
HUEVOS SANTOS
Para pasar la resaca de Semana Santa, los dejamos con las “reflexiones” paganas de esta discípula de Ishtar, la diosa del desenfreno y el sexo, que nos recuerda lo que ya escribió García Márquez en El amor en los tiempos del cólera: “Uno viene al mundo con sus polvos contados, y los que no se usan por cualquier causa, propia o ajena, voluntaria o forzosa, se pierden para siempre…”.
Blasfémina
Por María Ximena Pineda
Para pasar la resaca de Semana Santa, los dejamos con las “reflexiones” paganas de esta discípula de Ishtar, la diosa del desenfreno y el sexo, que nos recuerda lo que ya escribió García Márquez en El amor en los tiempos del cólera: “Uno viene al mundo con sus polvos contados, y los que no se usan por cualquier causa, propia o ajena, voluntaria o forzosa, se pierden para siempre…”.
Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax
Para cerrar con broche de oro la Semana Santa, tenemos el domingo de pascua como para que no digan que esta celebración no tiene huevo. El domingo de pascua es para los cristianos el día en que Jesús resucita luego de haber muerto en la cruz, pero también se dice que es el comienzo de la pascua, una fiesta que tiene su origen en una tradición pagana de Asiria y Babilona llamada Ishtar, gracias al nombre de la diosa del sexo y la fertilidad.
Los huevos y los conejos eran los símbolos de esta diosa pagana y aún se conservan en algunas celebraciones occidentales de pascua. Irónico que mientras a los cristianos nos han llenado de miedo diciéndonos que si tenemos sexo el viernes santo nos quedamos pegados, la diosa Ishtar nos incita a echarnos no uno, sino varios huevos.
Mientras la iglesia católica nos vende el cuento de que un tipo gravemente torturado durante días y expuesto a sol y a la sombra de manera inclemente puede resucitar, la fiesta pagana de pascua nos insiste en que celebremos el sexo y la fertilidad, o sea la vida.
Mientras la celebración cristiana nos prohíbe las carnes rojas, la fiesta pagana nos llama a que degustemos la carne de cuanto cristiano, judío o pagano tengamos al frente: negro, rojo, amarillo o blanco. El hecho es celebrar la sexualidad.
Los católicos crecimos aprendiendo, casi por instinto o imitación, a celebrar la Semana Santa como una época de recogimiento, época para espiar pecados y limpiar nuestras almas mundanas e indignas a punta de ramos o palmas de olivo que parecen chamizos, o a punta de atún y sardinas cuando no hay para salmón.
Dentro de nuestra celebración cristiana de Semana Santa no existe la palabra sexo y la fertilidad casi que suena a pecado. Lo ideal para esta fecha va más por el lado de pasar hambre y contener todo tipo de deseo carnal que nos habite. Y así vivimos los pueblos cristianos ocho días de procesiones y misas de más de una hora, de descanso moderado, de agradecer a latigazos que Jesús haya muerto por nosotros en la cruz.
Ahora bien, los símbolos de la Pascua, reinterpretados por el marketing gringo, como el conejo angelical que trae huevos de colores con caritas felices a los niños como si fuera papá Noel, tampoco tienen nada qué ver con la original celebración a la diosa Ishtar, para quien sería mejor que empezáramos a fornicar como conejos, otorgándoles con un huevo a nuestros compañeros paganos el placer de la sexualidad en toda su plenitud.
No deja de ser chocante la cercanía de estas dos fiestas tan contradictorias en su esencia, y aún más chocante que la mayoría de quienes las celebramos nos quedemos con la versión timorata y oscura que nos vende el cristianismo cuando, por naturaleza, nos coincide más el espíritu pagano que promueve Ishtar con su celebración a la sexualidad y a la reproducción, es decir, con su celebración a la vida.
A mí que me envuelvan esos viacrucis tipo comparsa que llenan tantas calles de América Latina, el atún, las sardinas, el bocachico y todos los pescados que estén en rebaja el viernes santo. Que me envuelvan el cuento de que uno puede resucitar y, por ahí derecho, las cenizas con que nos hemos marcado previamente la frente cual si fuéramos ganado… de Dios, claro está.
Si Dios fue clavado en la cruz no veo por qué nosotros no podemos clavarnos también. Por eso celebro Ishtar. ¡A fornicar como conejos y más quienes no tuvimos presupuesto ni para visitar algún balneario vecino! Que vivan la sexualidad y la fertilidad, que tengamos la fortuna de quedarnos pegados para, así, propiciar más orgasmos. Que los ritos cristianos de Semana Santa tengan huevo, pero del bueno, y que nos podamos echar cuantos huevos santos sean posibles en nombre de la pascua pagana o de quien sea.