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EL DIVORCIO DE EROS

Por Rubén Darío Higuera

Los dioses están borrachos y hay que celebrarlo. Atenea –la virgen- ha despertado por Dionisio un deseo incontrolable. Dionisio ha desatado su furia sexual –alcohólica- por Psique, una mortal de miles de años. Psique le ha pedido el divorcio a Eros, quien, aconsejado por Dionisio le ha pedido a su vez el divorcio a Psique, sin ponerse de acuerdo en nada, sin llegar a nada, sin hacer nada. O sí, atormentarse mutuamente el orgullo. Cosas humanas, no de dioses. Cosas del amor.

Los dioses están locos y hay que celebrarlo.

En Chapinero, los dioses sueñan desde su borrachera el drama del amor. La comedia. En el teatro LA MAMA los dioses están borrachos –de pasión, de concupiscencia- y sueñan y se fingen amistad, lealtad, amor… y hay que celebrarlo.

La obra de teatro El divorcio de Eros, dirigida por Mauricio Iragorri –Mención de honor ministerio de cultura 2005 con la obra Martinis al atardecer- nos trae, nos acerca, nos aproxima a los dioses del Olimpo, tres mil cuatrocientos años después de la edad heroica, tiempo en el que un rey griego tuvo como hija a Psique, una mujer –mortal- a la que todos los ojos miraban porque era hermosa, hermosa, hermosa. Afrodita, llena de celos le pide a su hijo Eros que la mate pero él en lugar de hacerlo -de matarla- va tras ella, busca su amor, la hace su esposa. Hoy –en Bogotá, en el teatro LA MAMA, 3400 años después- los dioses se han reunido porque Psique, hastiada de Eros -de todo lo que conlleva ser Eros: el drama, la cursilería, el egoísmo (porque el amor es egoísta)- pide el divorcio y desata una tormenta, protagonizada por Atenea y Dionisio, quienes actuarán como abogados del débil y tonto Eros y la mortal –contradictoria, histérica- Psique. Y no hay control. Hay una orgía.

El elenco, conformado por Alejandra Lara, Juan Aguirre, Mauricio Iragorri, Tatiana Rentería y Rafael López, parece hacer las cosas con licencia del mayor, de Zeus. Los tiempos, los diálogos, el ritmo mismo de la obra, permite estar bien –sentirse bien-, ser feliz durante el tiempo que transcurre. Quizás una de las mayores fortalezas de El divorcio de Eros es que los personajes son amados por el público y al final de la obra persisten en la memoria sus acciones, sus palabras, sus torpezas, especialmente la de Sátiro, que interviene a favor de todos, que no interviene a favor de nadie.

Y lo mejor –que desaten el perdón los dioses-: una música preciosa que transcurre durante toda la obra, que lleva la ilación, que cuenta la historia como solo la música puede hacerlo. Los culpables: Mariposa Solar y Amaranto Botero, que con seguridad se le escaparon a los dioses para venir a hacer –a hacernos- de este mal de existir, de ser mortales, más amable la vida.


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