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LA MASCULINIDAD ESTÁ EN RIESGO

No es un eufemismo
Por Gabriela Santamaría
 
No es un eufemismo
Por Gabriela Santamaría
 
En los estudios de género existe desde hace unos 15 o 10 años una tendencia de la cual pocos conocen pero que no solo se ha sostenido, sino que además ha ido levantando interés de manera lenta pero segura: los estudios de masculinidad. En esta categoría competen todas las investigaciones que buscan identificar fenómenos alrededor de los roles de los hombres en sociedad que, según concluyen los estudios, están en riesgo. Esto incluye, por supuesto, en qué ha cambiado y qué se ha mantenido.

No les voy a mentir, la idea es más que extraña para mí no porque no reconozca que las definiciones de géneros y sus roles han cambiado sino porque es difícil entender cómo el género que ha estado históricamente beneficiado pueda sentirse perjudicado. Pero es cierto.

Una antigua, casi arcaica, visión de la masculinidad estaría asociada con los valores de una sociedad patriarcal. Los hombres son fuertes, valientes, líderes, seguros, insensibles y los ganadores, el primer puesto, de toda competencia. Por mucho tiempo se les obligó a los hombres ser un macho alfa; aquellos que querían tener un rol parecido a las mujeres, que para esos momentos era ser pasivas y domésticas, no podían. Muy parecido a las mujeres, que querían asumir roles activos y determinantes pero se les obligaba a mantener el status quo.

El problema entonces del replanteamiento de los roles tradicionales es que al estar orientados por mujeres y para mujeres se logró solamente un cambio en los roles femeninos. Estos cambios fueron los que permitieron el trabajo, la liberación sexual y posibilidades de educación para nosotras, pero que en términos culturales crearon un resentimiento por parte de los hombres. ¿Y ellos qué?

Los expertos de las masculinidades proponen que debe haber una pluralidad de significados del término para que no solo represente aquellos valores tradicionales, sino que haya opciones para quienes no quieres alinearse con la idea de una sociedad patriarcal. ¿Qué quiere decir esto? Que ser un deportista es igual de “masculino” a ser un abogado, amo de casa o bailarín. Y de esta forma lograr que los hombres tengan también las posibilidades de ser, producto de la revolución de los roles de género.

Como feminista yo apoyo cualquier tipo de movimiento que reivindique injusticias o discriminaciones producidas por género, estas incluyen también en las que los hombres son las víctimas. Sin embargo, detecto un problema con el fenómeno de la crisis de la masculinidad. Y esta es, irónicamente, la falta de hombres en el movimiento.

Las mujeres, al verse afectadas de manera sistemática a través del transcurso de la historia, eventualmente se unieron y enfrentaron los problemas de exclusión. Los afrodescendientes se enfrentaron a la segregación racial después de años de esclavitud, maltrato y matoneo legal. Y ese hombre que asociamos con la masculinidad tradicional, ¿quién es? Un hombre blanco, heterosexual y poderoso. Nadie lo llamaría una víctima, incluso él mismo pueda tener problemas para definirse así.

Lo que le queda a los hombres si quieren reivindicación son dos opciones: o esperar a que su situación de poder se revierta totalmente y después de años de abuso quieran enfrentarla o empezar desde ahora a reconocer todo tipo de discriminaciones (incluso las que no les afectan) y así solucionarlas, antes de que aquel gigante blanco ya no tenga las herramientas para ser la figura privilegiada. 

 

 
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