
ES SÓLO UN PASEO
Conocimiento vulgar
Por Ángel Carrillo
@einyeah
La muerte también nos deja cosas buenas, ya ven: Bill Hicks nos dejó su comedia –huérfana– y una analogía simple y poderosa: la vida como un paseo longevo –a veces–, sencillo.
Desde Georgia se opuso fervoroso a la injusticia mundial con una irónica rebeldía que despertó sensatez en su audiencia, cacheteando los medios con las manos cargadas de argumentos y sacudiendo una agonizante conciencia colectiva. Ver sus presentaciones es enfrentarse a demonios internos que nunca han sido desbravados, cuestionarse la cómoda levedad, reinventarse. En los noventas el mimetismo social no era diferente al de hoy, ni al de los ochentas, ni al de los sesentas, siempre igual, la raza humana ha hecho reproducciones morales de lo que se le plantea como viable, como bueno, una vida de rectitud y, principalmente, ese aislado amparo a lo familiar que excluye al resto del mundo sin importar qué tanto necesite de nuestra defensa y bondad. Hoy, diecinueve años después de su última presentación, es preciso resucitar este legado.
Hicks desde muy joven tomó el micrófono y empezó a lanzar una lluvia de flechas envenenadas con verdades que nadie paró, sólo la enfermedad. David Letterman (entre muchos otros) lo censuró, consiguiendo irónicamente un mezquino rechazo del púbico a su propio show. Alcanzó una cima inamovible con una hilera de seguidores a su paso. Como un tumor, este histrión creció a saltos apurados sobre la opinión pública entre los ochentas y noventas. Atacaba mordazmente la inversión de Estados Unidos en la Guerra del Golfo, señalándola como el mayor fraude en la historia de su país: “Nunca hubo guerra, se necesitan dos ejércitos para que ésta exista. Bueno, si las tropas iraquís, con su armamento arcaico, son la cuarta milicia más grande del mundo… los Krishna son la quinta y, ¡vaya!, sí que se están tomando los aeropuertos”. Bill le espetó a su país y al mundo con la crueldad que la franqueza tiene, ironías y chistes sobre la vida, que por más prolongada que logremos volverla, es una masa desabrida y llena de espacios en blanco que terminan por rellenarse con miedos. Combatió (como se ve en su presentación Revelations de 1993) la torpeza del pensamiento motivado por la comodidad, la ausencia de justicia, la miseria maquillada por el comercio, la Operación Tormenta del Desierto, la publicidad engañosa. Fue un hombre de excesos, de opiniones cortantes e infinita espontaneidad.
Pasó por el mundo garbeando entre los rincones de la problemática social, el hambre y la tiranía sin titubear, lanzando comentarios afilados entre los edificios financieros y los pasillos presidenciales. Lo desgarraba la displicencia mundana, pero tenía fe en el amor. El mundo necesitaba que lo batanearan con sinceridad, cambiar las risas, esos simples movimientos de la boca en respuesta a la felicidad, por armas que no temen disparar hacia arriba con certeza. Dejó claro hasta el día de su muerte que la vida es un extenso itinerario de fascinantes altibajos que empotra la mente en la algarabía bancaria, que es ruidosa y divertida, que es huidiza, que silencia a los buenos y aplaude a los malos. Es el hombre el único capaz de dar el poder a las cosas para que sean reales y Bill Hicks sabía muy bien cuál era la realidad del mundo. Por eso repetía como un mantra que parecía aliviarle el alma, al final de cada presentación: “(…)pero no importa, porque es sólo un paseo. Y podemos cambiarlo cuando nosotros queramos”.
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.