
LA MARICA ADJUNTA
Correveidiles, asistontos, lamesuelas hay en todos los gremios y comunidades. En el mundo gay, algunos llaman a los aduladores de las locas veteranas “maricas adjuntas”.
Por John Better
@johnbetter69
Es probable que la marica adjunta ignore el significado del término “adjunto” y que no reconozca, tras leer este texto, ser una marica adjunta. En el mundillo marica, llámense serias, partidísimas, travestis, musculocas, de mejores castas, intelectualoides (desde escritoras queer hasta docentes de bellas artes), y toda la variedad que el hoyo anal excrementa sobre la sociedad, siempre habrá una marica adjunta.
En Barranquilla, particularmente, la marica adjunta es una de las especies más extrañas e indescifrables. Por lo general, viene como parte de la decoración de una loca popularísima o de un gueto maricoide famoso, ya sea por sus pérfidas lenguas, sus shows de transformismo, su buen vestir, o su acción social en el campo de la defensa por los derechos LGBTIJKLMNÑOPQ.
La marica adjunta no siempre es fácil de detectar. En el caso de las asistentes de reconocidas trans, las podemos ver todo la noche cargándole el bolso lleno de cosméticos, pasándole el espejo-navaja o el labial, dándole con la poma toquecitos pegajosos en el rostro caótico de la loca, o simplemente advirtiéndole a la patrona sobre la evidencia de algún rastro de cocaína en sus aletas nasales.
Son maricas silenciosas. Casi nadie conoce sus pasados y ellas ignoran sus futuros. La marica adjunta no envidia a su mentora, por el contrario, a veces incluso siente lástima por alguien que no puede valerse por sí misma.
En el caso de los corrillos de locas, esos grupitos que se hacen célebres de la noche a la mañana en el mundo nocturno gay, la marica adjunta no sobresale dentro de ellos. Allí es apenas un satélite pálido y poroso tratando de darse un lugar en la competida galaxia del reconocimiento marilocal, casi como una piedra pómez que luego de ser usada por cada una de las locas del séquito, se conforma con el poco espacio de aire y fama que este le permite respirar.
Frases como estas te ayudarán a sospechar que te están tomando por una marica adjunta: “tenme aquí”, “llévame esto”, “tráeme aquello”, “sostenme el trago”, “mira que no venga nadie”.
Por lo general, la marica adjunta es la que hace los mandados del grupo: va por los cigarrillos, compra el arroz chino y la Kola Postobon cuando el resto muere de inanición a causa de una tarde de ocio y mariyerba. También es la que en circunstancias de inesperadas aventurillas sexuales, en plena calle, a horas cómplices de la madrugada, echa un vistazo para evitar que la policía sorprenda al resto del grupo interpretando una sinfonía oral a una cuadrilla de vigilantes bajo las escaleras de algún centro comercial.
Así de fiel es la marica adjunta. Recibe con estoicismo las humillaciones, nunca opina, y cuando decide hacerlo nadie parece prestarle atención. ¡Error! Se han conocido casos, uno de los más sonados ocurrido en Lima en febrero del 2009: una marica adjunta dio su opinión en medio de una pollada gay. Ninguna de su grupo procuró prestarle atención. A los pocos días, las mariquillas en cuestión fueron muriendo una a una. Inca Colas y labiales envenenados, tacones con sus puntas llenas de explosivos, fueron algunos de los métodos empleados. Se supo que todo fue obra de una marica adjunta hastiada de tantos abusos.
Hace pocos días vi a una marica adjunta en la barra de una disco gay de Barranquilla. Esperando a que un barman lento me sirviera mi veneno festivo, de pronto me dio por mirar a un lado: un jovencito de escasos 19 años, como con cien vasos plásticos en la mano, me ofreció una tierna sonrisa y me dijo:
- Aquí sí se demoran para atender.
- Solo un poco -le respondí, tratando de darle ánimos.
Servido mi trago, volví al lado de Salma Katiuska, mi inseparable amiga de copas. El barman llenó los vasos del chico, a quien un grupo de locas perversas le rapó los tragos en fracción de segundos.
Me quedé mirándolo con compasión.
- ¿Lo conoces? -me preguntó Salma Katiuska.
- No, pero he visto a miles como él durante años. Es lo que se conoce como una marica adjunta.
- ¿Y eso qué es, niña?
- Después te explico, nena. Sostenme el trago, ya vuelvo.