
ENTRE LOS MEJORES (AUNQUE FUERA DE LAS LISTAS)
Peor es posible
Por Darío Rodríguez
@etinEspartaego
Las listas de los libros del año son, a veces, engañosas. Sobre todo debido a que quienes las elaboran parten del criterio de acogida y lo confunden con el de venta. No es raro, pues, hallar en esos informes novelas muy publicitadas, incluso hasta queridas en masa por públicos diversos, pero no con la suficiente calidad literaria como para dejar huellas hondas, reales, en los lectores. Los grandes éxitos de ventas (sucede con la exageradamente publicitada La verdad sobre el caso Harry Quebert de Joël Dicker) termina pareciéndose a la comida rápida o a los confites: gustan, colman las ansias durante una breve temporada, pero dejan a la postre vacío y desazón.
Hay que buscar lejos de las pirotecnias publicitarias y del mercadeo, inclusive apartándose de las mencionadas listas ofrecidas por periódicos y revistas, si quieren encontrarse los libros que en verdad están transformando nuestros modos de percibir la realidad. Libros que no vociferan ni se ven en la obligación de conquistar al cliente con portadas sugestivas o usando el rostro atractivo de su autor o autora para cumplir sus objetivos, como crear un mundo propio e iluminar el nuestro.
La novela Travesías del joven escritor colombiano Jonathan España Eraso, publicada en octubre por la alcaldía de Pasto (Nariño), es uno de los sucesos editoriales importantes del presente año pese a no figurar en las selecciones de las revistas culturales colombianas con aparente peso fuerte (curiosamente pesan porque las hacen en Bogotá, capital del centralismo y de la visión hegemónica de la cultura; además se mantienen unidas a grandes consorcios editoriales, los mismos asfixiadores de cualquier propuesta que no les sea fiel), pese a no gozar de ese respaldo mediático solo brindado por las librerías empresariales y que su autor prefiere ubicarse en los márgenes o afuera del ridículo paradigma según el cual las anécdotas, los chismes y la vida personal del artista deben usarse en calidad de gancho si su obra va a venderse.
Travesías es, de entrada, un volumen en apariencia fuera de lugar. La publica un fondo editorial regional y oficial, sus mecanismos de difusión, de distribución defraudarían las expectativas o planes del inmenso aparataje editorial que, por ejemplo, intenta convencernos de ese supuesto gran valor que poseen adefesios titulados Cincuenta sombras de Grey o Gatos, hombres y otras especies domesticables. Cabe agregar cierto asunto espinoso: España Eraso, siendo un escritor que aún no cumple treinta años, carece de padrinos o de palancas dignas del espectáculo literario farandulero.
La novela escrita por España se aleja por completo de esa nata frívola y conserva una inusitada autonomía también interior. Su materia, así lo indica el título, es el viaje y la exploración de territorios desde la tierra fría hasta la selva, en un tono siempre poético que permanentemente pone en entredicho la facilidad de algunas recientes narrativas colombianas, dedicadas a reflejar nuestras tragedias nacionales tal y como lo haría los periodistas televisivos. Los entusiastas de narcotraficantes, prepagos, o escribidoras tipo Isabella Santodomingo se decepcionarán con Travesías. Y esa es, en el fondo y por fortuna, la mejor de las noticias. Esta poderosa novela demuestra por un lado el cambio profundo que experimenta la literatura colombiana hacia formas mucho más depuradas y a la altura de las mejores en lengua castellana (sin recurrir por obligación a costosas campañas publicitarias), y por otro que también se escriben sólidas narraciones, poemas y ensayos lejos del centro cultural llamado Bogotá, pretendido legislador de qué debe conocerse y qué no.
Sea entonces la oportunidad para celebrar uno de los libros más destacados del año, aunque los señores de Arcadia, El Malpensante, El Tiempo o la Librería Nacional no lo sepan o le den la espalda.
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