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Cartel Urbano
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CONVERSACIONES CON MI MADRE

Escenas domésticas de un escritor con su progenitora.

 

Por John Better
@johnbetter69

 

1
- Hijo, esas bebidas a base de té han desbancado a todos los refrescos en todo el país. Es que esos jugos en polvo tienen un sabor hostigante; esos químicos que le ponen con sabor a fruta, qué horror. En cambio ese té es tan natural, debe tener un químico que lo hace saber así, definitivamente. ¿No crees?

 

2
Después de declarar su amor incondicional por el té saborizado, la señora Doris Armella, mi madre, empieza a preocuparse, y extraños interrogantes sobrevuelan su cabeza.

- Hijo, ¿será que esa bebida crea hábito?
- ¿Cómo así, ma, de qué hablas?
- Del té con sabor. ¿No crees?
- ¿A qué te refieres con eso de "crear hábito"?
- Pues a eso mismo, "crear hábito", como tú con la internet, el trago, el cigarrillo, los analgésicos, la música de ese Frank "Ozin", los libros, el reality de los travestis y mil cosas más...

Mi madre mira al techo. A lo mejor se está preguntando si mis compulsiones no serán heredadas de ella, ya que siempre ha dicho que todo lo feo me viene del lado paterno.

- Yo opino, ma, que ese actor camaján que promociona esa bebida te gusta y le haces caso a todo lo que dice y por eso compras el té, porque, inconscientemente, lo deseas.

- ¡Respétame! Pero, pensándolo bien, creo que voy a dejar de tomar ese té, me huele que debe contener algo que "crea hábito". - Bueno, empieza ahora, suelta ese vaso. - Espera me bebo el último trago.

 

DE LOS CULEBRONES MEXICANOS

- Mami, baja el volumen de la tv, estoy escribiendo.
- Es la hora de las novelas, me la paso todo el día haciendo oficio, tengo derecho, así que déjame ver María la del barrio en paz.
- Esa novela es viejísima, ya te la viste.
- Ningún vieja, no recuerdo haberla visto, además mira a Thalia, está igualitica, no le pasa el tiempo.Oye...
- (…)
- Anda, Luis Fernando le confesó a Tita que es adoptada. ¿Qué pasará cuando se entere que Nandito es su hijo?
- ¿Con quién hablas, ma? - Con nadie...
- No finjas, ma, ya te viste esa novelucha.
- Y la malvada de Zoraida está que regresa...
- No finjas no escucharme, ma..

 

DE LAS TRISTES REALIDADES DE LA VIDA

Mi madre acaba de encontrar un gramo de cocaína dentro de un muñeco de losa con la forma de Petete, un abominable recordatorio de mi fiesta de 8 años.
- ¿Qué es esta porquería?–me pregunta.
Miro la pequeña bolsa de plástico y su níveo contenido y me acuerdo de Sandy diciéndome: esconde bien esa mierda. Me gustaría decirle a mamá que no es ninguna porquería, que es merca de la más alta calidad, pero eso la pondría de un humor todavía más terrible.
- No sé qué es eso, ma –respondo.
- ¿Crees que soy estúpida? –contesta.
Mi madre no es estúpida y su pregunta lo es aún menos.
- Ese muchacho es la causa de esto, ¿verdad?
Desde mi ruptura con J, mamá nunca volvió a llamarlo por su nombre, solo se limita a decirle “ese muchacho”.
Le contesto que no, que ya eso es asunto del pasado, que le eché fuego encima como quien incendia un campo de maíz y no queda en pie ni el espantapájaros ni los cuervos que picoteaban su cabeza llena de paja.
Y además, le explico que “ese muchacho” está muerto. Ella abre sus ojos hasta el límite y se queda como pidiéndome una explicación.

- Sí, ma, él es un muerto que camina, un muerto de los miles que se levantan a diario, defecan, se lavan los dientes, comen cereal y, en su caso, se dirige sin afanes hasta la fosa común que sus padres administran hace años, ese fétido almacén de chécheres para el consumo de la clase media.
- Yo a eso le llamo tener una vida, labrar un destino, deberías seguir el ejemplo
–dice mi madre con algo de ironía (es buena en eso).

Le reprocho que nadie labra un destino, que eso es imposible, que ni los nobles jornaleros están exentos, después de la siembra, de una granizada o de que un montón de alimañas arruinen más adelante sus cosechas.

- Eso es mala suerte, como la mía al tener un hijo como tú, porque algo sí te digo, si hubieses sido como el resto de los hombres, no estarías pasando por esto, ya me hubieras dado nietos. Pero no te hagas el marica ni te escabullas por entre las ramas. Dime, ¿desde cuándo estás en esto?–me pregunta al tiempo que agita la bolsita de coca.
- ¿En qué, ma? - Insistes en tomarme por idiota. Ese asqueroso vicio te viene por el lado de tu infeliz padre. En la familia de ellos siempre hubo esas cosas.
- ¿Qué cosas, ma? ¿Lo de ser marica?
- No me tomes más del pelo, que tu papá podía ser un malnacido que no tuvo nada que ver contigo, pero bien hombre sí era. ¡Te hablo de esto, de esto!–gritó, poniéndome en la nariz la bolsita blanca y alejándola de inmediato
–. Nada más mira la cara que pones, qué vergüenza, Dios, Dios…
Luego desaparece y no vuelve a dirigirme la palabra hasta dos días después, cuando me dice que necesita urgente un té helado, que vaya a buscar un sobre.

 

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