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LA DICTADURA DE LAS TETAS

No es un eufemismo
Por Gabriela Santamaría
@gabystama

 

El mundo está hablando de las tetas de Angelina Jolie. Eso no es nuevo, Angelina es un sex symbol, lo raro sería que no habláramos de estas. Sin embargo, una cosa sí cambió y es por qué lo hacemos. Angelina Jolie se mandó a hacer una doble mastectomía porque su familia tenía antecedentes de cáncer y un examen reveló que tenía un 87% de probabilidad de adquirir la enfermedad. La cirugía se hizo porque quería tener control sobre su salud, porque quería lo mejor para su familia, porque después de mucho pensarlo consideró que era lo mejor que podía hacer. ¿Cuál fue la respuesta de los tabloides? Preguntarse si Angie seguiría siendo un sex symbol ahora que había perdido su ‘femineidad natural’.

En abril de este año Heidi Klum salvó a su hijo y a sus dos niñeras de ahogarse en el mar durante sus vacaciones en Hawái. Mientras lo hacía, una corriente le corrió la parte de arriba de su bikini y los titulares que informaban al respecto leían en su mayoría: ¡Heidi Klum muestra su pezón por accidente! Abajo un lead más pequeño informaba, casi por obligación, que había salvado tres vidas.

Tengo un problema con la lista de prioridades de los medios y la sociedad: está muy arriba el busto de una mujer. Qué obsesión. Después de la liposucción, la cirugía plástica de senos es la operación más común que se practica. En 2010 se realizaron 296,203 cirugías de aumento y 89,931 levantamientos de seno. Y no es que me moleste que haya quién se opere las tetas (me parece una decisión completamente respetable hecha sobre el propio cuerpo para tener control, para ser feliz, para ser dueñas de sí mismas), mi problema es que eso que le pertenece a cada una de nosotras, algo tan personal, funcione casi como una imposición. Una celebridad es una figura pública, los medios vuelven su cuerpo una cárcel, ¿pero y las mujeres normales? Nosotras también sufrimos la dictadura de las tetas pero a manos de la sociedad.

Esta semana en Washington, Estados Unidos a Brittany Minder, una estudiante común y corriente, no le permitieron entrar a su prom porque era muy tetona. El bachillerato Central Kitsap permitía en su reglamento que se usaran vestidos strapless con tal de que no se mostrara un escote muy profundo y, a pesar de que cumplió las reglas, no fue hasta que Brittany se cubrió el pecho con un chal que le permitieron entrar. Tras irse del evento después de una hora dijo ante las noticias que ella era una chica de pechos grandes y “tengo más escote para ver, no hay nada que pueda hacer al respecto”.

En Costa Rica, a principio de año, 100 mujeres se movilizaron en señal de protesta amamantando a sus bebés en la plazoleta de comidas del centro comercial que había impedido que Patricia Barrentes, una madre cualquiera, alimentara a su bebé en público; un oficial de seguridad la había detenido diciéndole que ese tipo de comportamientos estaban prohibidos y que había un cuarto privado para hacer eso. Amamantar a un bebé es algo completamente natural, no debe estar censurado. No se trata de convivencia o de ser civilizados, se trata de alimentar a un bebé. Nada más.

Hacemos parte de esa jaula que es nuestro cuerpo. La dictadura consiste en que al ser mujer estamos totalmente amarradas a nuestros senos: yo soy mi pecho y por ende soy culpable de lo que hacen, de lo que no hacen, de lo que los otros piensan de ellas, de qué tan grandes son. Está mal mostrarlas porque eres puta o atentas contra la convivencia. Está mal no mostrarlas porque eres una mojigata no femenina. Y no es que no entienda el encanto, seamos honestos, son muy lindas. Pero tampoco, no mueven el mundo, no son el presidente de una nación, ni siquiera pueden arreglar la hambruna mundial.

Entonces, ¿qué quieren de mí, de mi busto? ¿Saben yo qué quiero? que las dejen en paz.

 

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