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LOS NUEVOS SEX SYMBOLS

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax

 

Hace diez años no nos hubiéramos imaginado que el niño nerd de gafas del colegio tuviera tanto potencial sexual como hoy en día. Hace diez años el chico popular era el sex symbol, el bonito, de buen cuerpo, deportista -ojalá-, en pocas palabras un pesado con corte “honguito” y cara de malo.

¿Por qué nos gustaba el malo? Hoy en día se me hace difícil entender cómo nos moríamos por un tipejo que lo único bueno que tenía era la cara.  Porque, claro, casi siempre ese malo no tenía mucho qué ofrecer en una conversación, tampoco se distinguía por su buen humor y mucho menos por su inteligencia. Además, su extraña adicción al gel, la mayoría de las veces, era un indicio de metrosexualidad.

Desde un punto de vista meramente científico, quizás ese gusto obedecía a nuestro instinto primitivo que reconocía en el macho con mayor fuerza corporal la garantía de una mayor consecución de recursos. Sin embargo, en el mundo tecnológico que vivimos hoy, la cosa es a otro precio pues, ahora, es la inteligencia la que garantiza el potencial para conseguir dichos recursos.

Si miramos el perfil profesional de varios de los ex nerds, ahora geeks, encontraremos hombres absolutamente exitosos, emprendedores, con gran credibilidad dentro de sus campos e, incluso, millonarios a una muy temprana edad.

Ahora, claro que habrá malos exitosos. Por supuesto. Sobre todo en este país. Pero hay algo claro, el villano ha perdido su sexappeal y le ha dado paso al chico de gafas con maestría o doctorado en MIT. Tienen tanto éxito los geeks que hasta los chicos malos están comprando gafas con marco tipo Woody Allen para engañar a las incautas. Sin embargo, no es fácil ser geek, su superioridad mental pronto los devela y no hay Manolo Cardona que pueda interpretarlos, ni con gafas.

No hay nada más erótico que la inteligencia. La inteligencia es fuente de buen humor, de sensibilidad, creatividad, innovación y sensualidad. Es muy probable que la misma dedicación y concentración que utilizan estos genios al resolver complicadas ecuaciones, o escribir dificilísimas programaciones de nuevos sistemas operativos, sea explotada en otros ámbitos más íntimos. No tengo ninguna duda.

Las modas hipster y vintage también han ayudado a reivindicar a nuestros genios –ya sin brackets y sin acné-. Gracias  a estas corrientes, ahora los geeks son tan apetecidos como los cubos de rubik, los nintendos, los acetatos, las películas viejas. En suma, son un tesoro.

Cada vez es más frecuente que queramos ser Penny la de Big Bang Theory y no Kelly la de Clase de Beverly Hills.  Además, al parecer, según afirma el doctor Satoshi Kanazawa, un psicólogo evolutivo de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, los hombres más inteligentes tienen menos probabilidades de engañar a su pareja ya que las relaciones exclusivas o monógamas se convierten en una novedad evolutiva para ellos.

Y sí, me considero una fanática de estos nuevos sex symbols. Encuentro absolutamente erótico que inventen sistemas operacionales que revolucionen el mundo tecnológico, resuelvan ecuaciones reveladoras sobre la física cuántica o jueguen extraños juegos que retan el coeficiente intelectual. Chicas, es un hecho, los geeks son los nuevos sex symbols y los chicos malos han pasado a la historia del desencanto y la anticoncepción.

 

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