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EYACULADOR PROMEDIO

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax


Todavía no entiendo a esos hombres que creen que por demorarse en venirse son mejores polvos. No es cierto. No me canso de escuchar amigas que viven cansadas de que el tipo quiera posponer su orgasmo pensando que es la mejor forma de complacernos. No lo es, nosotras nos cansamos y, con bastante frecuencia, nos venimos en otro momento totalmente distinto a la penetración.

Don juanes, no alarguen sus 10 segundos de placer porque no van a acelerar nuestro orgasmo. Al contrario, uno se aburre y empieza a decir “¿a qué horas se va a venir este man? O ¿cómo le explico que no es Nacho Vidal y que porque dure quince minutos más aguantándose una venida no se convierte en un mejor polvo?

Todo tiene una explicación, ese afán de ser un eyaculador tardío proviene, según una fuente fiel, de la adolescencia, cuando el ejercicio primordial del hombre es hacerse la paja, oficio que, según mi fuente, a los quince se hace con mucha velocidad y bastantes veces al día, razón que convierte a nuestros jóvenes amantes en rápidos eyaculadores, y que funciona perfectamente cuando no tienen que satisfacer a nadie sino a ellos mismos. Así las cosas, es muy común que se empleen técnicas para retrasar la eyaculación adolescente cuando la vida sexual de pareja empieza y se deja atrás el amor de manuela. Para lograrlo, mi fuente recurrió a un método sugerido por una revista que consultó en una sala de espera y que le resultó bastante efectivo. El método consistía en masturbarse y parar consecutivamente en 8 o 10 ocasiones seguidas. Mi fuente lo hacía todos los días en la noche lo que le proporcionaba un absoluto relax y, por consiguiente, un plácido sueño cuando lograba venirse en la décima vez.

Como ejercicio de resistencia me parece un método muy adecuado. Sin embargo, con el paso de los años y los pésimos artículos de las revistas del corazón o los mitos mal infundados, los hombres siguen empeñándose en demorarse horas para venirse mientras nuestras vaginas gritan humedecidas que por favor se vengan antes de que se acabe el tarro de lubricante y nuestra paciencia.
Es más peligroso un eyaculador tardío que un eyaculador precoz porque el eyaculador tardío es una especie de tarzán sin moderación que puede resentir las puertas de una vagina convencido de que es el mejor amante del mundo. ¿Yo me pregunto si en ese incansable mete y saca logran disfrutar o sólo despellejarse el miembro?

Eyaculadores tardíos, no se desgasten tanto. Inviertan mejor su tiempo en un largo preámbulo para que la penetración sea la gran protagonista de la jornada y dure lo justo y, quién sabe, por ahí derecho para que logren identificar el clítoris y sus parejas puedan venirse alguna vez.

¿Debemos culpar al mal porno y a los repetitivos primeros planos de pipís entrando y saliendo hasta el cansancio? ¿Debemos culpar a algunas de nuestras congéneres adictas a la penetración por un nocivo voz a voz? Mientras sigue este falso mito del incansable latin lover en la impunidad, yo me quedo con los eyaculadores promedio, aquellos que sin mucha pretensión van tanteando el terreno, dedicados desde el comienzo a calentar el ambiente, quienes sin sed de protagonismo exploran pacientemente antes de meterlo, y cuando lo hacen, lo hacen a tiempo, ni antes ni después.

Chicos, así como las historias tienen un tiempo dramático, las mujeres tenemos un tiempo relativo de excitación. Búsquenlo sin afanes y dejen de lado esa manía de meterlo y sacarlo por horas, verán cómo sus prepucios y parejas se los agradecerán.

 

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