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INSIGNIFICANTES ESPACIOS DE OPINIÓN

Peor es posible
Por Darío Rodríguez
@etinEspartaego


Quizás no vale la pena sostener un sitio de opinión dentro de este rincón web llamado CARTEL URBANO, ni dentro de ningún medio comunicativo. Comentar lo que acontece –fútil, banal hasta la enfermedad en la mayoría de casos– es un despropósito no solo porque el texto pasa con muchísima pena y poca gloria entre el remolino de columnas y blogs que inunda la Red (los lectores auténticos siempre han sido escasos; vivimos en épocas de literal idolatría hacia las imágenes, resulta más cómodo consultar un meme o examinar fotografías impactantes que sentarse durante diez minutos al difícil empeño de leer bien unos cuantos párrafos) sino, además, porque esta forma escrita denominada columna hace bastante tiempo que se está viendo equiparada, cuando no reemplazada, por el pequeño, ágil y efectivo comentario del lector en Facebook, Twitter, Tumblr y en los foros de las páginas electrónicas.

Quizás los columnistas de nuestro tiempo son en realidad los lectores ocasionales, con su vocabulario sicarial y sus discursos prejuiciosos. Incluso requieren unos pocos caracteres para desempeñar el efímero trabajo de alabar o denostar. Ya han hecho carrera sus frases, que se copian los unos a los otros imaginando haber descubierto grandes perlas de ingenio, “País inviable”, “País sin memoria”, “Leí ese artículo y solo puedo decir que he perdido quince minutos de mi vida”. Para no citar completos los gruñidos, abreviaturas, mugidos y onomatopeyas que distinguen a otros comentaristas –columnistas de corto vuelo: “Ja ja ja ja”, “WTF”, “Pfff”-. Los fanáticos del “Like” y de los emoticones quedan, por cierto, fuera de concurso.

Quizás redactar una visión personal de la actualidad y publicarla sea simplemente un vano oficio, como nombraba el escritor peruano Iván Thays a su programa televisivo en torno a libros, lectura y literaturas. Saber que la analfabeta funcional y modelo Carolina Cruz regenta una columna como esta en la revista ALÓ debería bastarle a quien desea opinar por escrito para cavar un foso y ocultarse allí guardando sigilo y silencio, para jamás escribir ni una sola palabra.

Quizás el problema de tribunas como esta no resida en el sinnúmero de columnistas sino en algo más grave y no muy evidente: una epidemia de pobreza en la atención, en el análisis. La denuncia el escritor argentino Hernán Casciari cuando afirma que estamos tratando de ver, leer, entender cinco o diez asuntos al mismo tiempo, y muy de prisa. Observamos demasiada información, tal vez. Y tal vez hayamos perdido la capacidad de permanecer atentos, la cualidad del detenimiento.

Quizás.

Pero quizás ¿por qué no? sea necesario un grupo reducido de comentaristas sin premuras dispuestos a resaltar detalles, a mirar otros semblantes de noticias, tendencias, comportamientos. Aunque parezca tan fácil escribir (no lo es, nunca lo ha sido), aunque los lectores de verdad conformen una minoría, aunque se tergiverse y se interprete sin responsabilidad lo publicado. En algún recodo de esa sopa venenosa a la que se nombra por decencia “Opinión Pública”, algunas personas armadas de palabras y propuestas tienen que fomentar debates con altura. Pese al clima superficial e intrascendente que nos gobierna, las cartas en el buzón del viento (al decir del poeta Juan Manuel Roca), los mensajes dentro de botellas arrojadas al mar cada semana, deben continuar su curso. De manera que las conversaciones den giros insospechados, de modo que otras personas adquieran argumentos, los discutan y aprueben o los perforen a tiros.

Con “Blasfémina”, la columna vecina escrita por María Ximena Pineda, “Peor es posible” cumple dos años ininterrumpidos en CARTEL URBANO. Y quizás convenga decir, en últimas, que a pesar de los cuantiosos obstáculos todavía tiene sentido continuar poniendo en cuestión y en discusión temáticas culturales o cotidianas. Los verdaderos lectores deben estar vivos, refugiándose en alguna catacumba; por ellos se escriben estas entregas semanales. Aún no es el momento de callar.

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

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