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LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL MAN

En la otra esquina

Por Harvey Murcia

 

Te vi a los ojos. Te sentí profunda, vertiginosa. Me viste a los ojos y comprendí la contundencia de tu mirada; sí, esa violenta, inquisidora y desilusionante mirada. Me sentí como un completo imbécil. ¿Cómo se me ha ocurrido preguntar semejante exabrupto? ¿Cómo? Me quedé inmóvil un segundo, tratando de encontrar algún pretexto para salir de la situación. Absorto vi como te vestías, te arreglabas y te ibas. Un beso en la frente cerró la noche. Un beso que se da a los niños cándidos, a esos medio tarados.

Decepcionado de mí, de la circunstancia busqué refugio en las palabras sabias de mis amigos.  Esos despistados, medio abstraídos y poco coherentes. Con algo de esfuerzo escucharon la situación que había vivido; sólo pregunté “¿te gustó?” y eso fue suficiente para que me abandonara. Es justo que lo sepa, les dije, es correcto saber si se está por encima del promedio. Si fui mejor que su ex. Manifestaron que no entendían nada, que mejor se iban. En esto, algunas chicas llegaron al café en el que me encontraba. Me armé de valor, me acerqué y luego de presentar mis credenciales, para que no pensaran que era un depravado, les pedí ayuda.

Quiero que me iluminen expresé. Quiero conocer la ciencia oculta de las frases para chicas. Al comienzo se rieron, con esa expresión de “pobre de ti”. Luego de explicar la situación vivida y de sentir nuevamente la mirada inquisidora empezaron a dialogar. Mira, “te gustó” es lo más mañé del mundo, dijo la de los bucles. La pregunta es egoísta, y perversa, alimenta la idea del macho que sólo piensa en lo carnal y lo machista.

La rubia con una risita burlona expresó cómo después de estar con un tipo, este la había acariciado y le había dicho mi amor eres la mejor amante que he tenido. Ella, le ahogó la siguiente frase con un dedo sobre la boca. El tipo, que para la altura de la situación ya era un chiquillo, sólo dijo: es la fuerza de la costumbre! Ah? ¿Qué significa eso? ¿Por quién nos toman?

La chica con cara de intelectual, sorbió un poco de su te. Con voz pausada expresó que la mayoría de los hombres tendíamos a la estupidez de la pregunta por cuestión de método; nunca piensan antes de hablar. Lanzan la pregunta y luego se dan cuenta de que algo falló. Pasadas varias horas lo descubren pero ya es tarde. Y lo divertido es que algunas mujeres creemos que son tiernos y amorosos; pero con el tiempo descubrimos que tienen una cierta imperfección. Claro, no todos.

Maestros de la obviedad, se atreven a expresar las cosas más tontas y elementales dizque para seducirnos o iniciar una conversación.  Dicen tantas ridiculeces que en realidad no ponemos atención, sólo movemos la cabeza. Creen que nos importan sus aventuras de rumba, o de deportes!

Me fueron embistiendo, me fueron describiendo. Enrojecido y con la boca abierta las escuchaba. No podía creer que fuéramos tan recurrentes, tan carentes de creatividad. Sus historias una tras una, recordaban que algo se ha extraviado cuando dejamos de lado la sensualidad y la pasión por la levedad y la ligereza.

  

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