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CANAL CAPITAL: LO BUENO Y LO MALO

Ilustración: Fonso

Que no tiene rating, que está demasiado politizado e institucionalizado, que es aburrido, que no propone nada nuevo. Un televidente que no comparte la totalidad de estas críticas le echa unas cuantas flores al canal de la ciudad.

Por Juan Sebastián Lozano
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billyhuesos

En una de las recientes emisiones del programa El Primer Café, el periodista Hollman Morris le pidió a la teleaudiencia su opinión sobre el Canal Capital. Es importante responderle para enriquecer la discusión sobre este canal que, para bien o para mal, ha dado que hablar y algunos organismos de control tienen en la mira.

Según la Contraloría Distrital, las pérdidas económicas del Canal Capital son preocupantes y podrían llevarlo a su disolución, lo que ya le sucedió a empresas públicas como Licores de Nariño. Funcionarios cavernícolas de la Contraloría y unos cuantos periodistas que juzgan al canal por sus pérdidas, no quieren admitir que la televisión pública no es una empresa capitalista y que no puede medirse por sus ganancias ni por el rating. La apuesta de la tv pública es realizar o difundir producciones con contenido educativo y cultural, que promuevan el respeto por los derechos humanos y los valores democráticos: de paz, de libertad, de solidaridad. La democracia –así sea tan precaria como la colombiana– es costosa. Debemos invertir nuestra energía y nuestro dinero en el presente para tener a largo plazo una sociedad más educada, capaz de convivir mejor.

Si un canal público genera ganancias, pues bienvenidas sean, pero esto no debe ser determinante para garantizar su permanencia. Por supuesto, no se trata de derrochar el dinero público, pero un canal del Estado debe ser atractivo para que pueda competir con los privados.

Estamos condenados a vivir en las tinieblas si aplicamos la lógica neoliberal a todos los aspectos de nuestra vida. Lo civilizado es el pensamiento colectivo y la solidaridad, lo humanitario por encima de todo. Desafortunadamente, Colombia parece ir cada vez más por el camino contrario, e iniciativas como las del Canal Capital hacen una mínima resistencia. La pobreza cultural y espiritual en que nos ha sumido la televisión privada nacional es aterradora. Por fortuna, ahora es relativamente fácil, para la mayoría de colombianos, acceder a canales extranjeros.

Algunos periodistas han criticado a Canal Capital porque dicen que solo funciona como propaganda del alcalde Gustavo Petro. El gerente Hollman Morris dice que el canal coincide con la administración en la promoción de los derechos humanos y en la búsqueda de la inclusión social en todos los ámbitos.

Se cuestionó mucho que se transmitieran los discursos del alcalde tras su destitución. Estoy de acuerdo con Morris: era la noticia política del momento y el desacierto hubiera sido no transmitirlos. Si los canales privados, con su lógica comercial, estaban en todo su derecho de no transmitirlos, era deber del canal público hacerlo. Los ciudadanos teníamos derecho a conocer la posición del alcalde.
Sin embargo, además de esos discursos, el canal sí ha transmitido, innecesariamente, muchas de las alocusiones del alcalde en su trabajo cotidiano. Así Morris insista en negarlo, el canal ha visibilizado a Petro más de lo necesario.

Morris dice que la mayoría de los periodistas que presentan los programas de opinión del canal no son “petristas”. Pero es claro que la mayoría sí son de izquierda, o simpatizan con la izquierda: Antonio Morales, Antonio Caballero, Ana M. Arango o Mauricio Arroyave, por ejemplo. ¿Debería haber un mayor equilibrio ideológico en el canal? Lo correcto es que sí. Lo correcto sería que el canal visibilizara puntos de vista opuestos sobre la realidad. Un buen ejemplo eran los debates que hacía para la Televisión Española Fernando Sánchez Dragó en su programa Negro sobre Blanco, en el que presentaba personajes de distintas ideologías. Sería interesante ver debatir a verdaderos liberales y socialistas con auténticos conservadores. La mayoría de la gente en Colombia no conoce en profundidad las distintas ideologías políticas y religiosas que conviven en el país, por eso el canal debería profundizar en ellas.

Dice Antonio Morales que ellos están haciendo un contrapeso a los medios de comunicación privados de “derecha”, una resistencia justa y mínima. Quizá por esto se les perdone su sesgo de izquierda.

Me parece que Canal Capital es el canal más aceptable del país y que puede mejorar mucho. Sus productores deberían abrir una mayor convocatoria para nuevos creadores que hagan programas más arriesgados, por ejemplo sobre el arte y sus nuevas tendencias. En el canal se nota mucho la mano del gerente, ya que muchos de los programas tienen un aire a Contravía (programa que realizaba Hollman Morris). Es justo y necesario que se cuente la historia desde las víctimas y desde la izquierda, pero no deberían excederse. Hace falta otro tipo de programas. O el espacio de humor Juan Pérez dice es tan genial que no lo entiendo o es un verdadero bodrio. Comprendo que se quiera atacar a Uribe y a la derecha, pero debería hacerse con ingenio. El canal puede tener programas más agiles, más creativos a nivel de arte, fotografía y música, debería programar buenas películas, documentales del mundo, programas educativos y atractivos sobre poesía, filosofía, ciencia, no solo sobre política y derechos humanos. Muchos agradecemos sus programas de debate en las noches, sin embargo las escenografías de estos son un poco acartonadas y a veces irrita ver lo malos que son como presentadores León Valencia y Laura Gil. Ellos son expertos en los temas que presentan, pero deberían tener un comunicador al lado que les sirva de moderador.

Creo que el canal ha hecho un gran esfuerzo. Es el menos malo de la televisión colombiana. Lo más valioso es su inclusión de las minorías. Que sus enemigos estén tan preocupados habla bien de Canal Capital. Sin embargo, sus directivos no deberían caer en la autocomplacencia y la testarudez, el contenido puede y debe ser más democrático. Se nota mucho la visión del gerente, no hay mucha innovación, no ponen buenas películas ni programas científicos como en Isat o TVE. Ojalá abran más convocatorias en las que le den la oportunidad a nuevos realizadores para que con su creatividad ayuden a quitarle más público a la basura de los canales privados.                                                                                

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