Ud se encuentra aquí INICIO Opinion Como Te Atreves Suponer Que Soy Gay
Cartel Urbano
M

¿COMO TE ATREVES A SUPONER QUE SOY GAY?

Rastros de carmín
Por Billy Muñeka
@billymk

 

Subir en tacones y minifalda el cerro de Monserrate acompañada de un par de barbudas travestis, para luego llegar a la cima del cerro y bailar llenas de euforia enfrente de la capilla del señor caído al ritmo de la música electrónica que proviene de los megáfonos portando una pancarta que diga COMO CAIDAS DEL CIELO. Una experiencia dadaísta producto de la fusión entre carnaval y performance digna de un bizarro video de cualquier drag queen española almodovariana.

Pero como no tengo dotes de escaladora de montaña en tacones, la susodicha caminata la he realizado sobre terreno plano desde hace cinco años. Fue exactamente un domingo 28 de junio cuando puse por primera vez el tacón sobre la carrera séptima en la Marcha de la Diversidad, para unirme a millones de personas alrededor del mundo que cada año marchan en contra del odio, la violencia y la discriminación para decirle al mundo que ya no viviremos en la oscuridad como ciudadanos de segunda clase, sino que elegimos cometer el mayor pecado que se puede dar en nuestros días, construirnos como seres libres bajo la consigna de un amor que solo nos pide ser fieles a nosotros mismos.

Sin embargo, por muy honestas y bien intencionadas que sean estas marchas hay lunares que opacan una lucha que en nuestro país lleva más de cuarenta años exigiendo respeto para una población burlada, ridiculizada y violentada bajo la permisividad de una cultura de mentalidad provinciana. Gays que han convertido la promiscuidad en su bandera política, una mercantilización rampante que convierte los guettos en “mercados”; vulgaridad pornográfica a plena luz del día que se esconde bajo la premisa del cuerpo como instrumento político de protesta, y que inevitablemente termina degenerando en un exhibicionismo sexual digno de una portada de El Espacio. Una galería de estereotipos que en vez de generar acercamiento y tolerancia termina convirtiéndose en violencia camuflada, en chiste de Sábados Felices.

Pero dejando a un lado los ejercicios de catarsis, supongamos por un momento que eres un ciudadano común y corriente de esos que son católicos, heterosexuales, casados y fervientemente democráticos que se encuentra un soleado domingo de junio sobre la carrera séptima comiéndose un helado y de un momento a otro te quedas patidifuso ante una visión. ¿Qué es lo que ves? Ante ti se encuentra todo un carnaval con banderas arcoíris que más de uno reconoce como la bandera gay, al tiempo que entran en escena las carrozas gay de las discotecas gay con sus potentes megavatios de música gay. Y acompañados de las reinas gay, toman bebidas energizantes gay, luciendo lo mejor de la moda gay en esculturales y sudorosos cuerpos de gimnasio gay, listos para terminar el domingo más gay del año en los tentadores saunas gays, transformando esta luchada marcha de la diversidad en una rosada y hedonista navidad gay. Como dirían mis amigos los hombres trans: ¡estamos indignadas, indignados e indignades!

Bien por la amigazzz… pero ¿y el resto qué?, ¿qué quiénes somos? Pues lesbianas, bisexuales, hombres trans, mujeres trans, intersexuales, machotravestis, queers, pansexuales, drag kings, transexuales, transformistas, travestis, drag queens… etc., toda una fauna de identidades de género y orientaciones sexuales diversas que quedamos en el limbo cuando se habla a la ligera de la marcha como una manifestación de la cultura gay.

¿De cuándo acá entendemos que diversidad sexual o población LGBT se reduce simplemente a decir: ¡ah, los gays!? Somos nosotros, esas rarezas que superan el estereotipo homosexual, afeminado y travesti que predomina en el imaginario colombiano, quienes habitamos esa zona de penumbra que existe entre ser homosexual y ser heterosexual, esos inclasificables a quienes suelen tomarles montones de fotos en las marchas bajo el cuento de “es que están rompiendo el género”.

No es que seamos invisibles, simplemente somos difíciles de encontrar. Por esas paradojas de la vida elegimos el camino del tercero excluido, que en términos poéticos podría ser el camino de la penumbra. Seres humanos que buscan huir de la violencia que implica etiquetar nuestras identidades, nuestras maneras de sentir y vivir el género y la sexualidad.

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.  

  

Comentar con facebook