
CRYING FUNDING
Si preguntando se llega a Roma, ¿llorando se llega a la USA? La autora de esta columna lleva dos años buscando, en vano, una beca para estudiar guión. Ahora su tabla de salvación es un crédito del ICETEX. Pero como el préstamo no le alcanza para sufragar algunos gastos menores, no le quedó más remedio que armar una fiesta y cobrar por la entrada.
Por María Ximena Pineda
@anacaonax
Si echamos un vistazo general, concienzudo o ligero a las becas para jóvenes suramericanos, vemos que la gran mayoría de fondos se destinan a la ciencia. Luego de las ayudas económicas para los jóvenes científicos, se encuentran los subsidios para las demás áreas del conocimiento y, en un último y desprestigiado lugar, las artes.
Al parecer, nadie quiere dar un peso por las artes. Los mecenas modernos no existen, se extinguieron. Por lo visto, para los fondos internacionales de filantropía financiar una carrera artística no es tan buen negocio como financiar un PHD en sostenibilidad y desarrollo, un MBA, o un doctorado en física cuántica.
La pregunta crítica es: ¿cómo se financian las artes? ¿Habrá algún heredero del linaje de los Medici que se apiade de aquellos jóvenes artistas que quieren hacer maestrías o doctorados pero que no tienen un peso en el bolsillo para pagar las costosas academias de artes?
A falta de Medicis modernos, el camino más viable para un profesional de las artes es el crédito bancario. “Endéudate y alcanzarás tus sueños”, es la consigna. Claro, hay créditos especiales para estudiantes con “bajas” tasas de interés y hay hasta algunos que condonan una parte de la deuda si se devuelven al país a compartir su conocimiento y a rogar, ni siquiera por un buen sueldo sino por cualquier sueldo, para poder terminar de pagar el crédito.
En vista de las escases de fondos, donaciones y becas, los profesionales de las artes se han dedicado a emprender todo tipo de rifas, juegos y espectáculos. Para la muestra un botón: el crowdfunding, un sistema de financiación colectiva que le permite a cualquier creador de proyectos reunir una suma de dinero considerable entre muchas personas a cambio de recompensas no monetarias.
Nada más ayer leía en El País de España sobre una ONG alemana llamada Fuck for Forest, que desde el 2004 produce pornografía para financiar proyectos ecológicos. Luego de diez años de labores, esta ONG cuenta con 4.000 socios y ha recaudado 25.000 euros gracias a sus fotos y videos pornográficos.
Desde hace dos años, emprendí el utópico proyecto de buscar financiación para una maestría de guión en Estados Unidos. Como Fulbright me cerró la puerta en la cara, busqué una beca Half-bright que tampoco me gané. En Colfuturo no pude concursar porque mis codeudores no salieron aptos, así que arrojé mi pellejo al ICETEX, y próximamente me echaré en las brasas del Citibank, que siempre está ávido de recibir lomito tierno, carne fresca de mano de obra latina.
Pero para no irme a Gringolandia con una mano adelante y la otra atrás, y como mi personalidad exhibicionista no me alcanza como para grabar un polvo y venderlo en el marco de una campaña que podría llamarse Fuck for Film, he decidido organizar una fiesta con un claro trasfondo social: ayudar a una mujer cascada latinoamericana –osea yo– a pagar un viaje con el que, si bien no se convertirá en la futura Sofia Coppola muisca, sí se despercudirá un rato de montaña para regresar más adelante a contribuirle al país con algunos conocimientos, a cambio, seguramente, de un sueldo regular.
Así pues, bienvenidos a mi fiesta aquellos pocos filántropos que quedan en Bogotá. Será el próximo jueves 8 de mayo en el bar Stella, donde quedaba antes In Vitro. El dj invitado será el actor y melómano Fernando “El Flaco” Solórzano, quien con su gran corazón altruista apoyará la causa de esta cascada mujer latinoamericana.
Les prometo buena rumba y chicos y chicas solteros buenos partidos. Como Winston Churchill, no tengo más que sudor y lágrimas para ofrecerles a cambio de su generosa compra de la boleta, que tendrá un valor de $20,000 pesos. Para ser realistas y llamar a las cosas por su nombre, hay que decir que esta campaña informal de financiación para un posgrado en el exterior no alcanza a ser crowdfunding, sino apenas crying funding. Ya lo dice el viejo y conocido refrán: el que no llora, no mama.