿No merece al menos un juicio menos brutal que el de la pena de muerte social que tácitamente le otorgan nuestras convenciones?
Así pues, quizá sea verdad que nuestros hombres contemporáneos lleven años sin ganar ninguna batalla, figurando de villanos y sin derecho a chistar palabra. ¿Será que se lo ganaron por culpa de sus antepasados machistas? De pronto tan sólo sea un fenómeno natural para equilibrar el poderío entre géneros. Lo cierto es que de pronto este insurgente caballero defensor de sus congéneres tenga razón y debamos dejarles ganar una que otra batalla, pues ostentar el título de perdedor por tanto tiempo debe ser humillante.
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