Ud se encuentra aquí INICIO Opinion La Presidencia Ese Asalto Donde No Muere La Victima
Cartel Urbano
M

LA PRESIDENCIA: ESE ASALTO DONDE NO MUERE LA VÍCTIMA

Ilustración: Fonso

“Podrán desestabilizar la estructura física y los recursos de Colombia con el fin de llenar sus estómagos, pero no tendrán cómo meterse con el espíritu de este raro país que es muchos países, que ha producido científicos, pensadores, deportistas y artistas envidiados en cada rincón del planeta”.

Por Darío Rodríguez
@etinEspartaego

Pasará lo que tenga que pasar. Se elegirá como presidente de la república al abusivo, al delincuente. El congreso en pleno acordará con el recién elegido las estrategias para seguir hundiendo este barco descompuesto llamado Colombia. Sucederá lo que deba suceder. Las religiones del poder, del entretenimiento y del comercio continuarán sus cruzadas con el fin de enajenar y dañar a más y más personas; nadie podrá detenerlas porque no se frena a un terremoto ni a una avalancha a punta de lamentos escritos sobre pantallas, marchas multitudinarias durante cuatro horas, efímeras denuncias en la televisión, la radio, los periódicos. Vendrá lo inevitable, lo que no tiene vuelta de hoja.

Y sin embargo sobreviviremos a estas elecciones presidenciales, a esta nueva temporada para el delito con credenciales gubernamentales. Si las guerras civiles del siglo XIX o los robos constantes de territorio que nos han prodigado Estados Unidos o Nicaragua no consiguieron borrarnos como país, no podrán hacerlo estos patanes que espían, pactan con narcotraficantes disfrazados de guerrilleros, hablan de educación o de prosperidad mientras nos hunden el puñal y nos desuellan jurando que es por nuestro bien, que están haciéndonos un gran favor.

A esos personajes que preparan una nueva celada, una nueva toma por asalto de Colombia hay que recordarles qué clase de tierra es esta. Por cada cien o mil o doscientos mil electores humillados y comprados mediante almuerzos, camisetas y licor, existe un talento inusitado en educadores de provincia como ese profesor de Ciénega (Boyacá) que enseña robótica a sus alumnos, existen instituciones dignas entre tantos escupitajos, tanta miseria, como el Colegio del Cuerpo en Cartagena, donde se educa en el arte de la danza al tiempo que se instruye en el arte de ser humano, como el Instituto Caro y Cuervo, donde se investiga nuestro idioma porque sus miembros son conscientes del valor que posee el castellano para la construcción de un pensamiento menos delincuencial.

Por cada maquinaria, rosca o pandilla de políticos aberrantes, subsiste una fuerte tradición artística (compositores musicales inigualables, de Antonio María Valencia a Francisco Zumaqué; artistas plásticos de altura universal como Doris Salcedo; escritores cercanos al genio como Evelio Rosero o Tomás González, por mencionar solo unos cuantos ejemplos) imposible de negar u ocultar. Ahí, en nuestros creadores, reside el alma de este territorio carcomido por multinacionales y dirigentes asnales. Es ahí, en el impulso estético y en las pequeñas éticas del ciudadano común, donde precisamente jamás podrán atacarnos esos caudillos patéticos, esos bribones que se presentan como salvadores ya desde el gelatinoso discurso de la paz, ya desde la bélica elocuencia que ve a Fidel Castro o a Hugo Chávez en cualquier contradictor.

Que venga lo que venga. Pese a tanta indignación de gritos al vacío y a tanta impotencia, atesoramos la dignidad real de esta nación representada en quienes no vociferan para la televisión ni empuñan fusiles a la hora de hacerse oír, en quienes desempeñan su modesto trabajo lo mejor que pueden. Resistiremos al desastre con aquellas tretas del débil de las cuales habló alguna vez la poeta Piedad Bonnett. Podrán desestabilizar la estructura física y los recursos de Colombia con el fin de llenar sus estómagos, pero no tendrán cómo meterse con el espíritu de este raro país que es muchos países, de este lugar mojigato y sin movimientos sociales que no obstante ha producido científicos, pensadores, deportistas y artistas envidiados en cada rincón del planeta.

Sean los cómplices de Uribe que vienen a asaltarnos por la fuerza, sean los de Santos que vienen a asaltarnos con la excusa de la paz, sus actos delictivos bajo la capucha de acciones estatales serán semejantes a esos atracos callejeros donde se hurta dinero, ropas y alhajas pero no se liquida a la víctima. Porque hay algo que esos poderosos rufianes no saben y ni siquiera sospechan: aún hay gente lúcida e inteligente aquí, y por esa misma razón es imposible eliminar a quienes van a robar. Que ni lo intenten porque fracasarán. En ese punto leve reside la única esperanza que nos queda.

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

Comentar con facebook