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LA MALA HORA DEL MADRID

La Rabona

Por Iván Salazar

 

Mientras el Barcelona de Tito galopa en solitario hacia la meta, los merengues, después de una temporada en la que amenazaron seriamente la hegemonía blaugrana, viven todo un pandemónium. Es decir, las cosas parecen volver a su lugar.

Las razones son varias, pero en síntesis la crisis del Madrid se podría resumir de la siguiente manera: el campeón ha perdido la pegada. ¡Punto!

Y es que, en términos pugilísticos, el Madrid era un noqueador, una especie de Mike Tyson, que a golpes amedrentaba a sus rivales. ¡Uno, dos, tres, y todos caían a la lona! Pero ahora, como un león sin dientes, los ataca de manera inofensiva y, cuando éstos se dan cuenta, hasta con una pistola de agua lo despachan del tinglado.

Como atenuante, los de Mou han contado con una dosis extra de mala suerte. Diecisiete tiros asestados a los palos, lo que en plata blanca equivale a ocho puntos. Todo un capital en una liga tan difícil. Sin embargo, revisando el desempeño individual, se podría decir que el bajonazo no es sólo cuestión de cómo caen los dados a la mesa. ¡No!

Veamos. Su portero y capitán, Iker, que a punta de imposibles atajadas siempre salía como héroe, este semestre ha sufrido una merma inexplicable. A veces de dos tiros son dos goles. La defensa, en alerta roja desde la salida de Marcelo por lesión, ha hecho aguas una y otra vez. De ella no se salvan ni siquiera la pareja de centrales, los otrora impasables Ramos —acierto de Mourinho— y Pepe. Özil, aunque viene en franca mejoría, hasta hace poco parecía un fantasma deambulando en campo santo.  Di María, que se excede como ningún otro jugador en el transporte del balón, hace una de cal y otra de arena. Xabi corre como loco tratando detener la fisura de la nave, pero luce atropellado. Muy solo en realidad porque Khedira, que también se ha perdido varios partidos por lesión, apenas está volviendo a ser el pilar del medio campo. Coentrao, así como sus dos insignes delanteros, Higuaín y Benzema, fundamentales en el aparato noqueador, han pasado más tiempo en el doctor que guerreando balones en el área. A Modric, que sin duda es talentoso, le falta continuidad. Kaká está subutilizado. Essien no encuentra su lugar. Arbeloa, bueno, es Arbeloa. Y lo peor es que Mourinho, quien a pesar de lo que digan sus cada vez más numerosos contradictores ha hecho lo que prometió: pelear de tú a tú con el encopetado Barcelona, da declaraciones que dividen hacia dentro y confunden hacia afuera.

Así, del naufragio, se salvan Callejón y Cristiano. Dos golondrinas que no hacen verano.

Ahora bien, ¿podrá Mou —el único técnico que ha logrado someter con cierta regularidad al indestronable Barcelona— meterle mano a su Ferrari y sincronizarlo de cara a lo que viene? Una pregunta cuya respuesta es bien difícil de plantear teniendo en cuenta que la luna de miel entre él y su plantilla se acabó, que la liga 2013 salió del espectro de sus posibilidades mucho antes de lo que cualquier detractor hubiera imaginado y que ahora la presión psicológica no juega a su favor.

Vaticinios: 1) A pesar del excelentísimo nivel mostrado por Cristiano, el Balón de Oro recaerá merecidamente en manos de Messi. 2) Mourinho saldrá del Madrid en enero sino supera al Manchester United. 3) Si supera al United, saldrá al final de la temporada 2013 pero seguirá siendo el terror culé vaya a donde vaya. 

 

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