
DE BENNY HILL A BEVERLY HILLS
Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax
Es indudable que la era de la información trajo, con el auge de internet, la democratización y proliferación del material pornográfico que hoy en día se nos hace tan familiar. No es sino entrar a Google para encontrar lo que se nos ocurra sobre erotismo y pornografía, desde las categorías más impensadas hasta las aberraciones más bizarras: Google todo lo tiene.
Sin duda, el fácil acceso al material sexual desdibuja el tabú que había hace unos años en los que una revista Playboy era un tesoro costosísimo que se compraba en conjunto y se rotaba para contribuir a la salud sexual de los adolescentes púberes. Los inicios de la sexualidad antes de la era de internet se remontan a Benny Hill, Colpo Grosso y Los Pecados de Inés de Hinojosa.
Los jóvenes pre adolescentes encontraban en un viejo verde como Benny Hill, corriendo tras chicas en hot pants y brasier, un modelo a seguir para desfogar su hormona alborotada. Muchos trasnochaban y a escondidas veían Colpo Grosso, un programa de televisión italiano que pasaban casi a la media noche, en el que un par de modelos pelaban teta. Los pocos trasnochadores se conformaban con la sugestiva relación lésbica entre Amparo Grisales y la niña Mencha en la serie de televisión Los Pecados de Inés de Hinojosa.
Y ni hablar del material impreso que se distribuía en el mercado negro de la industria pornográfica masculina. Innumerables pasquines traídos de la madre patria como el “Calendario Multipajillero” o el “Papel Caliente”, por mencionar un par de los que más me atrajeron enunciados por mis fuentes. Alguna que otra revista Penthouse o Playboy que se llevaba las mesadas de varios jovencitos calenturientos. Y por supuesto, alguna película porno en formato Beta. Todos estos conformaban la caja de herramientas con la que los jóvenes que nacieron antes de la revolución cibernética enfrentaban su sexualidad llena del oscuro morbo de una sociedad godo-católica como la nuestra.
Mientras ellos se iban a dormir sus húmedos sueños tras la imagen de Benny Hill persiguiendo chicas, nosotras desfogábamos toda nuestra sexualidad en Brandon Walsh y Dylan McKay del legendario show “Beverly Hills 90210”. Nos tocó la peor parte, sin duda. Aconductadas por Donna, otro personaje de la serie, una chica que creía ciegamente en la virginidad pero que se vestía con poco qué dejar a la imaginación; y enamoradas de Brandon, un tipo bueno y perfecto que lo peor que hizo a lo largo de las 10 temporadas que duró la serie fue tomarse una cerveza antes de manejar y ser arrestado por eso; fuimos albergando en nuestro inconsciente expectativas románticas bastante alejadas de la realidad, espectacularizadas, si se quiere. La esperanza radicaba en Dylan, el villano de la historia, un tipo drogadicto y ex convicto que despertaba nuestras pasiones escondidas.
Luego de esta pre-historia de sensualidad contenida, el ministerio de Educación lanzó en 1993 el programa obligatorio de educación sexual que según un estudio realizado por el CEDE y el Grupo de Familia y Sexualidad de la Universidad de los Andes en el 2004, era ineficaz pues se limitaba a proporcionar información sobre planificación familiar, infecciones de transmisión sexual, embarazo y aborto. Pero ¿Dónde quedaba nuestro derecho a hablar libremente del sexo no solamente en la cama sino en la mesa? ¿Qué pasaba con nuestras expectativas con respecto a las relaciones románticas y sexuales? ¿Cuál era la idea de seducción y conquista que nos dejaba el silencio institucional y quedaba en manos de la televisión?
Claro que las respuestas a estas preguntas, hoy en día, son más familiares y aterrizadas de lo que eran antes. Tanta información sexual en la web no solamente ha puesto el tema en la bandeja de entrada de instituciones educativas y familias, sino que le ha quitado el tinte oscuro y pecaminoso al sexo. Esperemos que este diálogo abierto sobre erotismo y sexualidad en la era digital nos deje menos Benny Hills aberrados corriendo tras un culo y un par de tetas y menos Donnas vestidas como bailarinas de pole dance pero recatadas al momento de darlo. Líbranos, señor, de tanto espécimen cultivado por el oscurantismo del sexo de los 80 y 90.