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LAS CHICAS CULTIVADAS

Aunque no lo acepten de primerazo, a muchos hombres les excita una mujer con cerebro, o más bien, una mujer que ejercite el cerebro. ¿Usted también cree que la voluptuosidad femenina está lejos de ser uno de los mejores afrodisiacos?

Por María Ximena Pineda
@anacaonax

Cuando hablamos de “objeto del deseo masculino”, nuestra primera referencia es una vieja buena con busto y culo generosos y cintura de top model. Pero claro, lo que desean los tipos son viejas como las que ven en Soho, en Playboy, en televisión. A pesar de unos cuantos ejemplos de modelos empresarias, calificadas de “brillantes” reiteradamente por los medios de comunicación, este tipo de mujeres “objeto de deseo” no se caracterizan precisamente por su valor intelectual, sino por sus atributos, que demuestran su consagración al gimnasio.

Y sí, para un hombre debe ser absolutamente erótico poder acostarse con una de esas practicantes de pilates y de todo tipo de fitness. Un sueño hecho realidad, donde el atractivo físico es el encargado de provocar una explosión orgásmica casi pornográfica. Pero bien dice la sabiduría callejera: detrás de toda vieja buena hay un man mamado de comérsela.

Un amigo me confesaba el otro día que ya no le resultaba tan atractivo tener sexo con una de esas chicas exuberantes que abundan por la calle. Antes lo disfrutaba, hasta que conoció a una chica “cultivada” y se le dañó el norte, pues se dio cuenta de que una buena conversación y un cierto nivel intelectual eran un excelente afrodisíaco. Ahora, según me dijo, busca “chicas intelectuales”, porque las tetas operadas y los culos de gimnasio ya no son suficientes.

Me acordé entonces de un texto de Woody Allen que se llama La puta de Mensa, que trata sobre una red de mujeres instruidas que complacen a hombres cuyas mujeres nos les dan la talla intelectualmente. Los tipos llaman y piden conversaciones acerca de Melville, Hawthorne, Blake y pagan hasta 100 dólares por una hora de charla con espesor literario. Quien narra la historia es un detective que contrata a una de estas chicas cultivadas, fingiendo ser un cliente para lograr desmantelar esta red de prostitución intelectual. La chica, al verse pillada, le ruega al detective que la perdone, pues había aceptado el trabajo porque necesitaba la plata para pagar un doctorado en literatura comparada, ya que le habían negado una beca dos veces.

Con el sarcástico humor que caracteriza a Woody Allen, el autor pone de manifiesto la importancia de una mujer con cerebro en un mundo en el que reinan las protuberancias biopolimerizadas, donde no sería descabellado tener que llegar al extremo de  pagar por una conversación que valga la pena.

Así como los geeks están de moda en el escenario erótico femenino, al parecer las chicas cultivadas son potenciales “sex symbols”. Si bien no hablan sobre Noam Chomsky durante el preámbulo —como en la parodia que hace Allen—, sí tienen la capacidad de ponerles un desafío —más allá de lo físico— a los hombres en la cama. No hay nada más erótico para algunos hombres que dominar entre las sábanas a una mujer que intelectualmente lo aventaja.

El sexo entre una chica Colombiana cultivada y un hombre atraído por su capacidad mental puede llegar a ser una lucha de poder, un campo de batalla donde el macho finalmente logra dominarla y someterla de una manera en la que no podría hacerlo en otros escenarios como el laboral o el académico. He aquí lo verdaderamente erótico.

Así las cosas, entiendo a mi amigo frustrado ante tanta barbie sumisa. Más allá de sus atributos físicos, ya no encuentra ningún tipo de reto. Nada hay de erótico en dominar y someter en la cama a una mujer que en casi todos los demás escenarios de la vida sería igual de fácil de dominar y someter.

Desafortunadamente para mi amigo, esta red de chicas instruidas es parte de una ficción al mejor estilo de Woody Allen. Le deseo lo mejor en su búsqueda, recordándole que las mujeres cultivadas no abundan tanto como las siliconadas, pero que las hay las hay.

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