
CHABACANADAS EXCREMENTALES
Son chabacanadas, pequeños chascarrillos que nos van definiendo como nación. Hacen parte de nosotros. Cosas como robar una panadería usando un tapabocas, creyendo que no lo van a identificar; regalar un burro a un mandatario internacional, darle una patada a una lechuza en medio de un partido de futbol u orinar en un poste a medio día o intentar sobornar a un policía.
Presento lo que a mi juicio son las mejores chabacanadas que han acontecido. Mejores porque nos identifican, nos hacen sentir que pertenecemos a un proyecto en construcción, apenas empezando en la idea. Empecemos:
Si quisiéramos comprendernos desde la política, (y para no caer en lo de siempre), creo que la mejor chabacanería es vernos desde el concepto que promueve presidencia: locomotoras. Máquina creada hace más de 300 años, fue la fascinación del momento y hoy son el adjetivo propio del proyecto de nación en el mundo digitalizado, en el mundo de las velocidades supersónicas e instantáneas. Pero es justo. Los avances en términos de lo jurídico, infraestructura, social, salud, entre otros, van al ritmo de la locomotora. Lento.
¿Qué decir de la teleisión criolla? Más de lo mismo. Gritos narrativos, planos kitch carentes de toda idea artística que no permiten detener la mirada para apreciar el detalle dramatúrgico, el color narrativo. Pero como se trata de chascarrillos, creo que el mejor es lo protagonizó Laura Acuña al insultar de la manera más violenta a una pedicurista. Después, a modo de excusas, aclararon que fue una suerte de performance del performance.
En deporte, qué decir de las promesas a la hinchada, a sus compañeros, a su país, a no sé quién más, del jugador colombiano Wilder Medina. Amante de los excesos, supo marcar las mejores gambetas al ritmo del bareto y el perico. Y siempre se redime con el “voy a cambiar”; en una entrevista al espectadordijo “Ahora quiero escribir esta historia de mi vida en Santa Fe, pienso será la última oportunidad que tengo, voy a escribir con letra mayúscula mi historia” y ahí vamos, en el eterno redimir.
En música, la filosofía popular sigue arrasando. Sus estribillos “cucos” expresan perfectamente la visión de mundo que muchos comparten en relación a la vida, el amor, y sus alter ego como se puede leer “Quien eres tú, de qué te las picas/ Que todo te ofende, que nadie te entiende” o “gasolinera le suelen decir/ a las que como tu se andan paseando/ a las que si les gusta presumir/ a las que nunca les gusta bajarsen (sic) del carro”. Y al unísono festejamos.
Pero el chascarrillo que puede definirnos en su totalidad este 2012, es sin duda el comentario de nuestro senador insigne Roberto Gerlein: su capacidad creativa, su cualidad de síntesis, su actitud berraca, su ceguera social, su imprudencia cognitiva, al usar la frase “Es un sexo sucio, asqueroso, un sexo que merece repudio, es un sexo excremental” demuestra de qué estamos hechos. Nos recuerda que nuestro país es de chabacanadas excrementales.
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