
EL LADO OSCURO DE LOS MÉDICOS
Los expertos en medicina, esos consejeros indiscutibles de la salud a quienes obedecemos más que a nuestras propias abuelas, reconocidas expertas de la salubridad hogareña, también tienen su “dark side”.
El lunes pasado, la noticia de dos casos de abuso de drogas por parte de un anestesiólogo y una enfermera dentro del hospital de la Universidad de Michigan tiene al mundo de la medicina en alerta.
Uno de los funcionarios del hospital, encargado de suministrar anestesia a los pacientes, ingirió una dosis exagerada de Fentanyl y sufrió un infarto. El hombre, casi mágicamente, logró sobrevivir, pero pocas horas después una enfermera, que no tenía la misma suerte del tipo, se tomó un coctel de Midazolam, fármaco usado como sedante, y Fentanyl que terminó matándola.
Si lo piensa bien, un hospital puede ser el espacio perfecto para un junkie infiltrado. Resulta irónica la sentencia: médicos que abusan de drogas. Pero la facilidad con la que acceden a fármacos parece ser ahora una pesada cruz que deben cargar.
El número de médicos adictos al alcohol y otras drogas oscila entre el 10% y el 14% de la población total de EEUU. Los más propensos son los anestesiólogos, los encargados de salas de urgencias y los siquiatras.
Hace unos años, un estudio de la Administración Norteamericana de Abuso de Sustancias y Servicios de Salud Mental, reveló que aproximadamente 103 mil doctores y enfermeras usan peligrosos fármacos constantemente en Estados Unidos.
Jeffrey Silverstein, anestesiólogo neoyorquino, asegura que esto es un problema mundial en crecimiento, y que a veces el ingreso de algunos doctores a esa área de la medicina se ve influenciado por la cercanía que tienen a estas sustancias.
Ante este alarmante descubrimiento, la población mundial se puede estar preguntando ¿ahora qué se le pide a un médico, una fórmula para la gripa o una dosis recreativa?
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