
CONTRASTE, ESA ES LA RESPUESTA
En la otra esquina
Por Harvey Murcia
Hace algunos días me preguntaron qué palabras podrían definir a un colombiano. Dudé en responder unos minutos, luego titubeé algunas ideas inconexas. Dudé nuevamente, mientras mis ojos se movían de un punto al otro. Miré a mi interlocutor y exclamé “su empuje”. Entre risas, dije que hay tantos calificativos para nosotros que es difícil encontrar uno que englobe la totalidad de nuestra naturaleza, de nuestra identidad.
Luego de este trágico (para mi) encuentro, no pude dejar de pensar en la pregunta. ¿Qué es ser colombiano? Más allá de las amplificaciones de varón de las que hacen gala ex presidentes, deportistas, políticos y algunos magistrados, no encontraba una definición que me satisfaciera; pensar en la narco estética tampoco me reparaba, es un lugar común, obvio y poco innovador. Recurrí entonces a una vieja estrategia: tratar de comprendernos desde la publicidad. Si somos pasión, si somos el país más feliz del mundo, entonces podemos comprender qué nos define como colombianos.
Para esto, me enfoqué en el colombiano de a pie, como yo o tal vez como usted. Pensé en las fiestas de río con olla, chingue y pola al calor del fogón improvisado, en la piel ronzada por los bichos que sin piedad la masticaban. No pude evitar recordar las fiestas de fin de año a ritmo de pólvora, francachela y música.
Pensé en las interminables filas para conseguir la cita con algún especialista y adquirir la pastita placebo que todo lo cura, según las EPS; filas de personas tratando de adquirir los auxilios bandera de los gobiernos de turno que sostienen sin titubeos que acá se respetan los derechos humanos. También están las filas para ingresar a los shows itinerantes de Jorge Barón T.V.
Evoqué algunos pasajes de historias de colombianos que han hecho lo impensable para lograr su cometido: que una agrupación interpretara por una hora canciones tropicales para un perro en una fiesta familiar; rememoré aquella falsa noticia en la que una familia se alimentaba de periódicos con aguapanela para alimentarse. Absortos no podíamos creerlo… un canal se prestaba para semejante teatralidad. O la del preso que decidió esconder un celular en su ano para que no fuera decomisado, “con tan mala suerte que en el momento en el que entraron los guardias a su celda recibió una llamada y el timbre llamó la atención de los vigilantes”
Invoqué las alegrías de un país hecho de tristezas y que no se detiene frente a lo que acontece en su diario vivir; personas que luchan cada segundo por hacer un milagro que reconforte a los que perdieron la esperanza y la fe. Colombianos que se mantienen incólumes frente a la adversidad para demostrar que se puede ser mejor, que se pueden lograr las metas y los sueños.
Contraste, es eso lo que define a un colombiano. Contraste que no está ni en la publicidad, ni en las telenovelas ni en los eslóganes políticos. El contraste, esa es la respuesta.