Ud se encuentra aquí INICIO Opinion De Blanco Si Casada Ni De Fundas
Cartel Urbano
M

¡DE BLANCO SÍ, CASADA NI DE FUNDAS!

Por Billy Muñeka
@billymk

 

Desfilar por una pasarela rumbo al altar vestida de blanco igual que Jean Mansfield el día de su boda con Mickey Hargitay, con un batallón de cadetes haciendo la calle portando sus sables en alto para luego abordar un Cadillac convertible color rosa modelo 1956 que nos llevara a una glotona recepción junto a una piscina en forma de corazón. Una típica escena de glamour kitsch retro que el sacrosanto procurador general se encargó de recordarnos en la boda de su hija, y ni qué decir de Fritanga. Glamour y lujo artificial, eso es lo que el colombiano promedio se sueña para su matrimonio, una institución social que definida en términos de realidad pura y dura está lejos de las sonrisas, los brindis y los buenos deseos que giran alrededor de ese teatro que es la boda.

Siempre he dicho que el matrimonio no es para mí, pero no puedo negar que ese show de mal gusto me atrae bastante; pero lo haría simbólicamente sólo por darme el champú de enfundarme en un ceñido vestido de novia de corte sirena a lo diva de Hollywood de los 50. Caprichos de “mujer” y de princesa… ¿Y la noche de bodas? Eso lo dejo a los malpensados.

A veces me pregunto si esos sueños con matrimonios glamurosos harán parte del imaginario de homosexuales y lesbianas. Porque dado el caso de que se llegara a aprobar el matrimonio igualitario entre parejas del mismo sexo, podríamos visualizar el menudo carnaval de shows y farsas a diestra y siniestra sólo por el capricho de dar el sí ante un notario y salir del recinto con ramo en mano y un séquito de chaperones o chaperonas detrás, bajo una lluvia de arroz y confite.

No entiendo bien por qué un homosexual promedio se interesa tanto en participar de una institución social que lo excluye desde su misma concepción; un contrato de “heterosexuales” para “heterosexuales”. Sobre todo cuando ha sido esa misma sociedad del matrimonio tradicional la que ha discriminado y violentado a homosexuales y lesbianas por siglos. Simple sentido de dignidad.

Cuando comencé a treparme en estos tacones de vértigo no pensé que primero tenía que exigir mi derecho y después ejercerlo, simplemente lo hice sin importar las consecuencias. La misma motivación que ha llevado a varias parejas de hombres y mujeres a vivir en pareja sin preocuparse por el matrimonio igualitario, ¿para qué si ya tenemos bastantes beneficios con la unión de parejas de hecho?

Cuando veo las manifestaciones y los plantones de partidarios de uno y otro lado, a favor y en contra, siento que las posiciones tienden a polarizarse; es entonces cuando me pregunto si la razón de fondo para armar semejante alboroto es el utópico sueño de crear una civilización binaria donde exista un mundo homosexual obsesionado por crearse una estructura de sociedad propia exactamente igual a la heterosexual, y del otro lado el mismo mundo heterosexual que ya conocemos de siempre. En un contexto como ese tendríamos que elegir una de dos, ¿y quienes vivimos en el medio qué? Nos jodimos.

Pero alejándome de utopías orwellianas, prefiero pensar en una propuesta más radical como la del muy querido Manuel Puig en uno de sus últimos escritos: abolir inclusive las dos categorías, hetero y homo, para poder finalmente entrar en el ámbito de la sexualidad libre. Una verdadera revolución sexual donde la libertad no esté atada, donde seguramente y para mi desgracia los vestidos de novia, los pasteles, las argollas y la noche de bodas estarían en vía de extinción. Pero soñar no cuesta nada y mientras tanto recordemos una vez más a Puig con una sentencia no muy halagüeña: Sexualmente hablando, el mundo es una disaster área.

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S. 

 

Comentar con facebook