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EL ÁGORA POSTMODERNA

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax

En la antigua Grecia, el ágora era el lugar donde se realizaban actividades de comercio, religiosas, culturales y también se tomaban las decisiones importantes para la ciudad. Era el núcleo, el centro de toda estrategia colectiva. Donde se ejercía la democracia. Un espacio abierto que funcionaba para las condiciones demográficas de la época pues lograba reunir a la mayoría de la población, masculina por supuesto, para que dieran su opinión y tomaran decisiones con respecto a las políticas del pueblo.

Hoy en día sería imposible reunir una muestra representativa de cualquier sociedad en un espacio físico, razón por la que la democracia se ha hecho compleja y ha tenido que recurrir a los ya tradicionales métodos de participación ciudadana que a veces, como en nuestro país, son más un pajazo mental que una herramienta eficaz. Una mentira aceptada.

Sin embargo, las redes sociales han acercado de una manera impensada a las comunidades otorgándoles un poder participativo que no hubiéramos imaginado hace unos años. Así las cosas, me atrevo a afirmar que Twitter es una especie de ágora postmoderna, lugar donde los miembros de esta comunidad se reúnen para opinar, debatir, hablar simplemente y hasta para “derrocar” gobiernos.

A diferencia del ágora griega, Twitter otorga el poder de la impersonalidad y del anonimato, así que estos cyber ciudadanos ejercedores de la democracia, hacen lo que se les da la gana pues, en la mayoría de los casos, no hay ningún nombre qué honrar pues se esconden tras sus avatares, y no se sienten con ninguna responsabilidad directa sobre lo que vomitan en 140 caracteres.

Twitter es el espacio donde la gente puede por fin hablar, decir, callar, gritar, putear. Todo en 140 caracteres. Pueden criticar un gobierno, pedir cabezas, confrontar a figuras públicas y presionarlas para que respondan a sus quejas y, claro, rajar, provocar y hablar de Uribe –esta última práctica es el fundamento de la carrera periodística de varios avatares, parece un chiste pero no, es cierto.

Gracias a Twitter importantes mandatarios, celebridades y reconocidas figuras han tenido que rectificarse. Gracias a Twitter ciertos ‘donnadies’ se han convertido en celebridades del efímero trinar. Twitter ha levantado indignaciones masivas y ha inflado insulsas cyber deidades sin vergüenza.

La gente en Twitter es más atrevida, menos escrupulosa. Viven el momento en un trino y dejan escapar kilos de ira irracional en un segundo o toneladas de adulaciones. En Twitter no hay editores ni censura. No hay filtros.

Quien dijo que el papel lo aguantaba todo no conocía Twitter. Twitter alberga a diario toneladas de basura; la diarrea mental en frasquitos de 140 caracteres tipo muestra de laboratorio. Aguanta denuncias a la ligera o con bibliografía, insultos injustificados, linchadas al mejor estilo medieval, chistes flojos, chistes no tan flojos, plagios, aforismos mal atribuidos, etc.

En suma, no es tan descabellado comparar a Twitter con el ágora de la Grecia antigua, guardando las proporciones, por supuesto. Es un ágora postmoderna, con el alcance desproporcionado propio de la web, el lugar perfecto para las refriegas mediocres y las palabras vacías de nuestra sociedad actual: un frágil mecanismo de participación para nuestra frágil democracia.

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

 

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