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ALEXITIMIA

¿Qué diablos es la alexitimia? Se trata de un trastorno neurológico que consiste en la incapacidad para identificar y expresar emociones. ¿Nos estaremos convirtiendo en una sociedad alexitímica?

Por María Ximena Pineda
@anacaonax

Nadie llega a apreciar realmente la fortuna que es poder definir una emoción. Estar seguros de que lo que sentimos es amor, odio, tristeza, deseo, repulsión, nos hace la tarea más fácil, pues una vez identificado el toro, más fácil nos queda tomarlo por los cuernos.

Pero cuando no sabemos lo que sentimos se nos empieza a espinar el camino. Esas sensaciones que nos aturden, nos llenan, nos toman como presas, pero que no se dejan definir, nos vuelven víctimas de un mal que se conoce como Alexitimia. La Alexitimia es esa incapacidad que tenemos algunas personas de identificar y describir verbalmente nuestras emociones.

Según la Sociedad Española de Neurología, en el 2013 se estimó que al menos un 10% de la población mundial sufre de Alexitimia. ¿Significa esto el fin de la era de las emociones en un mundo donde un “like” en Facebook amenaza con reemplazar el amor, o simplemente el comienzo de una epidemia neurológica?

Sentir algo que no podemos expresar verbalmente puede llegar a ser una tragedia. Dejar nuestras emociones y sentimientos encerrados nos condena a una cárcel emocional capaz de inflamarnos el colon o provocarnos cáncer. Cuando la procesión va por dentro tenemos que asegurarnos de que alguna vez encuentre la salida en forma de llanto, de queja, de grito o de lo que sea.

¿Qué hace uno con los sentimientos o emociones que se quedan adentro nuestro? ¿Cómo los evacúa? ¿Tienen fecha de expiración? Esa capacidad de mostrar nuestras emociones es lo que nos hace humanos. Los animales también demuestran sus emociones, lo han probado varios científicos desde Darwin hasta Jane Goodall. Varias especies son capaces de sentir afecto, emoción, tristeza. Y son capaces de expresarlos.

¿Estaremos entrando a una era en la que cada vez nos alejamos más de nuestros parientes animales para acercarnos a las máquinas? ¿Será esta incapacidad de identificar y comunicar nuestros sentimientos un rasgo robótico? ¿Nos estaremos convirtiendo en insensibles cyborgs cada vez más cercanos a un PC y más alejados del contacto humano?

Para tratar la Alexitimia, los psicólogos han optado por ayudar al paciente a reconocer sus sentimientos y emociones, y a ponerles nombre. Cualquiera de los dos resultados esperados es una tarea desafiante y complicada.

Tener que reconocer el amor o el odio en un diván es triste, pero más triste es haber olvidado lo que se siente, ya sea por una desconexión neurológica o por un trauma. Tengan cuidado, somos varios los que vamos por ahí desconociendo emociones. Algunos ejerciendo la Alexitimia natural, otros ejerciendo una Alexitimia selectiva.

Algunos hemos optado por meter dentro de la Alexitimia todos los recuerdos sentimentales de una relación tormentosa para que se pudran adentro, en el alma o donde se almacenen nuestras patologías. Pero, ojo, en algún momento empezarán a oler mal, a descomponerse. Entonces habrá que salir corriendo a buscar un diván cercano o un amigo brujo. Habrá que ponerse los pantalones y, finalmente, sentir lo que hay adentro y, lo más difícil, decirlo. Desagregar al botón de like de Facebook y enfrentar sinceramente lo que nos emociona o no, lo que nos da rabia, lo que nos da dolor. “La procesión va por dentro” es una pésima estrategia para curarse; debemos buscar cambiar esa procesión interna por un carnaval chillón, escandaloso, que nos supere, que nos haga gritar lo que sentimos. Es urgente seguir pareciéndonos a nuestro antepasado el simio y no a un computador.

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