
DE LA BANDA SONORA A LA LECCIÓN DE VIDA
Peor es posible
Por Darío Rodríguez
@chkinbote
Todos los sábados, desde hace casi tres años, a través de “A vivir que son dos días” un espacio radial centrado en variedades y temáticas amables de la cadena básica de Caracol, se realiza una curiosa y sencilla entrevista bajo el nombre de Mi banda sonora. El entrevistado comenta la música que ha dejado huellas en su vida, contesta las respetuosas preguntas de la periodista Diana Montoya (creadora de este segmento) y, mientras suena esa música, relata y comenta aspectos de su historia. Sin pretenderlo, sin casi sospechar lo que iba a pasar con esa franja, Mi banda sonora se ha ido convirtiendo en una modesta pero poderosa revolución no solo de la radio colombiana sino del oficio periodístico mismo.
Con el periodismo radial sucede algo extraño: en él ya casi todo está dicho e inventado. Sus esquemas y desarrollos son tan rígidos que la experimentación muchas veces es mal recibida por los oyentes y los modelos aparentemente novedosos suelen perdurar poco. Se trata de un mundo protocolario, con un locutor de voz contundente, un periodista veterano, locuaz, acompañado del equipo correspondiente (la “mesa de trabajo”) y del individuo que programa música, anuncia la hora, atiende llamadas telefónicas que reportan sintonía. La espontaneidad, el diálogo familiar o los asuntos privados caben con muchísima dificultad en semejante lógica. En Mi banda sonora se abandonan los acartonados libretos preconcebidos desde el hermetismo, el personaje de turno conduce la entrevista a su acomodo mientras oye y nos permite oír la música que le gusta, tal confianza le hace olvidar en ocasiones que se encuentra delante de un micrófono, que multitudes están atendiendo a lo que dice, y llega a soltar confesiones una veces inesperadas (por ejemplo, el desaparecido hombre de radio Camilo Durán se mostró como autoridad en el vallenato, o la cantante Andrea Echeverri destapó su furioso feminismo) o verdaderas revelaciones que terminan desnudando y abriendo una puerta hacia sectores impactantes de la existencia en cualquier sentido, así el sorprendente equilibrio entre erudición y humildad de personas a las cuales se considera frívolas como la actriz Margalida Castro o el cazador de chismes Frank Solano. Tan alto es el valor humano en algunos de estos seres públicos hechizados por su música que se termina oyendo la entrevista sólo para aprender a caminar sin tanto miedo por los complicados meandros vitales. Se volvió una escuela. Complace tanto a quien quiere comprender las etapas de esta injusta vida como al que quiere entretenerse.
Siempre se ha clamado por un periodismo para la gente, sincero y cercano. Este programa lo consigue. Es un significativo aporte y una enseñanza, gracias a la sencillez, dirigido no solo a pretenciosos conductores de opinión sino un consuelo, una compañía para muchos ciudadanos de a pie que intentan salir adelante todos los días. Los cambios importantes en los medios de comunicación no necesitan rutilantes inversiones ni golpes publicitarios. Bastan unas cuantas canciones, un diálogo honesto y una actitud que no recurra a las máscaras para lograrlo. Los que dicen ser gurús periodísticos deberían tomar nota. Por nuestra parte seguiremos fieles, oyendo esos fragmentos de dichosa o dura existencia.
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